17 marzo 2010

Mi ego violentado

Posted in autobiografía, vicisitudes a 9:35 PM por wenperla


Desde hace ya varios días reviso compulsivamente el “tablero” de este blog para ver si, de casualidad, el viento vuelve a estar a mi favor. Hace ya bastante tiempo que los lectores se mantienen en silencio: muy pocos comentan ya.

No hay mayor ilusión del blogger que regresar al blog y hallarse un comentario nuevo. Javier Marías, entre muchos otros, se ha pronunciado contra la cultura del blog. La interactividad con el lector le parece nociva, venenosa, infame. Yo, contándolo entre mis escritores favoritos, discrepo con él hasta el infinito. Para el blogger lo verdaderamente importante son los comentarios. Los que aquí escribimos sólo lo hacemos por eso: por el placer de escribir. Mentiría si les dijera que lo que pretendo con esto es ampliar mi red social y “conocer gente”. Mentira. Escribo aquí, por un lado, porque cada post es un nuevo reto: porque cada vez que pongo algo aquí hago un esfuerzo extraordinario por ejercitar mi escritura. Creo que a escribir sólo se aprende escribiendo y he ahí entonces una de las razones de sostener este espacio en pie.

No obstante, no es sólo eso. Es el ego de todo aquel que juega a ser escritor. Es la necesidad de llegar hasta otros, y no sólo por casualidad. El verdadero goce del escritor se experimenta cuando son los demás quienes llegan hasta su texto: cuando lo procuran, cuando lo esperan, cuando están dispuestos a pagar por él. Aunque en el caso del blog —al menos en el caso de este blog— el último inciso no aplique —¡nada más lejano!—, los bloggers tenemos la obligación de darnos por bien servidos con el hecho de que los lectores le roben unos minutos a su itinerante realidad para recorrer las líneas aquí plasmadas.

No sé yo si juego a ser escritora. Creo que negarlo es jactarme de una modestia que, de tan falsa, se disuelve tan sólo al decir que no. En mi cabeza hay demasiadas ideas que corren vertiginosamente de un lado a otro y que son, constantemente, crispadas por la intempestiva realidad del mundo de hoy. ¿Qué voy a hacer con tantos argumentos, con tantas historias inconexas, con tantos retazos de nada, si no es vertirlos en éste, el espacio que con esfuerzo y —tan poca y mal administrada— disciplina he ido construyendo?

Vaya, que no puedo negar la importancia de este blog en mi vida. Estos días han sido de muchísima inventiva. Este, este, este, este, este, este y este post han sido creados en menos de un mes. La respuesta de los lectores ha sido muy pobre, por decir lo menos. Y entonces añoro, de verdad, aquellos días donde con un solo post lograba desafiar la pasividad de quien me lee desde la comodidad de su monitor, invitándolo a exponer su opinión, a pronunciarse al respecto, a contribuir a un debate para mí muy significativo.

Si me preguntan a qué obedece esta —permítanme el sustantivo— “crisis”, creo que tengo varias hipótesis. He de decir, aunque me escuche fatal, que no creo que se deba a que la “calidad” —si es que puede hablarse de tal cosa— se haya ido deteriorando progresivamente. Si acaso, me parece, la escritura de estos días es menos rudimentaria que la de antes. Creo que si este espacio ha perdido lectores —o ha inhibido la interacción con los mismos— se debe, en este orden, a los siguientes factores:

1. A la inconstancia de quien esto escribe. A que soy un desastre. A mi indisciplina. A que desaparezco por dos meses y de pronto reaparezco con bríos renovados y casi asfixiantes —sirva el último mes como prueba irrefutable—.

2. A mi silencio, a mi falta de respuestas. A que también me conformo yo con ser un observador impasible que acecha desde el rincón, sin dar pie a un intercambio más interesante.

