14 enero 2010

Luto por Haití

Posted in una ventana al mundo a 11:22 AM por wenperla


Desde aquel capítulo siniestro, he cambiado. Bastante, creo yo. Me parece que fue entonces cuando comprendí que a medida que leemos los periódicos, que viajamos, que nos acercamos a la catástrofe, sufrimos menos por las tristezas personales. Estamos obligados a ello. Aunque siguen rodando las lágrimas ante el desolador espectáculo de la tragedia, nos volvemos cínicos. Ya nada nos parece suficiente. Los dolores propios, increíble pero cierto, comienzan a opacarse ante los recuerdos colectivos que permanecen al rojo vivo en la memoria. Y hoy, al despertar, lo he corroborado.

Un Puerto Príncipe devastado (cito aquí a Maruja Torres, quien atinadamente declara que el adjetivo “devastado” está devaluado). El país más pobre de América Latina ha sido una vez más azotado con las fuerzas impías de la naturaleza. En cada esquina, apilados, yacen los cadáveres de quienes no reunieron las fuerzas suficientes para liberarse de entre los escombros.

“Una morgue al aire libre”, eso he escuchado. Con base en las palabras de un chicho haitiano desesperado, un encabezado de El País reza “No hay comida, no hay teléfono, no hay agua, no hay nada”. Un país ha perdido de golpe sus escuelas, sus hoteles, sus sedes gubernamentales, su catedral. Una catedral que se ha derrumbado ante los ojos de los fieles a quienes su dios no ha querido escuchar. Un país olvidado que hoy, una vez más, se sume en la más tremebunda de las oscuridades.

La gente deambula pidiendo ayuda. Esquivando cadáveres a su paso, los sobrevivientes de la tragedia deambulan sin rumbo fijo. “Tienen miedo de entrar en sus casas”. Están aterrorizados. La serenidad sólo logran conciliarla aquellos que ya lo han perdido todo y que siguen perdidos en sus propias cavilaciones. Los demás, los que sólo perdieron su casa, los que sólo perdieron uno de sus hijos, los que sólo perdieron una pierna o un brazo, suplican al mundo por un poco de ayuda. “Agua”, “pan”, “medicina”. No piden más.

La propia ONU ha recibido un revés sin precedentes. Es ésta la peor tragedia desde el atentado contra su sede en Bagdad: hasta este momento, 11 de la mañana en España, 16 muertos y 56 heridos.

No hay cifras certeras todavía. Algunos hablan de miles de decesos. Otros hablan de cientos de miles. Estamos, queridos lectores, ante un asalto inusitado. Ante un golpe bajo que ha dejado al descubierto, una vez más, la vulnerabilidad de los países que, desde las tinieblas, se ven obligados a reconstruir su historia una y otra vez.

No nos queda más que vivir. La muerte está siempre acechando. La muerte está al doblar cualquiera de las esquinas de la ruta que trazamos sobre el pavimento. Los desastres naturales siempre están ahí para recordarnos que no somos nada, que somos vulnerables, que la vida sigue su curso. No importa de qué estemos hechos. No importa que los suizos inviertan millones de francos en darle mantenimiento a sus refugios atómicos en caso de una guerra nuclear. Ante espectáculos como éste, queda en el aire la sensación de que en cualquier momento la Desgracia posa su mirada sobre nosotros y nada ni nadie podrá entonces detenerla. Vivamos entonces, dejemos de llorar por nimiedades, antes de que nos toque.

Yo sé que desde aquí mis palabras no sirven de nada. Escribo porque es la única forma que conozco para decir que lamento profundamente lo que ha ocurrido en Haití. Cínica y dura como lo soy (o como lo quiero ser), no he podido contener las lágrimas. Ante las imágenes y las palabras, se me ha estrujado hasta el infinito el corazón.

2 comentarios »

  1. Georgells said,

    Hola Wen!

    La tragedia en Haití, como bien mencionas, se ve lejana desde nuestros cinismos personales. Es hasta que conectamos a través de una persona, de un recuerdo o de un escrito como el tuyo, que tenemos la capacidad de sentir el dolor de tan lejos.

    Ahora bien, aunque te suene extraño, debo decirte que el adormecimiento personal ante el dolor tiene una razón: nos permite seguir viviendo. No existe otra manera de seguir, sabiendo que en este momento, en muchísimos lugares del mundo, hay gente muriendo de hambre, hay niños muriendo de enfermedades curables, hay ancianos muriendo de frio, hay personas asesinando impunemente…

    Por eso nos volvemos insensibles, para poder vivir a pesar del dolor ajeno. Y también por eso es indispensable que haya quien, como tú, nos recuerde que hay una tragedia y que vale la pena mirarla. Y que quien pueda hacerlo envíe algo, lo que sea.

    Te comento que en México también hay dolor. La nieve que cayó en las inmediaciones de Toluca y el Nevado aisló cientos de caseríos, tiró chozas, y dejó a mucha gente a merced del clima. Al menos aquí se está haciendo algo, pero, como siempre, es insuficiente.

    Y al final, queda sólo nuestra actitud ante el dolor: o bien nos regodeamos en él, nos volvemos pesimistas y declaramos que “todo está de la chingada”; o lo ignoramos tanto como nuestra incipiente esquizofrenia lo permita… o aceptamos que estamos en este mundo para hacer algo más y cada tragedia es la oportunidad de hacer algo, poco o mucho, pero algo. Hagámoslo.

    Abrazo,

    G.

  2. […] This post was mentioned on Twitter by Wendolín Perla, William Dietzel. William Dietzel said: RT @purasletras: "Luto por Haití": https://purasletras.wordpress.com/2010/01/14/luto-por-haiti/ […]


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