3 diciembre 2009

El sueño de un hombre ridículo

Posted in para incultos cultivables a 1:49 AM por wenperla


Es que el título me encantó: “El sueño de un hombre ridículo”. Se antoja muchísimo. (Aunque, en realidad, el cuento de Dostoievski que quería leer era “El idiota”, pero nunca lo encontré.)

Y es que lo ridículo siempre es bienvenido, aunque juguemos a que no nos gusta, a que lo despreciamos, a que hacemos todo cuanto en nuestras manos está para alejarnos de ello. Si no existiera la idea de lo ridículo tampoco existiría la aburrida noción de lo “prudente”, de lo “adecuado”. Y aunque la banda se empeña en ceñirse a esto último, la verdad es que si de algo nos reímos en esta vida es de lo ridículo, de lo improvisado, de la espontaneidad. Válgame esta apología al ridículo como introducción a este humilde post.

Nuestro personaje es un Bartleby cualquiera. Bueno, quizás éste tiene un poco más encanto que aquél. Su antipatía y su indiferencia son justificadas: la verdad es que, francamente, a la vida no le encuentra mucho sentido. Nada lo hace feliz. El fin último de su vida es la muerte, rebautizada como la única alternativa para sobrellevar este duro transitar por un mundo que no satisface sus requerimientos. 

¿Y cuál es, entonces, el paso a seguir? El suicidio, evidentemente. Ha decidido que terminará con su vida por la vía más segura y sin ninguna escala: un par de plomazos.  Y mientras se encamina hacia su casa con los objetivos bien claros, una pequeña lo aborda en la calle suplicante, pidiéndole ayuda. Y nuestro amigo se la quita de encima como los demás alejaríamos un mosquito: con un manotazo. Repudiar a un niño: la peor de las vilezas, la ruindad más contundente.

Llega a su casa y se prepara. Pistola en mano, es presa de sus propias cavilaciones. Antes de que pueda acometer su tarea es sorprendido por Morfeo, quien lo toma entre sus brazos sin poder oponer resistencia alguna.

Y quien nos cuenta esta historia en primera persona es este mismo hombre, pero al despertar. Éste quien en sus sueños logró perpetrar el suicidio. Inmóvil y ciego, conservó la conciencia y el tacto. Sumido en esta inmovilidad, es consciente de su autopsia, de su entierro, de su propia descomposición. La muerte ha resultado ser mucho menos interesante de lo que pensó: en realidad, le parece bastante incómodo estar muerto en esas condiciones.

Y entonces es rescatado de ultratumba por una mano desconocida, oscura, innombrable. Es hasta entonces cuando el miedo corroe sus venas y le paraliza todos los rincones de su cuerpo inerte. De repente, la luz. El Paraíso. No un paraíso cualquiera, no. El Paraíso de Adán y Eva, el Paraíso sin la previa consumación del pecado original. El Paraíso perpetuado hasta el infinito, donde no tiene cabida ni la más remota de las perversiones. El túnel de la muerte ha conducido a este inconforme pasajero ahí donde nada se sabe y donde, por lo tanto, todo es amor.

Y nuestro personaje aprende a amar. Y, en efecto, recobra las ganas de vivir. Así que abre los ojos, despierta del sueño,  y se da cuenta de que está vivo. Si todos los suicidas tuvieran esta oportunidad de replantearse su muerte, la tasa de suicidios descendería drásticamente. Sin duda.

Y si la historia se detuviera aquí no tendría ningún chiste haberla contado. Dostoievski no es de los que quedan satisfechos con el lugar común.

Nuestro soñador ridículo confiesa entonces que, antes de reincorporarse a la vida, pervirtió a las criaturas que con tanto amor lo acogieron en el Paraíso. Les enseñó a mentir, a envidiar, a discriminar. Diseminó entre ellos la lujuria, los celos, la inseguridad, la gula, la ambición y la traición. Lo que este Adán y esta Eva se evitaron sin morder la manzana, este soñador ridículo vino a escupírselos de frente, sin ningún escrúpulo, con toda naturalidad.

Y he ahí la razón de que este texto nos remita a la maravillosa Historia del mundo en diez capítulos y medio de Julian Barnes. Y he ahí que nuestro suicida devenga en ridículo, al convertirse en un predicador cualquiera de la fe: el típico prometedor de felicidades monótonas e inasequibles.

Pero qué buen texto, cómo no.

6 comentarios »

  1. Hola Wen, como siempre es un placer leerte y encontrar innovadoras propuestas literarias. Los libros de los que hablas siempre son un hallazgo.

    He posteado sobre tres libros en cuya publicación estuviste muy involucrada, ójala puedas echarle un ojo.

    http://gabrielrevelo.blogspot.com/2009/06/verloso-artista-de-la-mentira.html

    http://gabrielrevelo.blogspot.com/2009/11/el-pelon-en-sus-tiempos-de-colera-el.html

    http://gabrielrevelo.blogspot.com/2009/12/ardores-que-matan-de-ganas.html

    Saludos!

  2. Rojo said,

    La forma en la que narras las lecturas que recomiendas me incentiva a leer más material del autor y de plano comprar el libro. Este gusto que despiertas por la lectura es muy agradable y se agradece.

    Saludos

  3. hola said,

    La forma en la que narras las lecturas que recomiendas me incentiva a leer más material del autor y de plano comprar el libro. Este gusto que despiertas por la lectura es muy agradable y se agradece.

    Saludos

  4. Andrés said,

    Muy impersionante y reflexivo como el mismo Dostoievski. Te recomiendo que veas este corto de animación basado en este relato. Saludos.

  5. Andrés said,

  6. wenperla said,

    ¡Wow! ¡Muchísimas gracias! ¡Me encantó!!!


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