18 mayo 2010

El olvido que seremos

Posted in para incultos cultivables a 12:06 AM por wenperla


Para escribir hay que ser valiente. Cuando escribimos, cuando plasmamos lo que viene desde lo más profundo, nos arrancamos a jirones una parte del alma para exhibirla, para darle un antes y un después, para adornarla de cómos, para inmortalizarla. Escribir cuesta trabajo, cuesta mucho trabajo, y aquellos que de vez en cuando tratamos —por lo general, sin éxito— de ejercitarnos en estas artes escriturales lo sabemos muy bien.

¿Y para qué escribimos? Es verdad que todos tenemos motivaciones distintas, que los dedos que se mecen sobre el teclado no son sino los títeres de nuestra voluntad, de nuestro llanto, de nuestra impotencia, de nuestra alegría. Escribir, muchas veces, es entregarnos a los brazos del consuelo, es mitigar un dolor que penetra hasta lo más hondo, es procurar un poco de paz en medio del desasosiego. Es impedir que nuestra voz se estrelle en el eco del silencio. Es evitar que nuestra historia se haga añicos en el muro del olvido. Eso sí: para escribir hay que ser valiente. 

La historia que cuenta Héctor Abad Faciolince en El olvido que seremos parece robada de la ficción, pero no lo es. Es la historia de una familia cualquiera, como la de ustedes, o como la mía. Una familia, a veces colmada de bendiciones, y otras veces azotada con el látigo de un dios inmisericorde, que castiga, que fulmina todo a su paso, capaz de sofocar la más inmensa de las alegrías en un instante por medio de un silencio sórdido, implacable.

Héctor Abad Gómez, médico colombiano, cae asesinado en el centro de Medellín a manos de un par de sicarios. En su bolsillo, dos papeles meticulosamente doblados: una lista de las personas amenazadas de muerte por la derecha iracunda (donde figuraba su nombre), y un poema, “Epitafio”, que el autor le atribuye a Borges:

 

Ya somos el olvido que seremos.

El polvo elemental que nos ignora

y que fue el rojo Adán, y que es ahora,

todos los hombres, y que no veremos.

 

Ya somos en la tumba las dos fechas

del principio y el término. La caja,

la obscena corrupción y la mortaja,

los triunfos de la muerte, y las endechas.

 

No soy el insensato que se aferra

al mágico sonido de su nombre.

Pienso con esperanza en aquel hombre

 

que no sabrá que fui sobre la tierra.

Bajo el indiferente azul del Cielo

esta meditación es un consuelo.

 

Esta historia deja al descubierto, entre muchas otras cosas, la violencia desgarradora que se apoderó de Colombia durante la década de los ochenta. Una violencia irrefrenable, rapaz, que se adueñó de la cotidianidad de los colombianos de aquel entonces y que hoy nos remite, tristemente, a este México nuestro que se resquebraja ante nuestros ojos, que nos sume a todos los mexicanos en una tristeza profunda, en un gris espeso, en la más rotunda de las desesperanzas.

Héctor Abad Faciolince necesitaba escribir esta historia. Entendamos la diferencia entre querer escribir algo y tener que escribir algo. Héctor sintió durante 20 años una pulsión incontenible: la de plasmar por escrito la vida y la muerte de su padre. ¿Y para qué?, ¿por qué? “[Porque] los libros son un simulacro de recuerdo, una prótesis para recordar, un intento desesperado por hacer un poco más perdurable lo que es irremediablemente finito”. Porque los hay para quienes escribir es una cuestión de vida o muerte, para quienes en escribir radica la factibilidad de la existencia, la razón de ser y el combustible del futuro.

Hay todavía más en esta historia. El lector se enfrenta a un texto que, en apariencia, no tiene por qué sorprenderlo: desde el principio sabemos que es un tributo, un homenaje a un padre asesinado: un epitafio de 274 páginas con un retraso de dos décadas. Ya sabemos el qué… lo que no pocas veces nos deja estupefactos es el cómo.

