8 septiembre 2010

El halago más grande del mundo

Posted in para incultos cultivables a 6:48 PM por wenperla


Reza la cuarta de forros de esta novela que los personajes destilan una humanidad palpitante. Las virtudes, los defectos, las frustraciones, los deseos, las alegrías, los infortunios, las debilidades y las pretensiones de aquellos que desfilan por las páginas de Anna Karenina se nos vuelven inmediatos, nos invaden, nos asfixian, nos trasladan al lugar de los hechos: allí donde el confidente, donde el amante, donde el enemigo. Y he ahí que el lector ávido de devorar la historia, de llegar hasta el final, se sorprende de pronto vertiendo un par de lágrimas sobre sus páginas, sonriendo ante el regocijo de aquel con quien irremediablemente se ha encariñado, poniendo la mano sobre el corazón para ver si de verdad palpita con tanta agitación.

Tolstoi nos regala en esta entrega el retrato de una sociedad que no envejece, que no pierde vigencia, que sigue nutriéndose de los mismos miedos, de las mismas pasiones, de los mismos delitos. La Rusia del siglo XIX desfila ante nosotros como un espejo donde de uno u otro modo podemos todos vernos reflejados. Los personajes son de una profundidad indescriptible: el texto de cuarta no miente: basta con extender el brazo para tocarlos, para andar de su mano el camino. Las mil páginas de Anna Karenina son un verdadero deleite para todos aquellos sedientos del mágico elixir de la buena literatura.

Como yo apenas voy en la página 600, permítanme desviar esta entrada hacia otros cauces no menos intrincados. Decididamente, a mí lo que más me sorprende de esta novela es su vigencia arrolladora. ¿Ha cambiado en algo la sociedad desde entonces? ¿No seguimos todos luchando a capa y espada por hacernos de un hueco en el saturado espectro social de un mundo por naturaleza excluyente? ¿No seguimos jugando a ser felices, a observar las normas aburridas impuestas por quién sabe quién desde el principio de los tiempos? Insistimos en repetirnos, en revolcarnos en el pasado, en imitar los hábitos cansinos de nuestros predecesores. Tolstoi nos obsequia un óleo maravilloso de todo aquello que comparten todas las colectividades humanas, y deja al deja al descubierto el alma de una serie de personajes exquisitos e irrepetibles.

Tolstoi escribe con una objetividad imperturbable. Todos los personajes son distintos, profundamente distintos, y resulta imposible saber con cuál se identifica el autor. ¿De qué lado está Tolstoi cuando describe el adulterio de Anna Karenina? ¿Se identifica con Stepán Arkádich o con Alekséi Aleksándrovich? ¿Le parece a él Kitty tan bella como se lo parece a Lyovin? Es imposible saberlo. Tolstoi jamás toma partido, jamás entorpece la historia: el papel de Tolstoi en Anna Karenina es por antonomasia aquel al que todo escritor que se precie de tomar su oficio con seriedad debe aspirar: el del autor invisible, el que se mantiene lejos de los reflectores, aquel que codicia el anonimato y se agazapa cuando descorremos el telón.

Pero yo sí tomo partido. Yo sí tengo mis favoritos. Yo sí sé qué compañías procuraría de estar allí, en el lugar de los hechos. Quedémonos hoy con que es nada más y nada menos Vronski, el amante de Anna Karenina, aquel que me arrebató el corazón desde el primer momento. ¿Y por qué? Por su visión de la vida, con la que tan resueltamente me identifico.

Vronski escuchó satisfecho el parloteo alegre de una mujer bonita, aprobando lo que decía, dándole consejos medio en broma y, en general, empleando el tono habitual en su conducta con ese género de mujeres. En la sociedad de Petersburgo que frecuentaba, todo el mundo se repartía en dos clases diametralmente opuestas. Una, la inferior, compuesta de gente vulgar, estúpida y, sobre todo, ridícula, que estima necesario que un marido viva con su legítima esposa, que cree que las muchachas deben ser inocentes, las esposas púdicas, los maridos varoniles, moderados y fuertes, que es preciso educar a los hijos, ganarse el pan, pagar las deudas, y otras tantas sandeces por el estilo. Ésta era una clase de gente ridícula y chapada a la antigua. Pero había otra clase de gente, la auténtica, a la que todos ellos pertenecían, en la que lo principal era ser elegante, guapo, magnánimo, atrevido, alegre, entregarse sin bochorno a todo género de pasiones y reírse de todo lo demás.

Vronski, con este modo de ver la vida, personifica todo aquello en lo que creo, pone en palabras mi propia filosofía. Gracias a Tolstoi me siento acompañada, identificada, comprendida. Me siento a salvo de un mundo que a medida que transcurren los años me asfixia, me acorrala; que pretende someterme a su tedioso vaivén. Hoy, al irme a la cama, soñaré que en uno de aquellos bailes magnánimos me topo con Vronski y con Anna Karenina. Vronski me mirará de arriba abajo y me regalará una sonrisa. Yo me sonrojaré y mi corazón palpitará como nunca. Al cabo de unos segundos, Vronski dará la espalda a Anna y vendrá por mí. Y de pronto, mientras nos deslizamos ágiles sobre la pista, me dirá: “Tú no eres como ellos, los aburridos, los que quieren hacerlo todo bien. Tú eres de las mías, de las que pecan, de las que se divierten, de las que no se conforman, de las que desentonan, de las que son libres. Tú perteneces a ese género de mujeres“.

Y despertaré mañana con una sonrisa, porque será ése el mayor cumplido que me hayan hecho jamás, el halago más grande del mundo.

Gracias, Vronski, por este llamado contra la mojigatería.