3. A mi nula presencia en otros blogs. ¿Cómo diablos puede dolerme que no lean lo que aquí se escribe si quien esto escribe no es lectora de blog alguno? A mi favor, la siguiente —e inútil— excusa: el combustible de este espacio es la literatura en el sentido más literal de la palabra, y cuando he de decidir entre bloggear o leer novelas, yo confieso: leo novelas.

4. Finalmente, a medida que los tiempos han evolucionado y el mundo se capitaliza, se globaliza, se satura… la lectura ha ido convirtiéndose en un lujo prácticamente inasequible. ¿En qué momento vamos a leer —blogs— si tenemos que manejar hasta el trabajo, cocinar, trabajar ocho horas, salir de paseo, asistir a tertulias, ejercitarnos, procurar a los seres queridos, etcétera?

Ahora que lo pongo en palabras, francamente, no me extraña lo que aquí ocurre. He de levantar la voz desde aquí para agradecer a todos aquellos que no han claudicado en el camino y siguen visitando Purasletras. La verdad es que un solo lector fiel vale más que todos los lectores ocasionales del mundo.

Qué horror… ¡Soy una egocéntrica!

28 comentarios »

  1. egocéntrica o no, yo te leo y te quiero.

  2. Melva said,

    Decir ¡Calma, calma! me parece decir poco… a veces somos lectores silentes, te disfrutamos lo mismo, o más…

    Dejé de visitar el blog de Javier Marías hace tiempo, aunque sea uno de mis favoritos jejeje

  3. Lily Carrillo said,

    Me encanta lo que escribes aunque no te deje comentarios. Saludos desde México.

  4. Pumpkin said,

    Quizás comentaría más si me sintiera con la misma energía literaria que tu, para serte muy honesta, me siento frustrada porque los últimos meses han sido de poca creación literaria y bastante tesis, política y derecho internacional de lo cual ya estoy harta. Me siento devastada por los quehaceres diarios que no logro terminar y encima de eso cuidar mi régimen alimentario supervisado por mi nutriólogo… por si no fuera suficiente quiero graduarme siendo talla 5 y no 9.
    Entonces pumpkin… mi razón personal es egoísta… tu si puedes y yo ahorita estoy seca de sensaciones literarias.
    Pero por favor sigue escribiendo, pues adoro leerte!

    Tu amiga por siempre,
    Pumpkin

  5. Pues bien es algo de cierto que de repente te desapareciste un rato del blog, pero yo por eso tengo tu blog bien puesto en mi google reader para enterarme cada que escribes algo, si bien no siempre comento porque como sabes mi habito de lectura es malo pero escaso, y por eso muchas veces no tengo que comentar. Y en casos como ese, ese ese, ese y aquél post aunque los habia leido tampoco habia comentado ya que mi ancho de banda en la oficna es límitado.

    En fin creo que muchos no hemos olvidado para nada tu blog, pero a veces se complica leer o comentar… Igual podrias twittiritear un poco mas para acordarnos de leerte, el viernes te daré un #FF pa que se acuerden :p

  6. Rojo said,

    Hola

    Coincido en las chispas que uno tiene al momento de escribir y narrar cualquier evento, suceso o idea que se nos venga a la mente, pero también siento que estamos en una etapa donde otros objetivos sobresalen más que otros, no digamos las actividades que tenemos que cumplir cabalmente y que nos quitan esos momentos para maquinar ideas. De cualquier forma siempre me gusta visitar tu blog, es un espacio enriquecedor.

