3 octubre 2010

Al fin y al cabo, seguimos rodeados de brujas

Posted in para incultos cultivables a 10:24 PM por wenperla


 

[Una crítica más a las adaptaciones de Disney.]

Mientras leía el primer tomo de los Cuentos completos de los hermanos Grimm en Alianza Editorial, se me ocurrió el primer borrador de lo que deberá ser —si la banda tiene a bien seguir mis instrucciones— mi epitafio:

Quien aquí yace intentó leer todos los cuentos populares jamás escritos. Leyó los de los hermanos Grimm y los de Hans Christian Andersen; los de Charles Perrault y los de Guy de Maupassant; los de Juan José Arreola y los de Juan Rulfo; los de Antón Chejóv y los de Fiódor Dostoyevsky; los de Edgar Allan Poe, los de H.P. Lovecraft y los de Henry James. Pero como se adivina, nunca pudo abarcarlo todo. Se esforzó, eso que ni qué.

Como todos sabemos, nada es más nocivo en la vida de un niño que las películas de Disney. Comienzo a pensar que el nintendo, el Youtube y hasta el Youporn son menos dañinos para un niño que las películas de Disney. Mis hijos, sí señor, podrán tener las de vaqueros en el buró, pero eso sí: ¡jamás una película de Disney!

Ya, puede que exagere. En realidad, sí: yo fui niña Disney. Durante un año, todos los días, vi La sirenita al volver de la escuela. Me sabía los diálogos, gesticulaba como los personajes, me aprendí las coreografías. Hoy mismo, así es, puedo cantar de memoria aquello de ¿Qué debo dar para vivir fuera del agua? ¿Qué hay que pagar para un día completo estar? Pienso que allá, lo entenderán, puesto que… no prohíben nada… ¿Por qué habrían de impedirme ir a jugar? También me sé la de Bajo el mar (¿quién no se la sabe?!) y la de Pooobres almas en desgracia. Así es: qué peliculón.

En fin. Reencaucémonos. Les decía yo que las películas de Disney hacen mucho daño. Y lo reitero. ¿Por qué? Simple y sencillamente, porque la vida no está llena de finales felices, como los de Disney. Basta con echarle un vistazo a las versiones originales de cuentos como La cenicienta, La sirenita, El sastrecillo valiente o Pulgarcito para darnos cuenta de que, si bien algunos de ellos ciertamente tuvieron un final feliz, esto no fue sino a base de librar infinidad de combates tal y como los seres humanos de verdad lo hacemos todos los días.

Cuando las hermanastras de la Cenicienta quisieron engañar al príncipe poniéndose ellas mismas la zapatilla —que, quepa acotar, no era de cristal sino de oro, y no hubo jamás hada madrina sino tumba milagrosa—, la primera se re-ba-nó el dedo pulgar y la segunda se re-ba-nó el talón con tal de que el diminuto zapato cupiera en sus pies infames (es verdad: ¡qué cabecita la de los Grimm!). Por otro lado, sí señor, en la versión de los hermanos Grimm (la de Perrault vino antes, pero ésa aún no la he leído), a la Caperucita Roja sí la salvó el leñador pero sólo después de abrir la barriga del lobo para rescatar tanto a Caperucita como a su abuela. Hänsel y Gretel, asimismo, fueron abandonados en medio del bosque por su propio padre —débil, ¡cobarde!— quien cedió ante las presiones de una madrasta manipuladora y cruel, quien es castigada con la muerte hacia el final de la historia. Finalmente, Rapunzel no se llama Rapunzel, sino Rapónchigo, al ser éstas las flores que su madre, embarazada, ansiaba del jardín de la bruja (aquí la neta sí se entiende por qué hubo que rebautizarla).

Al comparar los textos originales con las versiones contemporáneas, no queda sino elevar nuestras voces: ¡Cuánta manipulación! ¡Cuánta mentira!

Aquí entre nos, a mí francamente me da lo mismo que hagan adaptaciones de los cuentos. Es más: creo que hasta me da gusto, ya que así garantizan la inmortalidad de los mismos. Sin embargo, hay que mostrarles a los niños —y a los adultos, sobre todo a los adultos que se conducen como niños— que el mundo real, tal como los cuentos originales, está lleno de dificultades. Es verdad que hay ciertos valores que todos debemos observar, incluso sin olla de oro al final del arco iris: no tiene por qué haber recompensa de por medio, es sentido común. Hay que ser compartidos, hay que ser honestos, hay que ser humildes. Existen también actitudes deplorables por las cuales tarde o temprano hay que pagar un precio: la mentira, la ambición, la arrogancia, la crueldad. Esto no se discute.

