3 mayo 2010

Papá

Posted in autobiografía a 5:35 AM por wenperla


Yo, a papá, lo amé por sobre todas las cosas.

Papá para mí era más importante que nada en este mundo. Era más importante que la escuela, que los juegos, que mi colección de calcomanías y mis películas de Disney.

Yo por mi papá siempre sentí una admiración que se me derramaba del pecho. Lo amaba profundamente.

Por las noches, mis tempranas noches de insomnio, era como si fuésemos uno mismo. Yo sobre la cama, bocarriba, pensando “¿a qué hora vendrá papá?” Invariablemente, papá aparecía. Se dibujaba su silueta en el umbral de mi puerta: “¿Otra vez?”

Y entonces comenzaba una de las facetas de papá que más disfrutaba. Se sentaba en el borde de la cama, me ofrecía su mano como diciéndome “aquí estoy, todo está bien”, y me contaba todo sobre su madre, sobre su padre. Me contó del día aquel en que se escapó de Cuautla y fue a dar a Veracruz: “Cuando regresé a la casa, con la cola entre las patas, tu abuela me recibió con la reata mojada de siempre”. Solía decirme “es que si tu abuela te hubiera conocido, serías su adoración”. Su mamá le decía “Yaco”, y a veces mi mamá lo llamaba de la misma forma: “Yaco”. A través de papá aprendí a querer a esos abuelos que nunca conocí. Sobre todo a mi abuela. Todas esas noches terminaban igual: después de dos, o tres, o cuatro historias, lágrimas breves rodaban cuesta abajo por sus mejillas. En aquel momento yo interpretaba aquellas lágrimas como la muestra irrefutable de que los padres son lo más importante que tenemos: como la prueba fehaciente de que yo nunca podría vivir sin mi papá.

Papá lo sabía todo. Cuando iba en tercero de primaria lo adelantaron un año porque sabía demasiado respecto a los demás. Todo para él era cuestión de una simple, de una breve operación mental: nunca lo vi utilizar una calculadora. A lo sumo, si acaso, un rudimentario cuaderno de notas y una pluma Bic. Es que de verdad: mi papá lo sabía todo.

— ¿A quién quieres más, a tu mamá o a tu papá?

Yo siempre respondía con la misma frialdad alarmante, con la misma convicción apabullante:

— A mi papá.

A mí de pequeña me preocupaban pocas cosas, nimiedades. Sin embargo, un pavor prematuro: que muriera papá. Ese miedo siempre estuvo latente, y trataba de acallarlo todo el tiempo. ¿Qué iba a ser de mí si algún día papá no estaba? No, ni pensarlo. “Papá siempre va a estar aquí”.

Mamá siempre se empeñó en que nos acabáramos el plato que nos servía. Papá siempre intervenía: “Niños, dejen lo que no puedan comerse. Si ya no quieren comer más, váyanse a jugar”. Mamá hacía siempre corajes, pero en mi casa se hacía lo que papá mandaba. “¿No quieren ir a la escuela? Chamaca, déjalos. Que no vayan. Que duerman si quieren.” Y siempre, llegada la hora de las boletas de calificaciones, la misma historia: “Niños, yo no quiero hijos de 10. Yo quiero buenos hijos”.

El papel de mi padre fue fundamental en mi vida. Fue a través de papá que me acerqué por vez primera al sufrimiento humano sin saber lo que era aquello. Todos los inviernos, sin faltar uno solo, papá repartía cobijas y juguetes en los orfanatos y en los asilos de Morelia, donde transcurrió buena parte de mi infancia. Nunca hablaba de eso, simplemente lo hacía.

Recuerdo también un día en que lo acompañé a la central de abastos. Tomamos un taxi en la calle y en un abrir y cerrar de ojos ya estábamos en el mercado, pululando entre los puestos: costales de cebollas, de tomates, de naranjas. Papá supo lo que fue la escasez: ese algo que yo nunca experimenté. De regreso a la casa, el taxi lleno de víveres, papá platicaba con el taxista. Un hombre muy amable, humilde, de unos 38 años: 6 hijos, uno muy enfermo: una historia triste, como tantas. Al llegar a mi casa, el taxista preguntó: “¿Dónde le pongo esto, señor?”. “Llévatelo a tu casa, para tus hijos”. El taxista se fue feliz. Papá se bajó del taxi como si nada: “Vamos, hija”. Yo me le quedé mirando estupefacta. “Mañana volvemos”. Y yo me sentía, como siempre, orgullosa de mi papá.

