19 julio 2010

Un adúltero americano

Posted in para incultos cultivables a 1:23 PM por wenperla


Es verdad que no han sido pocas las celebridades que han legado a la humanidad una historia digna de ser reproducida en la literatura, en la pantalla, o en cualquier otro lugar donde nos sea posible emular vidas pasadas. Tantos políticos, tantas estrellas de Hollywood, tantos rockstars, tantos escritores en la París cortazariana, tantos impresionistas, tantos figurines que en su tiempo cambiaron el rumbo de la historia y que post mórtem han dotado a la ficción de recursos inagotables. Y todos estamos de acuerdo en que John F. Kennedy es uno de esos personajes.

Debido a algún patrón histórico difícil de desentrañar —pero hoy día tan vigente como hace quinientos años— hay que subrayar el factor tragedia como un imprescindible para catapultar el caché de aquellas estrellas a quienes las generaciones subsiguientes imitarán hasta el hartazgo. Sirva de muestra la muerte de la princesa Diana, de John Lennon, de Elvis Presley, de Kurt Cobain, de Freddie Mercury, de Jim Morrison, de Michael Jackson, de Van Gogh, de Virginia Woolf, de Ernest Hemingway, de Cesare Pavese, de Alfonsina Storni, de Yukio Mishima, de Horacio Quiroga, de John Kennedy Toole, de Primo Levi y de Alejandra Pizarnic, conformando así un mosaico heterogéneo en cuyas aristas confluyen talento y tragedia.

Para todos aquellos de mi generación, los nacidos en la década de los ochenta, el año de 1963 se perfila en el horizonte como un umbral lejanísimo al que sólo tenemos acceso a través de los libros, de los documentales, de la imaginación. Y bastan estos elementos para asegurar, sin lugar a dudas, que la muerte de John F. Kennedy aquel 22 de noviembre de 1963 convulsionó al mundo entero. Tanto o más que el asesinato de John Lennon, la muerte de la princesa Diana o el suicidio de Elvis. ¿Y cómo no llorar la muerte de un presidente que introdujo la igualdad de derechos civiles para los afroamericanos, que desactivó la crisis de los misiles, que logró la firma de un tratado de prohibición de armas nucleares? John F. Kennedy marcó un hito en la historia de los dirigentes de los Estados Unidos, y hoy día sigue siendo un punto de referencia.

Supongo que bastante se ha escrito ya sobre John F. Kennedy. Sospecho, no obstante, que los textos se han centrado en desentrañar su muerte, en resolver el enigma. Las autoridades señalaron un responsable que antes de ser enjuiciado fue ejecutado por un segundo asesino. Nadie dista más que yo de ser una experta en el tema,  pero en vez de esclarecer su muerte me parece enriquecedor seguir de cerca los pasos que Kennedy dio a lo largo de su vida.

Jed Mercurio, el autor de este libro, es médico y, además, poseedor de un gran talento escritural. Cuando se le pregunta por qué eligió la vida de Kennedy como el eje en torno al cual giraría la novela que supondría su consagración internacional, su respuesta es contundente:

[…] Quería escribir sobre un hombre mujeriego. Tenía la idea de escribir sobre alguien con un oscuro secreto, virtuoso en apariencia. El personaje iba a ser un hombre cualquiera, un desconocido, pero al poner las cartas sobre la mesa me remitía constantemente a John F. Kennedy como modelo —“felizmente” casado, padre devoto, con una carrera exitosa, bueno en su trabajo—. Lo mencioné tantas veces que tuve que preguntarle a mi editor si podía escribir un libro sobre él.

Y así fue como surgió esta historia, que se desliza ágil y veloz entre los dedos del lector.

Si bien estamos ante una novela, es verdad que cuesta trabajo discernir entre realidad y ficción. Queda claro que los encuentros más cercanos y las conversaciones más íntimas son producto de la inventiva del autor, pero también es cierto que es difícil identificar el punto en que el recuento biográfico se diluye hasta la fantasía. Baste entonces entregarse a la lectura de Un adúltero americano a sabiendas de que, no obstante es producto de una investigación exhaustiva por parte del autor, el novelista acaba haciendo con el texto lo que quiere. —Como debe ser.—

El narrador toma la forma de un sicoanalista que se refiere a Kennedy como “nuestro hombre”. Este médico todo lo observa, todo lo escruta, todo lo narra. El trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos llega a parecernos familiar, cercano, casi predecible. A pesar de su poligamia incontenible, de su ninfomanía, la reacción inmediata del lector es encariñarse con él; agradecer su honestidad, su falta de hipocresía, su inteligencia, su convicción.

Es cierto que la crítica anglosajona ha sido bastante dura con el libro. Critican al autor por haberse tomado demasiado en serio su papel de doctor y haber trasladado el morbo y el detalle que la profesión conlleva al papel. Así, nos hallamos ante descripciones abundantes sobre la —precaria— condición física de John F. Kennedy, sus disquisiciones en el retrete, el desfile de médicos por la puerta trasera de la Casa Blanca para sedarlo, para aliviar sus múltiples dolencias. Es verdad, he de reconocerlo, que el texto llega a ser redundante y tantas descripciones innecesarias. Pero es verdad también que la psique y la personalidad de Kennedy, de la mano con la forma en la que resolvió tensiones de magnitud internacional y el amor que profesa por sus hijos, son suficiente para darle una oportunidad a este libro que —sin poder evitar caer en lugares comunes— engancha desde la primera página.

Un adúltero americano nos ofrece una visión sexual de un Kennedy irresistible, astuto, perseverante y humano. Este libro saldrá en septiembre, publicado por Anagrama. Yo les deseo que lo disfruten, ojalá tanto como lo disfruté yo.

2 comentarios »

  1. Apuntadísimo desde ya en mi libreta del plan infinito Wen ¡gracias por la entrada que me ha permitido conocer libro y autor!
    un beso,
    Ale.

  2. Abdullah said,

    Tengo que leer mas sobre este gran personaje, John Kennedy. Gracias Wen.


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