Lo que sí discuto, lo que sí alego, es que el mundo está lleno de claroscuros y que entre el blanco y el negro hay una gama infinita de grises. Los personajes de estos cuentos, en apariencia dirigidos a un público infantil, pagan caro tanto sus errores como los errores de los demás, y en varias ocasiones son castigados por pecados que no cometieron. A imagen y semejanza de la realidad, pocas son las historias con final feliz. En estos cuentos hay pobres que sufren por no tener nada que llevarse a la boca y princesas hermosas por las cuales todos están dispuestos a batirse en un duelo que desde el principio se sabe perdido. La envidia, la hipocresía, la severidad y la holgazanería recorren las páginas de estos cuentos dejando al descubierto las debilidades de todos los seres humanos. En estas líneas hay sangre, hay muchas batallas perdidas, hay muchas lecciones de vida. Hay diálogos ingeniosos y narradores todopoderosos. Estos cuentos, breves, más breves que todo, son de una riqueza inabarcable, de una verdad incuestionable. Después de todo, las cosas no han cambiado mucho: seguimos rodeados de brujas.

No fueron ni los hermanos Grimm, ni Charles Perrault, ni Hans Christian Andersen, ni mucho menos Antón Chejóv quienes acuñaran aquello de Y vivieron felices para siempre. Esta frase fue una invención de la modernidad, de las grandes industrias, del capitalismo, para envolvernos con sus patrañas surreales que nada tienen que ver con la vida, dura, que es esta que nos tocó vivir.

¡Que vivan las versiones originales! ¡Que viva la cruda realidad!

***

Continuará…

12 comentarios »

  1. Gurisa said,

    Algunas acotaciones:

    1) no hay versión de Caperucita ni Hansel y Gretel hecha por Disney. Y si vamos al caso, dicha compañía fue terriblemente cuestionada por la muerte de Mufasa en “El rey León”.

    2) se dice que la versión original de Caperucita es un cuento erótico. Cuando uno lo “desmenuza” se da cuenta de que así es :S

    3) creo que lo mejor que puede pasarle a un niño es aprender a vivir en un mundo con mucha imaginación. Y de eso, los cuentos de hadas están repletos!!😀

  2. Andrea S said,

    Hola, hola, hola.
    A mí me encantan las películas de disney, me divierten, me hacen llorar y me sacan sonrisas.
    Sin embargo yo tampoco creo en los finales felices… pero al mismo tiempo sé que existe… que de hechohay gente con finales felices vidas felices y todo feliz…
    Suppngo que el problema es que todo es demasiado extremista… practicamente a nadie le va a pasar lo que a las princesas de disney… pero tampoco lo que a los cuentos de los hermanos Grimm.
    Para mí (y probablemente tú lo quisiste deccir tambien) la vida está llena de matices cambiando todo el tiempo…
    No sé… probablemente no tiene sentido o solamente estoy reiterando un punto ya dicho.
    Lo que sí sé es que me encanta como escribes y como expones tus temas y todo eso que te decimos todosc cada vez que actualizas el blog.
    Un abrazo.

  3. wenperla said,

    Apreciadísimas lectoras de este humilde blog:
    Tienes razón, querida Gurisa, en todas tus acotaciones. Jalé parejo contra Disney, aunque en realidad tampoco son todos los culpables ni han hecho ellos adaptaciones de todos los cuentos. Contra quien en realidad debiera arremeter, y hago aquí un mea culpa público, es contra todos aquellos que a los niños les pintan un mundo rosa. Ya bastante se ha dicho sobre aquellas chicas con quien muy difícil es emparejarse debido a su búsqueda incesante del príncipe azul. Para mí, aquí entre nos, todos van pareciéndose a las ranas… Mañana en la tarde me pasearé por la librería y compraré los cuentos de Perrault. Me voy a echar el de Caperucita, el original, y ya veremos qué tan “erótico” es. Otra cosa es que hay muy buenos comentarios sobre las distintas versiones de Caperucita en la red, es nomás cuestión de guglearlas.
    Querida Andrea: me sonrojan tus piropos. ¡Gracias! En realidad, vamos a ver. La neta es que a mí también me encantan las películas de Disney. Mis hijos las verán pero con una advertencia MUY clara: diviértanse ahora, pero esto NADA tiene que ver con la realidad. Después de ponerles La Bella Durmiente voy a leerles La Jornada. ¡Pobres chamacos!