    Saludos

  7. Ana Paula Dávila said,

    Mmm, te iba a escribir por acapero mejor te mando un mail.
    Besitos

  8. Xerófilo said,

    Hola.
    Yo te leo con bastante frecuencia desde hace como un par de años.
    No suelo comentar porque, como ya lo acaban de señalar algunos, generalmente no conozco al libro o al autor, y me parece muy superficial lo que podría escribir en esas circunstancias. Es decir, te leo para aprender justamente eso, sobre autores y libros desconocidos.
    Un motivo adicional para no comentar es que, la verdad, eres muy lúcida, muy explícita, de tal forma que ni siquiera hay modo de decir algo como ¿no podrías explicar o desarrollar más tal o cual idea? Obviamente eso es muy bueno.
    Así que ni modo. Pero para que tu ego no esté tan maltratado, te sugiero lo siguiente, cada comentario multiplícalo por diez, te aseguro que ese será el número aproximado de lectores que haya tenido lo que publicaste.
    Saludos
    RRS
    PD. Por cierto, te aseguro que trataré de leer cuando menos tres de los libros que has comentado recientemente. Me parece que ese es el verdadero elogio que se te puede hacer.

  9. Lear said,

    Me niego, me niego, me niego (y eso qué importa) a apoyar la idea de que para el bloguero lo importante son los comentarios. ¿De qué se trata, Wendolín Perla? ¿Entre más comentarios, mejor el texto? ¿Entre más comentarios, más “fama”? Yo me quedo con la idealización de los lectores secretos, esos que pasan, leen, piensan y ya, nada. ¿No es eso lo que todos querrían?

  10. Presente!

  11. Ariadna said,

    Estoy de acuerdo con Lear.
    Yo soy de las que piensa que uno escribe para uno mismo, no para los demás (qué mejor ejemplo que mi blog carente de comentarios, jojojo).

  12. Robert said,

    Wen

    Como dice Xerófilo, es dificil comentar a nosotros, los mortales, tus escritos tan lúcidos, trató de leer los mismos libros que comentas, pero mi veocidad de lectura no es como la tuya, además, con la escuela me queda poco tiempo para leer otra cosa más que libros de texto. Sigue igual, aqui estaremos tus lectores aunque no respondas a nuestros comentarios.

    Con afecto.

    Robert.

  13. Ale said,

    Siempre disfruto leyéndote. Lo haces con una gran claridad, usando adjetivos de manera precisa, creando frases que no solo son bellas sino que explican las ideas que bullen por tu cabeza. Eres capaz de transmitir emociones, sentimientos y siempre me asombra tu escritura. Ya quisiera yo tener un poquito aunque fuera, de tu talento.
    ¡no dejes de escribir!

    Un abrazo,
    Ale.

  14. JCC said,

    El 98% de las veces (como dice Lear) paso, leo, pienso y ya. El 2% restante, me dejo llevar por mis ansias de protagonismo virtual y decido comentar lo que me bulle en la cabezota. Entiendo y no juzgo tu necesidad de saberte escuchada.

  15. wenperla said,

    Ah caramba. Ora sí llegaron con todo.

    Agradezco infinitamente sus respuestas. Infinitamente. A todos ustedes los conozco, los recuerdo y (lo más importante) los reconozco. Gracias de verdad.

    Lear y Aria: No es cierto. Es mentira que uno escribe para uno mismo. ¿A quién queremos engañar con eso? Si así fuera, cada vez que escribiéramos algo lo aniquilaríamos, borraríamos todo rastro de su existencia. Escribimos para que nos lean. ¡Seamos honestos!

    Y además, los blogs son para eso: para interactuar.

    Ahora, quede clara una cosa: así pasen años sin tener comentarios, yo seguiré posteando. Seguiré haciéndolo porque soy adicta a este espacio: yo NECESITO escribir aquí de vez en cuando. No obstante, no me nieguen que cada vez que vuelven a su blog y hay un comentario nuevo les palpita el corazón como cuando aquellos ayeres…

    ¡Reconózcanlo!

    Y si a ustedes no… ¡pos a mí sí!

    Y sí, Xerófilo, tienes razón: el mejor elogio del mundo es que se sientan motivados a leer un libro que aquí se comenta. Claro que sí.

