2 febrero 2011

Breve diccionario clínico del alma

Posted in para incultos cultivables a 2:38 AM por wenperla


Yo tengo mi propia historia con este libro. He estrechado lazos con él a un grado tal que ahora, mientras yace aquí a mi lado, cerrado y con las marcas que dan fe de que ya hubo quien recorriera una a una todas las páginas que lo componen, siento una nostalgia dispersa, una tristeza incontenible, un vacío que deja mi pecho al descubierto. No sé a ciencia cierta por qué me siento así, aunque tengo un par hipótesis que no necesariamente son mutuamente excluyentes. La primera es que padezco el pesar del lector aturdido por haber llegado al final, por haber concluido lo que hubiésemos deseado prolongar indefinidamente, por atestiguar la muerte de un texto que, paradójicamente, es inmortal. La otra hipótesis, igual de factible, es que me acongoja lo que ahí he leído; que me ha embriagado la zozobra de las historias y los cuentos, de las metáforas y los versos que el autor en sus páginas nos ofrece.

Supe de él hace un par de años, cuando Andrés llegó a la editorial entusiasmado con la idea del Diccionario. Ahí me enteré, asimismo, de que Jesús Ramírez-Bermúdez es un gran neuropsiquiatra, cuya brillante trayectoria contrasta con su juventud. Hoy, al terminar de leer el libro, me queda clara la magnitud de su sensibilidad y su extraordinaria curiosidad por comprender el inabarcable espectro del alma humana. Para cuando todo esto ocurrió, el libro todavía no estaba terminado y en el horizonte, para mí, se perfilaban infinidad de planes que fueron desdibujando la expectativa y el interés por este texto.

Volví a México luego de una breve estancia en el extranjero, y me topé con que el libro ya estaba publicado. “Ah, míralo… Qué bonita la portada… Habrá que leerlo…” Y mientras tanto, lo reconozco, la lectura de otros libros, la férrea intención de leer, de una buena vez por todas, Drácula y Las mil y una noches, me mantuvo al margen de la consecución de un plan tan interesante. Recibí la invitación a la presentación del libro el pasado jueves, y sin dudarlo ni un instante decidí asistir. No sé, insisto: hay algo… algo en este libro… que genera en mí una atracción fatal, una curiosidad extraordinaria.

Todos aquellos que asistieron al evento sabrán que el encuentro fue totalmente sui géneris, único en su especie. La bella introducción a cargo de Pérez Gay y Roger Bartra fungió como el preámbulo perfecto para las palabras sencillas, descomplicadas, sensatas, amorosas de Jesús Ramírez, a quien no sé por qué me dirijo con una familiaridad inusitada. Confieso aquí que tanto su pasión por la medicina como el punto en que ese mismo fervor se interseca con la literatura me dejaron atónita y absorta en un universo paralelo.

El público se pronunció también, poniendo sobre la mesa cuestiones tan interesantes como la forma en la que la locura se ha romantizado a lo largo de la historia, y de eso dejan constancia grandes obras de la literatura universal. En palabras del autor, en realidad, la única constante irrefutable de la locura, del tipo que sea, es un dolor contundente producto de la incomprensión. [Sí, duele. Cala en lo más hondo. La locura hiere de muerte. La incomprensión destruye.] La audiencia intervino una y otra vez con aportaciones interesantísimas, como el tema, por ejemplo, de la esquizofrenia hereditaria: “Varios de los grandes genios de la historia han tenido hijos esquizofrénicos, tal es el caso de James Joyce y de Albert Einstein, por sólo citar un par…” El debate que se generó luego de la presentación pudo haberse prolongado, horas y horas, y sin lugar a dudas todos hubiésemos escuchado atentos hasta el final.

Hoy terminé de leer el libro. Lo comencé ayer. Pude valerme de las vides del desempleo para ganar ventaja sobre el apremio del tiempo, siempre implacable. No sabría bien cómo definir un libro que se encuentra a medio camino entre el ensayo y la reseña literaria, entre las memorias de un médico excepcional y el testimonio clínico de un doctor que a través de la literatura quiere acercarse a sus pacientes. No hay una sola historia en este libro que no sea conmovedora, emotiva, bella, ante la cual el lector pueda permanecer indiferente. Estas páginas, sobre todo, traslucen la terrible aflicción en los ojos de aquel que atestigua cómo poco a poco un ser querido va hundiéndose, irreversiblemente, en la inclemente espiral de las enfermedades mentales y sus trágicos… siempre trágicos… desenlaces.