  4. Ana said,

    Estoy bastante de acuerdo contigo, pero no solo se manipulan los cuentos, también la realidad, queremos proteger tanto a los niños que les ocultamos los problemas y tratamos siempre de suavizar lo que nos rodea, manteniéndolos en una burbuja. Y lo que es más triste es que nosotros mismos nos engañamos.

    Y permitidme contradecir en algo a Andrea, el FINAL nunca es feliz… y creo que si fueramos más conscientes de ello, nos tomaríamos la vida de otra manera. Vivimos momentos felices, pero son solo eso, momentos.

    Ufff, creo que necesito un aporte de azúcar, he empezado la semana con el ánimo por los suelos. ¡Quizás un trocico de chocolate! 😉

    Un saludico.

  5. wenperla said,

    Híjole, concuerdo con Ana: la felicidad viene en dosis pequeñas, es momentánea, y es así como debemos asumirla. Sin embargo, basta un poco de voluntad para ser feliz a pesar de todo. Vivir es difìcil, pero la vida es bella. Hay que gozarla mientras se pueda. (¡Verso sin esfuerzo!)
    Y me detengo aquí o esto devendrá en un club de optimismo…

  6. Mariana said,

    Yo creo que no hay ningún daño en querer proteger a un niño de la “dura realidad” de la que se está hablando. Lo malo es no saber darle el giro y encontrar el equilibrio a medida que se va adquiriendo una visión más madura de la vida.
    A mi me parece que dentro del mundo que estás pintando tus grises están tendiendo muchísimo al negro wen, ni siquiera sé porqué. Yo no creo sólo en los momentos felices, también creo que existe la felicidad como tal. Pero encontrarla es una labor que dura toda la vida y como tal, reclama mucho esfuerzo, fuerza de voluntad y entereza. Mucha gente prefiere pintársela mal antes de empezar siquiera a forjarse un tono mucho más rosado por decirlo así.
    Yo creo que la labor de Disney en cuanto a la adaptación de sus películas es muy buena y el mensaje es muy claro. Si bien es cierto que son irreales en términos de “y vivieron felices toda la vida”, la lección siempre es clara y concisa.
    De cualquier modo, tus observaciones son, como siempre, muyyyy interesantes, y ahora tengo muchas ganas de leer las versiones originales🙂 Gracias!

  7. jorgetéllez said,

    A mí me gustan las comedias románticas

  8. loscomicsdealejandra said,

    Yo más que erótico, lo que había leído es que Caperucita es una metáfora de la menstruación y de todos los “problemas” que le acarrea a la que de niña se convierte en mujer.

    Acerca de Disney, pues creo que se ha vuelto el villano favorito de la cultura pop, y el culpable de todos nuestros traumas emocionales adultos, pero la verdad es que, particularmente viendo las películas – y los cortos – de cuando el loco del tío Walt seguía vivo, encontramos momentos y escenas bastante oscuras: la muerte, el demonio, el delirium tremens. Eso, por no hablar de producciones visual y auditivamente maravillosas. ¿Cargadas de cierta ideología? Sí, pero ni más, ni menos, que cualquier otra obra de arte. Ni más, ni menos, que las versiones “originales” de los cuentos de hadas. Que, por cierto, las originales-originales no sabemos cómo son, porque lo de Perrault o los Grimm son apropiaciones de folclores locales, e incluso se sabe que pasajes que en la tradición oral eran negativos hacia los aristócratas, o cuentos que los ridiculizaban e invitaban a la sublevación, eran suavizados por los escritores acomodados para idealizar a la nobleza.

    Otra cosa, me parece, son las películas ya hechas con el único propósito de vender loncheras.

    ¡Saludos!

  9. ¡Hola Wen!

    yo crecí leyendo los cuentos originales de Perrault, los hermanos Grimm, Hans Christian Andersen…esos cuentos de hadas que se suponen infantiles y que en realidad, son crueles a morir. Bien decía Mafalda que la infancia es carne de cañón en los cuentos, y que se les cocinaba como pollos.

    De Disney a mi lo que me acalambra es su falta de respeto por llevar al cine la mitología de manera correcta (en Hércules, por ejemplo)

    ¿Qué los niños merecen cuentos con finales felices? aquí discrepamos. Yo creo que si hay una etapa en la vida en que mereces finales felices es en la infancia. Ciertamente, uno no puede cambiar lo de afuera, pero si cómo lo enfrentas. No eliges el escenario, pero si la cara con que lo enfrentas.

