3 julio 2012

El más buscado

Posted in en fila pa' la "categorización" a 2:10 PM por wenperla


El Chalo Gaitán no es el Chapo Guzmán, pero cómo se le parece. Él también se fugó de un penal de máxima seguridad; la revista Forbes lo considera uno de los hombres más ricos del mundo; encabeza la lista de los más buscados de la CIA; trafica y corrompe con la misma facilidad con la que se enamora; y vive bajo el amparo del gobierno mexicano. En El más buscado, sin embargo, al Chalo le arrebatarán esa protección el día en que el procurador Villalobos es asesinado: el propio capo entenderá que sus horas están contadas. Por eso mandará traer con urgencia al Cuervo, un veterano compositor de narcocorridos que, justo una noche antes, había decidido retirarse. El Chalo le contará su historia como si de matar se tratara: sin sentimientos de culpa. Y el Cuervo descubrirá que nada es coincidencia, que la aniquilación del capo es sólo un atajo para lo que tanto ansía el presidente cincuentaiséis: que la candidata de su partido gane las elecciones presidenciales.”

Nunca antes, que yo recuerde, había comenzado un post transcribiendo la cuarta de forros del libro en cuestión. Lo que pasa en este caso, no obstante, es que esta cuarta —escrita por el autor, valga mencionarlo— describe perfectamente bien el contenido de esta novela tan de actualidad. La portada y la historia son obvias: la etiqueta de novela sirve como pretexto para acercar al lector al mundo interior del Chapo Guzmán, el narcotraficante más buscado del mundo. Luego de que Osama Bin Laden fuera asesinado —según—, fue el Chapo quien pasó a encabezar la lista de los más buscados de la CIA. Luego de la catastrófica guerra pseudofrontal contra el narcotráfico que emprendiera Felipe Calderón al convertirse en el primer mandatario de los Estados Unidos Mexicanos, parece obvio a ojos de todos que su última patada de ahogado para salvar un sexenio para muchos fallido consiste en la captura del Chapo Guzmán: colgando su cabeza de una estaca y sacando a la luz esta imagen tan grotesca y circense —como todas aquellas a las que, desgraciadamente, hemos aprendido a acostumbrarnos—, el presidente cincuentaiséis bien podría curarse en salud para decir que, al final, todo valió la pena. (Y como para muestra sobra un botón, basta mencionar la patética “captura” del hijo del Chapo hace unas semanas, Jesús Alfredo Guzmán Salazar, que resultó ser una de las puestas en escena más patéticas de la historia del sexenio calderonista.)

Cuando me toca hablar de Alejandro Almazán, lo primero que me viene a la mente —a raíz de la lectura de una de sus novelas previas, Entre perros, y de mi trabajo codo a codo con él— es que se trata de uno de los pocos periodistas mexicanos que tienen la capacidad de crear ficción, de narrar historias, de construir universos imaginarios de una viveza alucinante… esto último no extraña a nadie. En la historia de la literatura, no han sido pocos los grandes escritores que han comenzado como periodistas; no obstante, hoy día parece tratarse de una especie casi en extinción. Alejandro Almazán, y sin afán de hacerle la bola, como dicen quién sabe dónde, tiene dotes de narrador en paralelo con su cada vez más sólida trayectoria como periodista.

El más buscado es una novela divertida y muy… muy cruda. Mientras que por un lado sus pasajes llegan a ser poco más que evidentes, hay quien la puede hallar críptica e impenetrable (me refiero, sobre todo, a aquellos lectores extranjeros por completo ajenos a la jerga del norte del país). Esta novela tiene varios narradores que además están ubicados en ángulos completamente opuestos: valga rescatar la entrañable (¡sí!, ¡maldita sea!, ¡”entrañable” es la palabra!) voz del propio Chalo Gaitán, quien lleva la voz cantante: durante sus encuentros con el Cuervo, afamado compositor de narcocorridos, el lector va enterándose de cómo es que el Chalo ha llegado a ser quien es y cuáles son las encrucijadas que lo han llevado a tomar las decisiones que ha tenido que asumir. Para sentir un poco al personaje, para entender a qué me refiero, quisiera rescatar un pequeño fragmento de uno de los muchos diálogos que tiene con el Cuervo:

“Fíjese, la otra noche recordé cuando mi abuela dijo que un día yo iba a dar de qué hablar. Y mire lo que es la bendición de la vida. De plebe vendí naranjas, quesos y pan; y ora, de ser un pobre hombre pisotiado por la vida, una revista gringa me pone entre los más millonarios. No le voy a negar que la pobreza ni en las películas es bonita, ni que yo a ella la tumbé jalándole al gatillo, pero eso de que tenga mil millones de cueros de rana, con perdón de la palabra, es una mamada. ¿Cómo vergas le hicieron pa’ saber cuánto billete tengo si ni yo mismo lo he contado? Al dinero lo peso, viejón. Es tanto que contarlo no me dejaría tiempo pa’ disfrutarlo. ¿Qué es lo que trato de decirle? Que no se vaya de hocico. Esa lista que sacaron es pura ponzoña. Si fuera justa, a Julio y al Rojo también los hubieran incluido. Pero no, pinchis gringos envidiosos. ¿Pos qué no están enterados de que mis compadres son los dueños del cártel? ¿Creen que nomás el gordo ese del eslim le ha entrado recio a la globalización? […] Hay que ser puercos pero no trompudos.”

¿Ora entienden a qué me refiero?

Algo le falló a Almazán, y ese algo nadie pudo preverlo hasta que las malditas campañas se nos vinieron encima —para entonces, desde luego, el libro ya estaba entregado—: el presidente cincuentaiséis ninguna intención tenía de apoyar a su candidata: fue como si, anticipándose a la escalofriante realidad, decidiera abrirle de par en par las puertas al candidato encopetado pa’ ver si al final podía quedarse con un huesito (o, de perdis, pa’ que ora que pase a desalojar las instalaciones le permitan hacerlo por la puerta principal). Como sea: el leitmotiv de este libro tiene todo que ver con la situación que hoy día atraviesa nuestro cabizbajo país. No, yo no voy a hablar de política porque no sé nada y porque sólo estoy emputada, como muchos otros. Quería hablarles de esta novela, del encanto narrativo de Alejandro Almazán, de esta nueva mirada al mundo del narcotráfico que de ningún modo es una apología, pero que deja al descubierto lo que todos sabemos: la corrupción que permea nuestro sistema y la descarnada realidad que viven todos aquellos que ni de coña, como dice mi jefe, tienen acceso a un blogcillo dizque literario. Digamos, pues, que esta novela basada en la vida del Chapo Guzmán es un ejercicio narrativo extraordinariamente bien logrado. Porque eso sí: ah, cómo te ríes. Y sobre todo: ah, cómo te sorprendes.

No se la pierdan.

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