10 marzo 2010

El librero de Kabul

Posted in para incultos cultivables a 1:21 PM por wenperla



En el prólogo a su libro (ya luego discutiremos la cuestión de prologarse a sí mismo), Åsne Seierstad escribe que decidió escribir sobre la familia de Sulthan Khan porque se sintió inspirada por ellos. No hubo ninguna otra razón. Si la intención de la autora hubiese sido retratar la cotidianidad de Kabul, hubiera tenido que optar por otra familia: una familia con hambre, analfabeta y conservadora. La familia del librero de Kabul, si bien nos permite echar un vistazo en el Afganistán de hoy, no es una familia común.

Sulthan Khan es un hombre de carne y hueso que bien pudimos haber importado de la ficción. Es un hombre trabajador, tenaz, duro, de convicciones claras, realista y entusiasta al mismo tiempo. Es un hombre que cuestiona, que se enfrenta, que somete, al que hay que temerle. Sulthan Khan tomó una segunda esposa muchos años después de haber tenido sólo una. Haciéndolo, hirió a su primera esposa e hizo feliz a la segunda quien, con menos de 20 años, gozaba ya del prestigio producto de ser la esposa del librero más importante de Kabul.

Afganistán está en todas partes. Y tan en todas partes está que, en realidad, no está en ningún lado. Todos los días le echamos un vistazo a los periódicos que por no dejar nos cuentan que, una vez más, “un ataque suicida ha dejado X muertos en Kabul”.  Aquellos que hemos llegado a sentir un poco más de curiosidad por aquella región tan lejana (afortunadamente, pensaremos los más), sabemos que la historia de este país, un poco al estilo haitiano, es una historia de opresión, de pobreza, de saqueos, de regímenes dictatoriales, de fes mal encauzadas que han dado lugar al resquebrajamiento de una sociedad vulnerable, tan vulnerable como las mujeres a las que, desnudas, apedreaban públicamente so pretexto de adulterio cuando los talibanes tenían el control total del país. Entre Rusia, los talibanes y los norteamericanos, este país apenas tiene una rendija por la cual respirar.

Bajo las órdenes estrictas de Sulthan Khan, la familia del librero de Kabul incorpora a Åsne Seierstad en su dinámica diaria convirtiéndola en parte activa de este microcosmos árabe, medio-oriental, musulmán, diferente, sorprendente, humano. Åsne observa desde el umbral, indaga, documenta, pregunta, ata cabos. Sobre todo, escribe. Escribe no sólo lo que ocurre sino lo que los protagonistas de esta historia piensan y sienten, aquello de lo que se alegran y aquello por lo que se lamentan. Los tres meses de inmersión en la vida y los rituales de esta familia salen a relucir a cada vuelta de página.

A los más jóvenes la educación, que debiera ser un derecho inalienable de todo ser humano, les es arrancada sin previo aviso para incorporarse, abruptamente, a las filas de una realidad dura, incierta y despojada de toda ingenuidad. He aquí otro punto en común entre aquellos que se disputan la Tierra Santa: tanto para los judíos como para los musulmanes, no hay bien más preciado que la educación.

Las bodas, los alumbramientos, el escarnio público cuando se infringen las leyes que dicta el Corán, las estúpidas prohibiciones del talibán y la “liberación” norteamericana, las peregrinaciones hacia los recintos sagrados, los robos por hambre y la condena perpetua, el papel de la madre y la añoranza de otros tiempos, todos estos elementos se conjugan para ofrecerle a lector un escenario del cual no podemos sino aprender. ¿Nuestra obligación como testigos? Ahorrarnos los juicios y, sí que se puede, promover el entendimiento entre las culturas y las naciones. (Oh, mis profesores estarían tan orgullosos de mí.)

Hay una cosa que no podemos perder de vista: lo que diferencia a este libro de los demás, lo que lo vuelve único y para ciertas personas más atractivo, es que relata la lucha de un hombre para preservar uno de los poquísimos nichos de cultura escrita en el país. Un hombre que ha sido más de una vez encarcelado, que ha mentido para proteger sus libros (a los que más de una vez los talibanes han prendido fuego), que cruza fronteras infranqueables con tal de seguir vendiendo libros. En Afganistán, país donde los derechos de autor no son más que una quimera, donde cada quien reproduce y fotocopia lo que quiere, donde vender libros es aún más complejo de lo que lo es en otras zonas del mundo, la labor de Sulthan Khan es digna, como mínimo, de un libro como éste.

Este libro, de la mano con Cometas en el cielo, es una herramienta extraordinaria para comprender lo incomprensible, para identificarnos con aquellos, tan distintos a nosotros, pero más cercanos de lo que pudiéramos imaginarnos. Luego de leer este libro, cada bomba que caiga sobre Kabul calará hondo, muy hondo, en el corazón del lector que ha tenido la oportunidad de adentrarse, por medio de la literatura, en el día a día de una familia de Kabul.

No quiero pecar de ingenua, pero ojalá pronto llegue el día en que de las bombas que caen sobre Kabul sólo quede constancia en las páginas de la historia. Afganistán, al igual que Haití y como muchas otras naciones, necesita descansar. Sacudirse el miedo y reconstruirse desde 0. Y mientras tanto, ¿nosotros qué hacemos? Leer, entender, conversar, tocar puertas y abrir corazones por medio de historias como la de Sulthan Khan.

2 comentarios »

  1. […] de este blog en mi vida. Estos días han sido de muchísima inventiva. Este, este, este, este, este, este y este post han sido creados en menos de un mes. La respuesta de los lectores ha sido […]

  2. gua said,

    este libro da pena y mucha impotencia nadie respeta a nadie y todos están cautivos de lo que creen que deben creer ,aunque su vida no valga nada ,


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