    Disney presenta tragedias: ahí está la mamá de Bambi que muere en el principio de la película (y que a mi me hacía llorar el resto de ella), o la muerte de Mufasa…

    La más reciente (toy story 3) me encantó. Los juguetes ya no son necesarios en la vida de Andy pues este se va a la universidad. Yo que tengo una preparatoriana, me sentí identificada con ese juguete que ahora debe buscar a quien dedicar varias de sus horas cuando ella ahueque y deje el nido. Pero también me sentí identificada con los amigos que tengo que me acompañan, y la solidaridad y fraternidad que he encontrado en mi búsqueda de quién soy y qué hago aquí.

    Me gusta mucho leerte, siempre enfocas y promueves la discusión en mi cabeza, no siempre queda registro de ello pero hoy quise hacértelo saber.

    Un abrazo
    Ale.

  10. wenperla said,

    Queridas Mariana, Alejandra y Bibliobulímica:
    Lamento sobremanera el retraso tan terrible. Estaba embebida leyendo más cuentos, así que pasé por alto la interacción en el blog. (Que ya sabemos que a veces se puede y que a veces, simplemente, no se puede.)
    Estoy totalmente de acuerdo con Alejandra, quien recalca la belleza de las películas primeras, aquellas de cuando don Walt vivía. Es verdad, no hay cómo negarlo, de los estudios de Disney han salido maravillosas películas sin parangón en la historia del cine (de la que, quepa acotar, no sé nada), y eso nadie lo puede ni lo debe negar.
    Querida Twinage: tu lectura de las versiones originales no puede demorarse ni un segundo más. ¡Corre! Si quieres un consejo, comienza por Perrault. Una lectura cronológica de estos cuentos es lo más recomendable. Ah, y no, no creo en lo absoluto que mi visión del mundo sea negra: creo que es realista, más cruda, y en esa medida más asequible y más cercana a lo que ante mis ojos es la felicidad.
    Alejandra, permíteme insistir: agradezco muchísimo tu comentario. Lo he disfrutado muchísimo. Es increíble cuántas cosas pudiste aportar en este debate en tan pocas palabras, con tanta espontaneidad.
    Por otro lado, querida Bibliobulímica (que, pa’ que lo sepan, también se llama Alejandra), he leído apenas los cuentos de Perrault y he quedado maravillada. ¡Cómo puede alguien crecer sin haberlos leído antes! Dichosa tú, a quien tus padres supieron encauzar por los senderos de la literatura temprana. Me conmovió un cuento en particular, ya lo verás en el próximo post.

  11. Montalvo said,

    !Hey! Me encanta tu blog, me encanta leer, aunque el tiempo a veces me lo impida, de hecho estoy de acuerdo con lo que decís de disney, pudré las neuronas (dicen que si mirás una maraton de high school musical, se te ponen los oyos blanquitos y luego te desmayás y empezás a convulsionar en el suelo pensando en mickey mouse:/ ) El cuento de pulgarcito en realidad se llamaba “Garbancito” y es un cuento español, lo de Caperucita roja, nos comentaba un historiador español que era “roja” por la menstruación y que la finalidad del autor era demostrarle a los niños que no fueran tan pendejos con extraños. La razón por la cual me caé mal disney es que distorciona la finalidad que quería el autor y la termina cagando (disculpá por la palabra pero no encontré ninguna otra mejor ni apropiada) , una reciente distorción es la de “Alicia en el país de las maravillas”- Tim burton. que no tiene nada que ver con lo que plasma el libro, lo del baile estúpido de Jonny Deep, la sangre del dragón con la espada etc…. Estoy más que seguro que Lewis Carrol ha de revolcar en su tumba en cada función, es como si el director vió Narnia y el señor de los anillos antes de empezar a filmar y los unió. “Hércules” yo la miraba y con pena en mi alma (probablemente después me arrepienta de decir esto) aún me sigue gustando, y me gustaría que no me gustara la de disney pero.. ufff.. no sé… Si leemos Sófocles la película de Disney no tiene nada que ver, de hecho heracles era súper Zorro pues,el tipo anduvo regando hijos por todo grecia, atenas, guinope etc.. y por eso muere porque el muy descarado no sé si le entró la andropausia o que pero manda a otra mujer donde la actual “Deyanira” y esta por querer recuper el amor de heracles unta la sangre del centauro Neso en las mantas de él ( y estás se encojen y queman etc..) y luego el hijo lo quema en una montaña.
    Volviendo al punto inicial la imagen que yo tenía de él era totalmente diferente y eso se debe a Disney… ejercen como una manera de control en los niños es como un fascismo infantil.
    Me despido con las famosísimas palabras de Francisco Morazán:
    !Que tenga buen día!

  12. Arkaham said,

    >uu< y esperando k la disney no destace mas los buenos cuentos.


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