Estamos entonces frente a un relato en retrospectiva que se desarrolla, como la mayoría de los relatos, de forma cronológica. Una familia feliz azotada en dos ocasiones por la vesania desmedida del destino. Y si bien es el asesinato de su padre lo que empuja a Abad Faciolince a contar esta historia, es imposible perder de vista la primera gran tragedia, el primer espaldarazo del azar: la muerte de Marta. Y sólo hasta que llegamos a ese punto, sólo cuando nos empapamos de la agonía sostenida de una niña condenada a la muerte —una muerte miserable, porque la muerte siempre es miserable, y la muerte de los niños no tiene nombre—, es cuando comprendemos el porqué de la foto de portada. Y el alma se nos estruja, remitiéndonos a aquellos instantes horrorosos, henchidos de congoja, cuando la tragedia ha venido a tocar nuestra propia puerta.

Gracias, Héctor, por esta entrega.

PD. Yo llegué a este libro gracias a esta reseña de Vargas Llosa en El País. Me pregunto cuántas personas más salieron corriendo a buscarlo ese mismo día, igual que yo.

12 comentarios »

  1. […] This post was mentioned on Twitter by Balam Nazar, Wendolín Perla. Wendolín Perla said: "El olvido que seremos": https://purasletras.wordpress.com/2010/05/18/el-olvido-que-seremos/ […]

  2. Hijos, va al wishlist.🙂

  3. François B. said,

    La vérité est que vraiment tu m’as compliqué. The more you write the greater you complicateme. tu devras peut-être si tu trouves du temps, m’expliquer en peut de mots ce que tu voulais signifier. Creo que me entiendes muy bien aunque yo no puedo entender bien lo que has escrito en tu pagina web.

    Courage ma chère.

  4. Wen:
    este libro lo tenía aguardando su momento de ser leído en mi librero. Hace poco más de un año lo vi reseñado en un blog y me gustó lo que decían de él. Tu reseña hizo que lo leyera. ¡Gracias! (eso es lo que tiene comprar libros de manera compulsiva: luego ahí los tienes empolvándose sin leerlos porque otros se te van colando…y olvidas lo que te había entusiasmado de ellos)
    Un beso.

  5. […] ceja y ceja conseguirlo. Lo encontré, pero quedó en el estante  de “por leer”, hasta que Wen le dedicó una entrada. Wen es otra compatriota que escribe fenomenal, tiene una sensibilidad […]

  6. Wen, preciosa reseña, muy conmovedora. Yo leí este libro hace tres años. Un escritor español lo reseñaba en un comentario en el periódico y yo me lo apunté. No conocía nada, ni al escritor ni su obra. En España no lo habían editado y a los pocos meses hice un viaje a México y en la librería Gandhi lo pedí y no lo tenían.
    Al final lo conseguí en España, para mí es un libro especial.
    Bibliobulimica´s me ha recomendado este blog, ahora lo veré despacio y haré un enlace en el mío.
    Si quieres verlo es http://www.loslibrosdeteresa.wordpress.com
    Un saludo
    Teresa

  7. Ana said,

    Como dice Teresa “muy conmovedora”.

    Acabo de conocerte a través del blog de Bibliobulimica y me ha gustado mucho como escribes.

    Voy a seguir un ratico revisando tu blog.

    Un saludo.

  8. carmen said,

    Este libro me parece un tesoro porque lo que cuenta y describe lo es en sí mismo. He tenido la oportunidad de leerlo a través de un club de lectura que se organiza todos los años en la biblioteca de mi barrio.

  9. ciudadanocomun said,

    El olvido que seremos, de Hector Abad Faciolince, narra una historia de la sinrazón de la violencia de de unas décadas fatales que tocaron no solo a Medellín, sino a Colombia., que como ciudadanocomún las vívi. El heroísmo de Hector Abad Gómez y su martirio, no fue inútil, porque despertó una conciencia política de lo que se tenía que hacer para acabar con la barbarie. El cero tolerancia con la violencia, viniere dónde viniere, ha logrado frenar en algo ese carro desbocado de la muerte.

  10. pude ver el señor faciolince en un evento del auniversidad, y creo que es un tipo franco y agradable. El libro quiero leerlo, y que es cercano proque soy de medellín.


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