Papá fue y será siempre el hombre más brillante, sensible y generoso que conozca en la vida. Papá me mostró lo que quise ser y lo que quizás jamás conseguiré. Papá me enseñó lo poco que sé y trazó sobre el pavimento las directrices que me han conducido hasta el lugar en el que estoy. Papá me regaló una familia, unos hermanos maravillosos, los pilares de mi existencia.

Es cierto también que parece haber una relación directamente proporcional entre la inteligencia y lo incomprensible. Es cierto también que mi papá fue un adelantado a su tiempo, y que el mundo entero le quedaba corto. Es cierto también que la gente tan inteligente sufre más: ese deshacer el mundo en mil pedazos y volver a reconstruirlo con base en los parámetros propios, ese analizar hasta el hartazgo cada uno de los pasos que se dan en una dirección determinada. Al final, todo duele. Al final, una inteligencia y una bondad tan desmedidas resultan en la incomprensión, en una soledad impenetrable. Es verdad, también, que a veces hay que decir adiós.

Un 8 de diciembre de 1996 se convirtió en el día que tanto había temido: papá se había ido. Se había ido para siempre. ¿Lo peor? Su adiós fue voluntario. Él lo decidió y, como siempre, hizo lo que quiso: se fue. Dejó una carta, una carta que me aprendí de memoria desde los doce años, cuando la leí entre lágrimas y sollozos por primera vez. Esas líneas me las reservo.

Escribo esto a los 25 años. Hoy tengo una vida que amo y disfruto entera: no le cambiaría absolutamente nada. El adiós de papá me permitió descubrir a mi madre: la mujer más bella y paciente del mundo. Mi mejor amiga. La más valiente y la más fuerte también. La que me ha hecho libre y me ha animado a abrir las alas y emprender el vuelo.

La muerte de papá me enseñó que las cosas pasan por algo y que lo que no te mata te hace más fuerte. Que la ausencia es relativa. No obstante, también es cierto: lo extraño profundamente todos los días de mi vida.

14 comentarios »

  1. Ana Paula Dávila said,

    No hay palabras, un abrazo muy fuerte, entiendo perfecto lo que es extrañarlo todos los dias de la vida e imaginarlo con un cigarro en sus dedos chuecos. Gracias.

  2. wenperla said,

    Gracias a ti Pau.

  3. Abdullah said,

    You are an impressive fiction writer. I have pleased my mind with reading this beautiful and real story.
    Thanks Wen

  4. Al said,

    Mi reina, no sé si es porque te conozco, porque al paso del tiempo nos hemos hecho hermanas, que siento cada palabra desgarrándome.
    Mientras te leía, imaginaba tu casa, a tu madre, a cada uno de tus hermanos. Imaginaba tus noches, de esas que muchas hemos compartido hablando sobre tu papi, pero ahora tú hablando con él.
    Recuerdo tu mirada cuando lo mencionas. Cómo tus ojitos azules se van por allá lejos a encontrarse con los de él. Tu voz de madrugada declamando cada palabra escrita en tu memoria.
    Recuerdo a tu mami rememorando con nostalgia contenida en su enorme fortaleza cómo tu papi la llamaba “chamaca”. Amo cuando se apasiona de esos ayeres tan vigentes y narra sus comidas favoritas, su forma de amar a sus hijos…

    Te imagino ahora sentada en la Polonia de tu padre, leyendo de ese olvido que tu violentas con tus palabras (eso dice Hugo: “Escribamos, violentemos al olvido”). Respirándolo en esencia. Esa que no habita los bosques de Cracovia, sino en los de tu vida, de tu existencia.

    Se que todo esta y estará bien. Pero hoy aquí estoy y aún a la distancia, en lo posible, me gustaría poder confortarte en tu dolor. No es un dolor reciente o un dolor intensísimo, pero es un dolor constante. Y cuando el dolor se comparte con los hermanos, a veces sin hablar, parece mitigarse.