10 comentarios »

  1. Cosa increíble eso de hallarse en personajes escritos hace mas kilómetros o años de los que se puedan sensiblemente comprender. Y sucede.

  2. Angélica Navarro Castillo said,

    Wow. A mí también me encataría recibir ese halago. Se me antojó mucho leer esa novela. Gracias por mostrarme tu voracidad como lectora y tus letras apasionantes.

  3. Bnazar said,

    Cuando me di cuenta que hablarías de mi novela favorita hasta chinita se me puso la piel jajajajaja, no creo en releer libros porque siento que hay poco tiempo para leer todo lo que hay que leer, como para leer uno dos veces. Pero Ana Karenina lo he leído varias veces, escudriñe tianguis, librerías buscando una mejor traducción, una mejor presentación, lo regalo, lo recomiendo, hasta lo presto.

    He leído gran parte de la literatura del señor León y con el tiempo me di cuenta que la historia de Ana no es la mejor obra del escritor ruso, “Guerra y Paz” y “Resurrección”, muestran un estilo y una pieza mejor lograda, pero ninguna tiene el encanto que tiene ésta.

    Lástima que no has terminado de leerla y no pueda comentar algunas cosas sin que te arruine el efecto. Pero serían cosas que no importan mucho. Es un gusto saber que has caído atrapada en ese mundo en donde como dices, lo banal existe, pero la autenticidad tiene su espacio ya sea en lugares alejados de las grandes ceremonias, en el campo, en los juegos de miradas, en los sentimientos que te produce un baile, un anhelo. Lo que solemos llamar “pequeñas cosas” aunque de pequeñas no tengan nada.

    Mientras a ti te maravillo el encanto de Vronski, yo sigo encantado con Lyovin, aquel ser brillante y gentil que se aleja de la vida social y cuyos ideales son tan grandes y profundos que lo obligan a participar en el mundo a través de ese activismo que lo involucra con esa gente que no le agrada tanto. Y que termina siendo el feo y buena onda que se enamora de la hermosa y popular, que está enamorada del guapo chico malo. Y que la ama con toda su alma, a pesar de no ser correspondido. Que juega a ser la conciencia de su mejor amigo y cuya cuadratura semilla de su creencia en la razón y las ciencias exactas, no encaja con lo que las cosas le hacen sentir, etc.

    Ja, me di cuenta que podría seguir y seguir hablando de este libro =P. Pero no lo haré. Termina de leerlo que es un verdadero placer hasta la última página. Me quedo con esta frase.

    “el papel de Tolstoi en Anna Karenina es por antonomasia aquel al que todo escritor que se precie de tomar su oficio con seriedad debe aspirar: el del autor invisible, el que se mantiene lejos de los reflectores, aquel que codicia el anonimato y se agazapa cuando descorremos el telón”

    Muchas veces pensé algo parecido sobre este autor. Pero en tus palabras quedo muy bien.

    Mi recomendación sería que siguieras leyendo más sobre este señor. Aunque pecando de conocedor, si te topas con la Muerte de Ivan Illich creo que puedes pasarlo por alto.

    Un abrazo señorita Wendolin. Hoy más que siempre fue muy padre leerte.

  4. wenperla said,

    Por lectores como tú es que sigo escribiendo en este espacio. Gracias Bnazar: por tomarte el tiempo de leer, de escribir, de compartir y, por supuesto, por no revelar aquello que me queda por descubrir.
    Gracias chicos.

  5. anna said,

    Chica, ahora dedícate a El idiota, de Dostoiesvki. Y esperamos tu comentario.

  6. Abel said,

    Hola, estaría padre que actualizaras la Guía para incultos cultivables. Mi chava está buscando opciones y no somos del DF. Gracias y saludos.

  7. Ana said,

    Me suele pasar muy a menudo que libros tan conocidos y tan comentados como este, los suelo pasar por alto. Es como si ya no me apeteciera leerlos, como si ya de tanto oír de ellos, ya los hubiera leído.

    Pues, gracias a ti, acabo de descubrir que por lo menos este, debo leerlo y estoy segura que disfrutarlo como estás haciendo tu.

    Un beso y buen fin de semana.

  8. Eduardo said,

    Tu “post” me deja algo perplejo, ¿es irónico? DeTolstoi me falta, entre otros, Ana Karenina, pero soy su gran admirador (ya me receté “Resurrección”, “La Sonata a Kreutzer”, “El Poder de las tinieblas”, “La Muerte de Iván Ilych” y finalmente “La Guerra y la Paz”). Por el párrafo que introduce a Vronski, éste aparece como el típico antiheroe tolstoiano y Tolstoi casi seimpre los hacía así: encantadores, simpáticos, articulados, casi nunca premeditadamente malos, son los Kuragin y Dolokhov en “La Guerra y la Paz”, el amante de la esposa del protagonista de “La Sonata a Kreutzer”, Nikita en “El Poder de las Tinieblas”, Dmitri, de “Resurrección” antes de su conversión. A veces los hace triunfar, a menudo los adorna con alguna virtud singular (hijos fieles, amigos leales), pero son todos némesis literarios del Tolstoi real, encarnaciones precisamente de todo aquello con lo que él no se identificaba y funcionan en sus obras, rara vez como autores conscientes del mal, más bien como catalizadores de las desgracias de otros.

  9. wenperla said,

    ¿Por qué crees que es irónico? ¡En absoluto!

  10. Eduardo said,

    Precisamente por ser Vronski personificación de aquello de lo que Tolstoi parecía apartarse. Es un poco como leer el Libro de Job y agradecerle al autor darnos la oportunidad de identificarnos con el diablo… y luego leo la última cita de la página (la de Dostoievsky), me hizo sonreír.


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