11 enero 2010

Literature from the “Axis of Evil”

Posted in para incultos cultivables a 12:37 AM por wenperla


Cuando pensamos en la presidencia de George W. Bush, lo único que nos viene a la mente es la palabra “atrocidades”. La que yo más recuerdo es la renombrada “guerra contra el terrorismo” que a todas luces podemos traducir como genocidio. Impelido por quién sabe qué fuerzas (satánicas, sin duda), Bush se dio a la tarea de “liberar” al Medio Oriente de sus regímenes opresores. Desmanteló dictaduras, sumió regiones enteras en la más profunda de las oscuridades, capturó villanos sin cabeza y resquebrajó el orden mundial.

El ataque a las Torres Gemelas de aquel lejano 2001 dejó al descubierto nuestra vulnerabilidad y, sobre todo, nuestra ignorancia. Ignorancia de los atacantes, obliterando las vidas que destruyeron so pretexto de debilitar un país por medio de uno de sus símbolos, e ignorancia de los atacados, quienes se entregaron con todo a la tarea de vengar esas muertes desplegando un ejército que esparciera un suplicio agonizante y eterno.

¿Cómo luchar contra el terrorismo si no podemos siquiera ganarle la batalla a la ignorancia? Ella, quien siempre se perfila como el más sanguinario de los enemigos, dejando a su paso devastación y oscuridad. “Ignorancia” es un eufemismo de guerra. Y guerra es sinónimo de fracaso.

El 29 de enero de 2002, George Bush habló por vez primera del “Axis of evil”. Con esta expresión condenó a aquellos gobiernos que promovían el terrorismo y la proliferación de armas de destrucción masiva. Bajo esta sombrilla se cobijaron entonces países de las más variopintas naturalezas, haciéndolas parecer un todo homogéneo sin prestar atención ni a las particularidades de cada nación ni a la individualidad de sus habitantes. Cuando se acuñara el término, tres naciones fueron abiertamente señaladas: Irán, Iraq y Corea del Norte. Otros varios países han tenido apariciones intermitentes. A saber: Siria, Libia, Sudán y Cuba.

Los periódicos nos ofrecen día a día recuentos de las historias que hemos venido escuchando desde hace ya varios años. Sabemos de las prohibiciones del islam y del comunismo en Cuba. Sabemos que los iraquíes siguen muriendo y que en el nombre de un dios polifacético siguen inmolándose los más ortodoxos. Sabemos que de izquierda a derecha el capitalismo se expande y sabemos de aquellas lejanas regiones de Oriente donde se ha levantado una cortina de hierro que no sólo impide el paso sino que ataca en contrasentido. Sabemos de la dinámica de este mundo que a través de los diarios se nos antoja cruda, a veces intolerable, cruel y absurda.

Sólo la literatura puede ofrecernos otro diálogo. Sólo por medio de la ficción es que podemos acercarnos a la realidad de aquellos a quienes otro sol calienta y de cuya cotidianidad sólo sabemos lo que nos ofrecen los periódicos.
Words Without Borders llega de nueva cuenta para sorprendernos. Publicado en 2006, Literature from the “Axis of Evil” es uno de los esfuerzos más bellos y mejor cristalizados que he tenido jamás entre mis manos.

Estados Unidos siempre se ha jactado de ser el non plus ultra en materia de libertad de expresión. Allá, presume la banda, de todo puede hablarse y la esfera pública permea todos los rincones de la vida ciudadana. Pues la realidad es que allá en Estados Unidos, icono de la modernidad y del progreso, un editor encuentra muchísimas trabas para publicar escritores iraquíes o norcoreanos. Hasta hace muy poco, la OFAC (Office of Foreign Assets Control) debía autorizar la publicación de los textos de escritores provenientes del “eje del mal”. Sin permiso, chin chin.

He aquí una cita de la (afortunadísima) nota del editor:

Literature, at its best, should allow us to see the individual rather than the general; to participate in some intimate way in other lives rather than melding them into shapeless abstractions. How many Americans —even the most bookish— have ever read the work of a contemporary writer living in Iran, Iraq or North Korea? Newspapers give us accounts of tyrannical and corrupt leaders, and brave dissidents under trial —the heroes and villains of the story— yet rarely do we have any contact with the more subtle hopes and ambitions of unique individuals, the oddballs and misfits as well as the “ordinary citizens”.

Esta antología es una pieza bellísima que, a caballo entre la prosa y la poesía, disipa la niebla y nos ayuda a dar un paso más hacia el entendimiento y la tolerancia. Estos textos toman uno de dos caminos: aquel que se ciñe a las políticas gubernamentales y obliga al escritor a desenvolverse dentro de los márgenes establecidos por el régimen (y donde entre líneas puede leerse otra historia), o bien aquel que desde el exilio se da a la tarea de hacer un recuento de los recuerdos, de los miedos, de la nostalgia. Estos textos, todos, son hermosos por lo que representan. Son ellos quienes nos permiten dialogar con la historia, con el mundo entero, con una realidad que de otro modo seguiría resultándonos lejana, ajena.

Nada más triste que mirar con indiferencia cómo se agrieta el mundo ante nosotros. El diálogo es lo único que, de ser posible, podrá salvarnos. El intercambio literario es el más sano de todos. La literatura, lo sabemos, puede cambiar el curso de la historia con más fuerza de la que cualquiera se atreve a imaginar.

Para cerrar, esta estrofa de Baghdad My Beloved de Salah Al-Hamdani:

Baghdad, my beloved,

you did not stand shivering in the doorway of the ruined days,

a whole civilization geared to killing

has robbed you of your innocence.

Baghdad, you who never submitted to Saddam, the brute

you have no reason to groan

at the simple revelation of that iron fist

those who busy themselves about your agonizing body,

those “liberators”, become his henchmen.

… Wow.

2 comentarios »

  1. Humberto said,

    qué significa “a caballo entre la prosa y la poesía”?

  2. wenperla said,

    Hola Humberto. “A caballo entre la prosa y la poesía” quiere decir que pasa de la una a la otra de forma recurrente.
    Un abrazo.


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