    Te abrazo tremendamente fuerte. Directito y sin distancias. Com mucho amor.

  5. Sol Villa said,

    es imprescindible un enorme corazón y un espíritu lleno de sentimientos para tener la nobleza de recordar con tanto amor a un ser querido… porque la naturaleza humano siempre se inclina por lo opuesto… sin duda, las letras que salen de tu mente y de tus manos se traducen en fortaleza, inspiración y consuelo para los que las leen, pero para ti, son siempre un testigo fiel de una vida dedicada a lo que te apasiona, síntoma de una voación irrevocable: crear, vivir y plasmar tus sueños.
    Gracias Wen!

  6. emmanuel said,

    te quiero, te respeto y te abrazo wera.

  7. […] This post was mentioned on Twitter by Wendolín Perla. Wendolín Perla said: "Papá": https://purasletras.wordpress.com/2010/05/03/papa/ […]

  8. merodeador said,

    Agradezco al cosmos haber leído este texto.

  9. wenperla said,

    Wow… gracias. La verdad es que ustedes, con sus comentarios, le han dado una vuelta de tuerca a esta entrada. La escribí de madrugada, como siempre, haciendo gala de mi vida anacrónica, desordenada, caótica. A las 5 o 6 d la mañana abrí los ojos y me dieron muchas ganas de escribir esto. Pensé que sería, simplemente, una entrada más. Jamás pensé que fuera a tener en ustedes, lectores y amigos, el efecto que ha tenido. Y ahora, merecen saberlo, la reacción que a través de ustedes ha provocado en mí es arrolladora. A raíz de sus comentarios mi mente se ha ido volando, lo busca, lo añora… no lo encuentra.
    Gracias, gracias de corazón.

  10. Ale said,

    que bonito homenaje para tu papá…saber que dejó una huella tan profunda en tí. Creo que estará orgulloso de saber que no sólo eres una buena persona, sino además, en vías de ser una extraordinaria escritora que podrá dejar plasmado mucho de su rico mundo interior en las letras, que los demás podremos asomarnos y disfrutar visitándolo.
    Al alguien acabo de escucharle decir (no recuerdo donde, ni quien) que cuando alguien muere, comienza a vivir dentro de nosotros mismos…así que él está ahora muy cerca de tí.
    ¡gracias Wen!

  11. Robert said,

    Wen.

    Gracias por llevarnos a recordar a nuestor padres, recordando el tuyo….

    Robert.

  12. Viridiana said,

    Wen

    Que hermosas palabras. El día de hoy algo me hizo ir a tu página y me encontré con esta narrativa que me hizo derramar lágrimas. Lo más curioso es que el día de ayer me estaba acordando de mi papá y de hecho todos los días me tengo que convencer que no importa cuanto quiera hablar con él no lo puedo hacer. Pero desesperadamente ayer lo añoré, lo traté de buscar en el espejo, en extraños incluso en la tele pero no, nadie es el.

    También desde que el falleción todos los días me pregunto como me recordará mi hijo si algún día muero. Su muerte me hizo tratar de volverme inmortal en los recuerdos de la gente que amo puesto que de él no hay muchas memorias en mí, si no más bien huecos que trato de llenar e inventarme historias de como y quien era mi papá. Que bueno que tu tengas tan lindos recuerdos del tuyo, incluso aquellos que no lo son tanto.

    Enserio, te digo de corazón que si yo extraño y pienso todos los dias en un hombre que a penas conocí, no me imagino como lo extrañas tú. Eres una persona muy fuerte, un gran ejemplo y como ya sabes te admiro de corazón.

    Besos

    Viri

  13. Bnazar said,

    WoW, genial, lloré. No arruniaré la sensación que me dejas, diciendo algo más.

    Grax Wendolin!!!

  14. […] Ni siquiera fui antes de irme a Polonia, a sabiendas de que mi ausencia se prolongaría casi por dos años. Es más: a sabiendas de que quién sabe si regresaría. (Pero cómo no regresar a mi México tan querido.) Tampoco fui cuando volví. Esto quiere decir que hacía, más o menos, cinco años que no iba a ver a papá. […]


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