  16. Lear said,

    Yo estoy de acuerdo con Lear

  17. Chejov said,

    Pues aquí seguimos, Wendolín…
    Siempre te leeremos. Tu público que a veces parece cautivo pero aquí estamos.
    De ahora en adelante pasaré a que me pongas asistencia,eh…

  18. Lily Carrillo said,

    Yo estoy de acuerdo con Wen, escribimos para que nos lean y nos encanta recibir retroalimentación, comentarios o saludos de quienes visitan nuestro blog. Si escribiéramos para nosotros mismos ni siquiera se nos ocurriría tener un blog.

  19. Robert said,

    Wen

    Una vez más: presente….
    Seguiremos leyendo con deleite….

    Robert.

  20. wenperla said,

    Bien rematado, Lily: “Si escribiéramos para nosotros mismos ni siquiera se nos ocurriría tener un blog”. ¡Evidentemente!!!

  21. Viviana said,

    Hola.

    Sólo para decir presente.
    Soy una de esas lectoras que recibe un mail cada vez que agregas una entrada, nunca comento pero me anoto en la categoría de seguidores del blog que piensa luego de cada una de tus lecturas.
    Tranquila… hay gente del otro lado de tu ordenador….
    Abrazo

  22. Gurisa said,

    Jajajaja. La autora del blog se “queja” y todos “aparecemos”.
    ¿Te acordás que en algún momento quisiste poner un contador de visitas para ver cuántas personas “silenciosas” pasaban por aquel espacio en Ciudad de Blogs? Muchacha, creo que si conocieras un poco más del mundillo de los blogueros (y más considerando que ya llevas un buen tiempo en esto), sabrías que muchos siguen leyéndote: por el feed, por twitter, por facebook, por este mismo espacio… Y probablemente sean muchos más que los que te comentan.
    Sí he notado una evolución en tu escritura, maduraste en estos años. La práctica te está haciendo una maestra. Y quienes no seguimos tu paso, bueno… seguimos siendo “incultos cultivables”. Es como si todos siguiéramos en el curso “regular” y vos tomaste el acelerado de 3 meses😛
    ¡Imaginate alguien que recién te descubre y quiere ser cultivado!
    ¿Acaso está mal este imperceptible cambio? Y… viendo los que aparecieron y calculando todos aquellos que siguen silenciosos, el cambio fue positivo, aunque quizás sí, algo intimidante, jajajaja.

    Besos!

  23. Lear said,

    Ash…, no sé por qué le sigo aquí…

    Yo recuerdo ese momento cuando se te ocurrió lo del contador de visitas y cuando se te ocurrió que todos los que pasaran dejaran un comentario. Fue un asco. Justo porque fomenta lo que ha pasado en algunos de los comentarios a este blog, que la gente llegue y diga nada. Entre decir nada y nada decir, yo me quedo con lo segundo.

    Y no mando saludos tampoco.

    (no se tome como ejemplo este comentario)

  24. Tonatiuh said,

    Soy lector fiel y constante de purasletras😉

  25. Jorge Acosta said,

    Wendolin:
    Me sumo a los muchos que reaccionaron ante tu queja compartiéndote un fragmento de “Las pequeñas memorias”, reciente libro autobiográfico de José Saramago. Muchas de sus líneas me agradaron; éstas, que retratan a sus abuelos, me llegaron hondo, no entiendo por qué.
    Que te siga yendo muy bien, ahora en Polonia.
    Con un abrazo.
    Jorge