El Breve diccionario clínico del alma es, también, una extraordinaria guía de lectura para todo aquel que quiera acercarse a la psique humana a través de la literatura. Y como para muestra sobra un botón, aquí les dejo este fragmento, bellísimo, que además funge como la prueba irrefutable de que estamos ante un libro cuya lectura no es recomendada, sino obligatoria:

En la mitología griega, en la fábula de Arreola y Monterroso, en la fabulación de Borges o Italo Calvino, de Paul Auster y Robert Graves, en la fantasía creyente de Tolkien y en la ironía de Carroll, aprendemos verdades inesperadas sobre la naturaleza del mundo y sus habitantes, a partir del hechizo puro de la ficción; de la mentira al absurdo, de la parábola al invento arbitrario, el lector condescendiente, pero también el adusto y el escéptico, experimentan la inquietud de una revelación incómoda en las lecciones del gólem, el mago vencido, el universo ficticio, el futuro improbable […]

No sé si ya lo he dicho antes sobre otros libros: este libro es mucho libros. Es, por un lado, una tierna y respetuosa aproximación a los padecimientos del alma, en cuyos matices tarde o temprano nos vemos involuntariamente reflejados; es un diccionario clínico al alcance de todos, donde podemos disipar infinidad de dudas gracias al lenguaje conciso y accesible de su ilustrado autor; es, desde luego, un poema al amor por la lectura; y es, finalmente, una válvula de escape. “¿Y una válvula de escape por qué?”, se preguntarán. Es sencillo: todos los que padecemos la ausencia de un ser amado, incomprendido, podemos evocarlo, y perdonarnos, a través de este exquisito anecdotario.

10 comentarios »

  1. Andrea S. said,

    Querida Wen!

    Suena como un libro espectacular indeed!!
    En cuanto me lo encuentre lo leeré sin duda!!

    La vuelta no es mucho esfuerzo, gracias a ti por escribir. : )

    Un abrazote.

  2. Oscar said,

    solo el titulo causa bastante curiosidad… lo buscaré…

  3. Ana said,

    Ay, Wen, es imposible no desear leer este libro después de tu reseña… ¡en fín, otro a la lista!!!

    Besos.

  4. Karla Garcia said,

    wow Wen, me encanta como escribes, nunca había visto algo tuyo, aunque ya había escuchado mucho de tus habilidades literarias…
    te felicito y admiro, porque tienes el don!!
    ahora quiero además de leer el libro, leer todo lo que escribas…
    un abrazote!!

  5. Juan M Sarabia said,

    Te recomiendo de Oliver Sacks:
    Musicophilia
    Antropologist on Mars
    The Man Who Mistook His Wife for a Hat

    http://www.oliversacks.com/

    Voy a DF desde el 22 de Febrero y me regreso a Cracovia el 26.
    Saludos desde Mty.
    ciao
    J

  6. Alberto said,

    Hola me gustaría saber como as conseguido poner el botón de me gusta del facebook en las entradas, ya que no encuentro el modo de hacerlo en mi blog wordpress.com, me puedes facilitar algún link? mira que lo e intentado mil veces y no doy con ello.

    Saludos

  7. Diana said,

    Lo he leído ya, y debo confesar que también padezco del síndrome del lector aturdido por llegar al final, tanto asi, que no querido llegar jejejeje… pero es poesía cientìfica

  8. MARTA said,

    estara a la venta en argentina !’??? BELLO !!!

  9. […] (personalmente a los dos primeros, a través de su literatura al tercero y al cuarto), son el de Jesús Ramírez-Bermúdez, el de Arnoldo Kraus, el de Cristóbal Pera y el del gran maestro de maestros, aquel que se ha […]

  10. […] Libro descubierto gracias  a Wen […]


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