5 junio 2011

Preámbulo de la ¿novela? que no me atreví a escribir

Posted in autobiografía, para incultos cultivables, vicisitudes a 11:42 PM por wenperla


He cometido, digámoslo así, un pecado estético: soy una mujer más bien ancha, de proporciones renacentistas. Mis piernas simulan más dos fuertes troncos que dos frágiles varas, mi vientre remite a la fertilidad, mis senos son espesos y redondos. Hace no mucho, alguien trazó un símil entre la Venus de Cabanel y yo. Terminado el encuentro, me precipité: corrí a buscar esa imagen con urgencia. Mi piel, pálida; mi cabello, rubio y rizado; y mis ojos, de un azul profundo, daban testimonio de que, ciertamente, ahí estaba yo: tendida bocarriba con cinco ángeles sobrevolando mi cuerpo desnudo.

Sólo dos veces me he enamorado de verdad. La primera vez tenía dieciocho años. La segunda, veinticuatro. Y en ambas ocasiones el saldo ha sido terriblemente amargo para mí: he terminado bañada en lágrimas a medianoche, arrinconada por la mirada cruel de aquel que decía amarme, haciendo que, a imagen y semejanza del ave fénix, los fantasmas de mi inseguridad renacieran de entre las cenizas.

Después de dos experiencias similares, decidí asumir la realidad que me había tocado vivir. Quién se hubiera imaginado, hace cincuenta años, que una mujer llegaría a sacrificarlo todo en pos de una silueta esbelta y libre de imperfecciones, incluso cuando esa obsesión le costara, entre otras cosas, su felicidad, con tal de retener a un hombre que promete tocarla a cambio de que se mantenga en su peso. El Muro de Berlín se vino abajo y con su caída nos inundaron estereotipos y patrones basados en el consumismo y en la idea occidental de belleza. Y es por eso que hoy día tantos hombres y mujeres se encierran en el baño a llorar, a ver si así se sacuden la “fealdad” que traen a cuestas, que los distancia del mundillo aquel al que, tristemente, todos queremos pertenecer.

Este libro no va a convertirse en un aburrido y molesto panfleto de autocompasión ni de autoayuda, nada más lejano. Este libro supe que era necesario escribirlo para demostrar que en este planeta coexisten varias ideologías que, de coincidir en el momento y el lugar precisos, pueden intersecarse y abrirle paso al amor en su estado más puro e inverosímil.

Para cuando salí de México ya me había hecho a la idea de que no me expondría más a los azotes de una sociedad a la que en muchos sentidos me siento ajena. Decidí no sucumbir ante la tentación de entregarme a los más austeros regímenes para desafiar mi complexión ósea: no. De ahora en adelante, sí señor, a nadie le conferiría yo el poder para desarmarme en mil pedazos a punta de bofetadas psicológicas. Cambiar para gustarle a alguien es algo que no he hecho nunca y que no pienso hacer ahora. Barajaría mis cartas con más precaución y me entregaría sólo a aquel que me aceptara, que no me atacara, que me respetara. Y ocurrió. Y ésta podría ser una historia de amor más, como cualquier otra, de no ser porque Abdullah es yemení, casado, con dos hijos, y —sobre todo— musulmán recalcitrante.

Abdullah apareció para desvelarme un universo totalmente desconocido, al que sólo tenemos acceso a través de la ficción y de los medios masivos de comunicación (que, como todos sabemos, tergiversan la realidad a conveniencia). Con una indiferencia aterradora leemos día con día los encabezados que rezan “40 muertos en un atentado suicida en Bagdad”, “350 muertos en un nuevo ataque israelí a Gaza”, “Mahmud Ahmadineyad reta públicamente a Obama en nombre de Alá”, “Tres mujeres lapidadas en Kabul”, ad infinítum, sin sentir empatía alguna con aquellos que enfrentan una realidad mucho más intrincada que la que a nosotros nos ha tocado vivir. La religión es su único bastión y a él se asen los más de mil quinientos millones de musulmanes que pueblan este mundo tan injusto y desigual.

Abdullah es la antítesis de la hipocresía, de la pretensión. Es la persona más auténtica y más congruente que he conocido en mi vida. Sin ningún reparo, ha respondido a todas mis preguntas, que siempre recibe con una estupefacción tan grande como aquella que a mí me han generado sus respuestas. Abdullah pertenece a una cultura totalmente opuesta a la occidental y a través de sus revelaciones, conceptos como belleza, religión, sexo, política, guerra, muerte o amor adquieren dimensiones inimaginables.

Hay otro mundo de ese otro lado, gente como nosotros que ve la vida de un color completamente diferente. Yo no creo que haya sido casualidad que coincidiéramos en territorio neutral, no. Tenía que ser así para desnudarnos, para entregarnos, para sincerarnos y llevar al extremo todas las emociones que sin poder evitarlo nos produce el contacto —nunca físico— con el otro.

Vine huyendo de mi sociedad, y me topé a través suyo con un cosmos completamente distinto. Abdullah me ama, me admira, me respeta, me desea. No hace mal en sentir esto por mí aunque esté casado: para él, la noción de fidelidad no existe: puede amar a dos mujeres al mismo tiempo sin problema, y así lo hace. Eso sí: jamás su piel ha rozado la mía. No puede tocarme “hasta que nos casemos”.

Éste es el recuento de una relación sui géneris, fuera de serie, que me ha permitido no sólo conocer otra civilización sino redescubrirme a mí misma. Ha sido Abdullah el primer hombre al que le he permitido asomarse al rincón más profundo donde se alojan mis miedos, mis dudas, mis heridas y mi incertidumbre, y ha sido él quien me ha devuelto la fe que perdí en el camino.

Cuando un libro te llega, no te deja en paz: no te deja dormir, no te deja comer, no te deja concentrarte. A gritos te pide que lo escribas ya, sin demora, que lo tomes en serio. Yo sé que esta historia hay que escribirla, y hay que hacerlo ya. Hay que hacerlo ahora, cuando soy capaz aún de reconstruir nuestras charlas e intercambios, no implicando así que todo aquello que de él he aprendido vaya yo a olvidarlo en algún momento: Abdullah, mi Abdullah, me ha cambiado la vida para siempre.

Wendolín Perla, La Cobarde
Barcelona, agosto de 2010

14 comentarios »

  1. Anayansy said,

    Lo confieso: había extrañado este tipo de escritos tuyos. Gracias por deleitarnos.

  2. Andrea S. said,

    Weeeen, Weeeen.

    Atrevete a escribirla. *-*

  3. Balam Nazar said,

    Creo que tengo la obligación de decir que se te extrañaba.

    Tu libro suena muy bien, hacen falta novelas que construyan a mujeres protagonistas, desde la perspectiva femenina. (Hacen falta muchas escritoras)

    Hablar sobre la otredad, en serio que suena interesante. Y más cuando el “otro” deja de ser extraño, para hacerse propio.

    Yo ya quiero tu libro ya, SLDS.

  4. wenperla said,

    Escribí algunos capítulos mientras estuve en Barcelona. Luego, claudiqué. Nunca la escribiré. Éste fue sólo un ejercicio… no sé: me gusta este fragmento, creí que debía dejarlo salir. Esta “novela” no se escribirá nunca porque, como ven, me falta valor…
    Pero gracias por venir, estar, y comentar.
    Un besote.

  5. Jorgetellez said,

    Aviso indignado: yo no voy a leer nada que no empiece en la primera frase y que no termine en su punto final.

  6. Balam Nazar said,

    buh!!!

  7. wenperla said,

    Es una pena que wordpress no cuente con la opción del “like” en cada comentario. Además, el problema de este texto es que tampoco era una novela. No tengo ni idea de qué pensaba escribir. Y, Jorge: este texto es lo que es: así, como está, está completo. Empieza en la primera frase y el punto final es el punto final. Así míralo.

  8. Osvaldino said,

    Muy bien. Me ha gustado mucho. Animo, espero recebir el libro en pocos “días”. Kisses

  9. wenperla said,

    ¡Osvaldino! Ya lo sabes: esta historia no tuvo final… era imposible. Y decidí poner esto aquí porque, al final, me hace muchísima falta. ¿Y tú? ¿Sigues en contacto con él? Kiss you back.

  10. Gloria G. said,

    Tendrás tus razones para no escribir y compartir tan fascinante historia, en fin que se respeta tú decisión, pero alguna vez escuché a Juan Gabriel decir: “Es un pecado no compartir el talento que Dios nos da con el mundo”

  11. Lily said,

    Por favor ya escribe tu primer novela. Es urgente. Muy disfrutable tu estilo. Me encanta leerte.

  12. Preciosa es un placer leer lo que escribes ojalá te animes pronto va te adoro

  13. ingri yepez said,

    adullilan,.al principio fui su reina,despues la madre de su hijo baron orgullo arabe,luego pase a ser la mujer occidental mas infeliz,. todos me dicen hermosa,. mientras ese arabe me compara con otras aciendome sentir fea, humillada lo peor me encierra en una jaula de oro y solo me compra comida y adornos para la casa,auque es buen padre y mi nunca me gustaria separar mi hijo de el,. lo unico q hago es pensar si algun dia sere la feliz y sentirme libre coo lo fui ese año en q aldullilan llego a mi vida y me marco como un animal su propiedad pribada,. y me preocupa q cada dia y año me pongo mas vieja y triste anque solo tengo 20 años,. pero ese hombre por minutos me hace feliz con solo verlo llegar a mi hermoso hogar y traernos el pan de cada dia y defendernos de los depredares,,,,,,,,,,

  14. GAUDI said,

    tu experiencia no transita el justo medio solo existe en los extremos


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