    Caía la lluvia, el viento zarandeaba los árboles deshojados, y de tiempos pasados viene una imagen, la de un hombre alto y delgado, viejo, ahora que está más cerca, por un camino inundado. Trae un cayado al hombro, un gabán embarrado y antiguo, y por él se deslizan todas las aguas del cielo. Delante vienen los cerdos, con la cabeza baja, rozando el suelo con el hocico. El hombre que así se aproxima, difuso entre las cuerdas de lluvia, en mi abuelo. Viene cansado, el viejo. Arrastra consigo setenta años de vida difícil, de privaciones, de ignorancia. Y no obstante es un hombre sabio, callado, que sólo abre la boca para decir lo indispensable. Habla tan poco que todos nos callamos para oírlo cuando en el rostro se le enciende algo así como una luz de aviso. Tiene una manera extraña de mirar a lo lejos, incluso siendo ese lejos la pared de enfrente. Su cara parece haber sido tallada con una azuela, fija aunque expresiva, y los ojos, pequeños y agudos, brillan de vez en cuando, como si algo que estuviera pensando hubiera sido definitivamente comprendido. Es un hombre como tantos otros en esta tierra, en este mundo, tal vez un Einstein aplastado bajo una montaña de imposibles, un filósofo, un gran escritor analfabeto. Algo que no podrá ser nunca. Recuerdo aquellas noches templadas de verano, cuando dormíamos debajo de la higuera grande, lo oigo hablar de la vida que tuvo, del Camino de Santiago que resplandece sobre nuestras cabezas, del ganado que criaba, de las historias y leyendas de su infancia distante. Nos dormíamos tarde, bien enrollados en nuestras mantas para defendernos del frío de la madrugada. Pero la imagen que no me abandona en esta hora de melancolía es la del viejo que avanza bajo la lluvia, obstinado, silencioso, como quien cumple un destino que no podrá modificar. A no ser la muerte. Este viejo, que casi toco con la mano, no sabe cómo va a morir. Todavía no sabe que pocos días antes de su último día tendrá el presentimiento de que ha llegado el fin, e irá, de árbol en árbol de su huerto, abrazando los troncos, despidiéndose de ellos, de las sombras amigas, de los frutos que no volverá a comer. Porque habrá llegado la gran sombra, mientras la memoria no lo resucite en el camino inundado o bajo el cielo cóncavo y la eterna interrogación de los astros. ¿Qué palabra dirá entonces?
    Tú estabas, abuela, sentada en la puerta de tu casa, abierta ante la noche estrellada e inmensa, ante el cielo del que nada sabías y por donde nunca viajarías, ante el silencio de los campos y de los árboles encantados, y dijiste, con la serenidad de tus noventa años y el fuego de una adolescencia nunca perdida: “El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir”. Así mismo. Yo estaba allí.

  26. Hola Wen!
    Como estas? aquí en el trabajo, voy leyendo poco a poco, estoy leyendo libros de la historia de México, y con mi suscripción a la revista, Relatos e Historias, Arqueología Mexicana y Astronomía, por el momento no tengo lista de libros para leer. He realizado platicas de Astronomía a grupos de personas y me siento muy bien, algo que lo tomo como hobbie, me ha llenado de satisfacciones.

    Ya ni lo del negocio o de lo que estudie he tenido tanto movimiento o invitaciones a realizar platicas. Claro no por ello dejo de actualizarme.
    Me acuerdo de ti, por que han visto mi libro de el 100 años de soledad y preguntan. Quien es Wen? les explico. Y mas de que lo tengo en primer peldaño de mi librero.

    Ahí esta mi blog, espero lo visites y me regañes por las faltas de ortografía. teacher!

  27. Me ha gustado mucho tu blog. Lo he compartido a travès mi facebook. Agradecida por lo que compartes, yo humilde lectora, apoyo lo que expones…..

  28. Hola, te escribo este comentario esperando justificar una entrada que he hecho en mi blog. Aunque, en realidad, esa era la primera intención. La idea era decirte que había escrito sobre tu blog después de leer un par de entradas que ni siquiera sé precisar. Y después de leer los posts que etiquetas con autobiografía, pensé que debía decir que escribes muy bien y que me emocionaron. Y luego decidí que en vez de rectificar en el blog, iba a hacer un comentario porque me parecía que lo ibas a agradecer más.
    Aunque tengo que decirte que al ver la cantidad de comentarios que tiene esta entrada sí que me pareció un poco egoísta de tu parte. Todos tenemos poco tiempo para tantas cosas que queremos hacer, pero a mí sí que me faltan comentarios. Ya te digo. Aunque solo sea para decirme qué hago mal.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: