31 diciembre 2014

Así empieza lo malo

Posted in para incultos cultivables a 7:42 PM por wenperla


portada-asi-empieza-malo_grande

Soy una gran entusiasta de Javier Marías. Siempre lo cito cuando de mencionar a mis autores favoritos se trata. Corazón tan blanco y Mañana en la batalla piensa en mí me turbaron profundamente: redefinieron mi universo entero. Los enamoramientos me gustó mucho, pero no alcanzó para mí la genialidad de sus dos grandes novelas. Sus ensayos me gustan. Sus cuentos también. Comencé Fiebre y lanza e interrumpí su lectura al toparme con Así empieza lo malo: difícil resistirse a la tentación del libro recién salido del horno, del que todo mundo comienza a hablar, sobre el que pronto se publicarán infinidad de reseñas… no quiere uno que lo agarren desprevenido en tales circunstancias. Así que aplacé la lectura del que la crítica ha tenido a bien llamar “su obra cumbre” en pos de volcarme sobre la lectura de su más reciente novela.

No sólo no sé nada de crítica literaria: habría que arrancar diciendo que no sé nada de literatura. Leo lo que me gusta, lo que me recomiendan, lo que me llama. No leo reseñas ni confío en los intelectuales. Confío en los lectores apasionados que me topo en el camino y que son, en gran medida, mis consejeros literarios. Habiendo dicho lo cual, he de decir que me parece, desde mi trinchera, desde mi ignorancia, que existe una tendencia entre los críticos y la prensa española a poner la nueva novela de Marías en el primer lugar de las listas de “las mejores novelas” con las que se empeñan en asfixiarnos, como si existiera aún lector tan ingenuo como para confiar en esos inventarios que se hacen a diestra y siniestra y que disfrazan, en el fondo, intereses innobles y muy alejados del amor por la literatura.

Así empieza lo malo es una buena entrega a la que le sobra la mitad. En esta “novela sobre el deseo, el rencor y la arbitrariedad del perdón” se vuelven intolerables esas disquisiciones que tanto le habíamos celebrado a Marías. Bien sabido es que los grandes autores como él pueden tomarse todas las licencias que quieran y siempre, de venir a cuento, son bienvenidas. Pero esta vez, lo digo convencidísima, fue demasiado. Entiendo que como telón de fondo a la historia principal, la de Muriel, Beatriz y el joven De Vere, Marías quiso evocar la dictadura de Franco para desenmascarar la doble moral de aquel tiempo, para acallar fantasmas, para revolcarse junto con los cadáveres. Lo entiendo. Pero nadie venga a mí a decirme que tanta digresión histórica abona a la historia que, en efecto y como todas las de Marías, es estupenda. A esta novela de 540 páginas le sobran 300. Y cuando hay tantísimo que leer, esto no se le perdona a un escritor. Y por qué la terminé, se preguntarán ustedes: la única respuesta que se me ocurre es “Por tradición”. De no haber sido Marías, sin duda, hubiera abandonado la lectura en la página 200.

Más allá de su extensión a mis ojos injustificada, hay que decir que por primera vez me topé con un Marías predecible. Una mano invisible a la que, para mi sorpresa, logré pisarle los talones para anticiparme al final. Yo no soy lectora avezada, en absoluto: precisamente por eso me extrañó sobremanera que pudiera yo aventajarme a media lectura para predecir lo que estaba por venir. Supongo también que esto tendrá que ver con que ya no tengo 20 años, que eran los que tenía cuando comencé a leer a Marías, y una lectora de 30 años puede atisbar entre las persianas lo que una de 20 no alcanza siquiera a imaginarse.

Pero no todo fue malo, en absoluto. Decir algo así sería mentir, calumniar. Es una buena novela. A mí me quedó a deber muchísimo porque consciente soy de aquello de lo que Marías es capaz: pero es difícil vivir a la estela de novelas tan espléndidas como Corazón tan blanco y Mañana en la batalla piensa en mí. No obstante, Así empieza lo malo tiene lo suyo, cómo no: el final lo disfruté como el que más. No podía detenerme, no quería que terminara. Aun así, no pudo haber sido el mejor libro del año bajo ninguna circunstancia, de veras. Es un libro bueno, sí, que da mucha tela de donde cortar y que tiene al menos un personaje entrañable: Beatriz (con cuyo cuerpo me sentí identificada y reivindicada, pero ésta es ya una intimidad que no viene a cuento).

Aunado a esto, me aventuro a decir que en sus páginas se encuentra la mejor descripción del amor que haya yo leído jamás. Haberme topado con esta frase en la primera mitad del libro me insufló de vida, me dio fuerzas para llegar hasta el final con la ilusión de que la cosa mejorara. Estas líneas valieron las 540 páginas:

“¿Por qué habría de querernos el que señalamos nosotros con tembloroso dedo? ¿Por qué ése justamente, como si nos tuviera que obedecer? ¿O por qué habría de desearnos aquel que nos turba o nos enciende y por cuyos huesos y carne morimos? ¿A qué tanta casualidad? Y cuando se da, ¿a qué tanta duración? ¿Por qué ha de perseverar algo tan frágil y tan prendido con alfileres, la más rara conjunción? El amor correspondido, la lascivia recíproca, el enfebrecimiento mutuo, los ojos y las bocas que se persiguen simultáneamente y los cuellos que se estiran para divisar al elegido entre la multitud, los sexos que buscan juntarse una y otra vez y el extraño gusto por la repetición, volver al mismo cuerpo y regresar y volver… Lo normal es que casi nadie coincida, y si existen tantas parejas supuestamente amorosas es en parte por imitación y sobre todo por convención, o bien porque el que señaló con el dedo ha impuesto su voluntad, ha persuadido, ha conducido, ha empujado, ha obligado al otro a hacer lo que no sabe si quiere y a recorrer un camino por el que nunca se habría aventurado sin apremio ni insistencia ni guía, y ese otro miembro de la pareja, el halagado, el cortejado, el que se adentró en su nube, se ha ido dejando arrastrar. Pero eso no tiene por qué persistir, el encantamiento y la nebulosidad terminan, el seducido se cansa o despierta, y entonces al obligador le toca desesperarse y sentir pánico y vivir en vilo, volver a trabajar si todavía le restan fuerzas, montar guardia a la puerta y rogar e implorar noche tras noche y quedar a merced de aquél. Nada expone ni esclaviza tanto como pretender conservar al que se eligió e inverosímilmente acudió a la llamada de nuestro tembloroso dedo, como si se obrara un milagro o nuestra designación fuera ley, eso que no tiene por qué ocurrir nunca jamás…”

Habiendo leído, releído y memorizado esta frase, es imposible concebirnos en una relación sin pensar quién fue el obligado y quién el obligador. Quién señaló a quién y cuánto tiempo más durará esa realidad ilusoria, prendida con alfileres, que esclaviza y acorrala y que, invariablemente, nos hará cínicos y traicioneros.

1 comentario »

  1. Christian said,

    Este año ya se va a acabar y ¿no vas a publicar ni una entradita para que no quede en blando el 2015?

    Anímate, prometo leerte y comentarte🙂 porque me gusta tu blog.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: