13 octubre 2009

La Rayuela de Cortázar

Posted in para incultos cultivables a 12:18 AM por wenperla


rayuela

He de reconocer que pretender hablar sobre Cortázar es todo menos una operación sencilla. Para empezar yo, melómana hasta la médula, he de apagar toda fuente de sonido sin importar la naturaleza del mismo (desde la lavadora hasta el audiolibro de El principito en francés). Luego, conviene dejar todo listo para no sentir presión alguna (recoger el cuarto, ponerse guapo, dizque hacer de comer e ingerir lo que buenamente uno ha pretendido preparar —rogándole a Dios que hoy tampoco nos haga daño eso que con nuestras torpes manos elaboramos en la cocina—, fumarse un buen cigarro y tomarse un buen té) y, finalmente, reconocer públicamente que lo que pueda uno escribir jamás estará a la altura del texto que aquí se pretende comentar: Rayuela. Perdón. RAYUELA.

Desde aquel primer contacto con sus cronopios y sus famas, el lector reconoce que leer a Cortázar es sobre todo una forma de vida. “Leer”, cuando de Cortázar se trata, es más bien un eufemismo que empleamos para no reconocer abiertamente que ofrecemos nuestras almas al más elevado de los sacrificios. Basta comenzar con “¿Encontraría a la Maga?” para firmar el acuerdo tácito mediante el cual ponemos nuestro espíritu a los pies de la fascinante aventura francoargentina que Cortázar nos regala con cada una de sus letras.

Lo primero que hay que hacer cuando nos paramos el cuello contándole a la banda que ya leímos Rayuela es, sin duda, confesar en qué modalidad la leímos: en el orden acostumbrado o siguiendo el gran invento al que nuestro autor tuvo a bien llamar “tablero de dirección”. Entramos aquí en una dialéctica bastante complicada:

1. Por una parte, los cultos asumen que uno no ha leído Rayuela hasta que se ha leído de ambos modos, al derecho y al revés, y varias veces en ambas secuencias, dicho sea de paso.

2. Los incultos sabemos que, por lo pronto, vamos a leerla una vez. La segunda vez quedará reservada para el futuro. Un futuro incierto que, conscientes somos, quizás no llegará. (¡Con tantísimo más que leer en tan poco tiempo de vida!)

3. Si sólo vamos a leerla una vez, lo “lógico” (y ya verán por qué las comillas) es pensar que se lea con base en el tablero de dirección. ¡Pos ése es el chiste!, ¿qué no? Pos no. Ya con el libro en las manos, luego de una disertación prolongada sobre el camino que debería tomar para entregarme a los brazos de Cortázar, el miedo a la incomprensión y al sinsentido me orilló a optar por la cronología tradicional.

4. Y ya cuando uno se acaba la novela en el orden tradicional, por supuesto, dan unas ganas tremendas de leerla al revés. (Y segura estoy de que de haber hecho lo contrario me sentiría igual.)

5. Finalmente, uno entiende que Cortázar es Cortázar al derecho y al revés y que la experiencia mística es igual de fuerte independientemente del método por el que hayamos optado.

Así entonces, comparto emocionada con ustedes lo que para mí implicó esta entrega, este desprendimiento.

A mí, leer a Cortázar me ha cambiado la vida. Cortázar me hace llorar de recordar cosas que ni siquiera he vivido. Se me olvidaba que las letras pueden llevarte de la mano hasta los deliquios más inesperados, que las letras se deslizan como el cuchillo sobre la mantequilla fresca sin dejar un solo grumo a su paso. Me hace revivir el amor desde un enfoque realista y desgarrador. Cortázar me lleva de la mano al orgasmo callejero, al de los clochards, a aquellos que prosiguen a la ingestión de una botella de un vodka cualquiera, mientras más corriente mejor, y nos penetra entonces un extraño cualquiera, hasta lo más hondo de nuestras entrañas. Por medio de artilugios literarios indescriptibles e inigualables, Cortázar me hace sentir francesa, argentina, mexicana y extranjera al mismo tiempo. Y, como si todo esto fuera poco, Rayuela evoca los escenarios más seductores del mundo: un París tremendo y elitista, un circo, un manicomio, el cosmos del inconsciente.

Me cansa un poco, hay que decirlo, el aire tan erudito de la novela. Tantos intercambios tan cargados de nombres propios, de fechas, de corrientes artísticas, de encabezados de acontecimientos ininteligibles, en fin, a mí me agotan muchísimo. Pero comprendo, sin duda, que la obra de Cortázar sin esas alusiones estaría manca, incompleta. (Ya lo dijo Búnbury: “no tengo remedio ni lo quiero tener”.)

Aprendí, entre otras cosas…

…que escandir es descomponer un verso en sus elementos constitutivos

…que el fautor es que le agarra la pata a la vaca

…que un plañidero es un quejica

…que la soteriología es la parte de la teología que estudia la salvación de las almas por la intervención de Jesucristo

…que una curda es una borrachera

…que una taranta es un arrebato pasajero

…que un pacato es un mojigato

…que parapetarse es atrincherarse

…que hacer algo motu proprio es hacerlo voluntariamente

…que un piscolabis es un tentempié

…que la tratativa es la etapa preliminar de una negociación

…que el último estertor es exclusivo de los moribundos

…que las batas también son guardapolvos

…que contemporizarse es avenirse

…que el deliquio es el éxtasis

…que un ectoplasma es un fantasma

…que la aquiescencia es beneplácito

…que un libro incunable es aquel que fue editado antes del año 1500

…que un penelopista es aquel que hace y deshace muchas veces una cosa

…que proemio es sinónimo de prólogo

…que el fastigio de una historia es su momento culminante

…que un gilipuertas es un estúpido

…que áulico es sinónimo de palaciego

Y lo más importante:

…que toda mi vida he estado equivocada. Cuando yo jugaba rayuela pintaba una línea en el piso y lanzaba mis tazos. El que quedaba más cerca de la línea se ganaba los tazos de los demás. Pero la verdadera rayuela, la de Cortázar, es lo que yo llamaba “el avioncito”.

Y me quedo feliz porque ya hice una de las tantísimas cosas que tengo que hacer antes de morir.

Vamos por el resto.

7 comentarios »

  1. Balam Nazar said,

    Wow, así como asombroso e inexplicablemente poderosa es la escritura de Cortázar, igualmente es su capacidad de inspiración. Me encanta tu reseña, sobre todo por la honestidad y pasión que le incrustaste, no se mete en discusiones inútiles, posiblemente por que ese juego que es la obra produjo tan buenas y acertadas palabras en tí.

    Debo confesar que se me crisparon los pelos del brazo al leerte y tal vez porque tuve la suerte de enfrentar la adversidad que significa luchar contra ese monstruo literario.

    Aunque a mi el Cortázar de los cuentos es el que más me vuelve loko!!!

    :::

    Yo realice la lectura contraria, y por fortuna mi novia la otra, y compartiendo nuestras opiniones descubrí un poco más sobre este juego.

    Cuando sigues la numeración tradicional, el sentido narrativo no lo es, los saltos de locación, de situaciones hacen del rayuela 1,2,3,4, algo muy innovador en el fondo.

    Cuando haces la lectura de capítulos propuesta por Cortázar, te das cuenta que la línea narrativa es más natural, se podría decir que los eventos tienen cierta cronología.

    Entonces esto es así, si lees en orden los eventos se desordenan, si les en desorden se ordenan.

    El final tiene un efecto muy bueno, en el orden desordenado. Pero que padre que leíste este libro, gracias por recordarme el día que lo acabe de leer.

    Eso si creo que valdría la pena mencionar, que la gente desobedeciera lo que Cortázar inteligentemente recomienda en un punto, diciendo algo así como “lo descrito a continuación, ya no tiene importancia leerlo” ya no recuerdo bien, pero si recuerdo que mucha gente en sus diferentes clases en donde los obligaron a leer este libro se quedaron ahí, y tal vez se perdieron lo más sublime de este señor.

    Lo que me lleva a recomendar que a Cortázar no hay que creerle nada, lo malo es que tampoco hay que no creerle.

    Saludos srita. Wendolin, que logres acostumbrarte pronto a tu nuevo hogar!!!

  2. Lear said,

    Hay que perderle el miedo a los nombres. Cortázar ya se murió, si dices que algunas partes no te gustaron él no se va a enojar, y si dices que todo te gustó, tampoco se va alegrar. La imagen está buena. Saludos!

  3. George said,

    Genial! aunque más que la Rayuela de Cortázar, leo la narración de tu experiencia buscando a la maga…

    He comprado ese libro tres veces y nunca lo he leído. Lo he regalado sólo una vez, a quien ya lo había leído. Lo perdí en otro intento y, por razones que ignoro – pero mi terapeuta seguro conoce – no he vuelto a buscarle.

    Quizá sea hora de volver a pintar el avioncito en el suelo…

    Abrazo!

    G.

    P.S. Por cierto, me recomendó tu blog una fan. Y comprobé una vez más su buen gusto (el de tu fan). Seguiré tus andanzas.

  4. Eduardo said,

    Rayuela es una novela muy dispar, al lado de páginas bellísimas hay mucha paja y a lo largo de toda la novela campea la pedantería erudita de Cortázar a menudo difícil de digerir. No quiero decir que no la haya disfrutado, o que no la recomiende, es un libro que hay que leer, pero también es un libro sobrevaluado, Cortázar fue mucho mejor cuentista que novelista y para novelas latinomamericanas, yo me quedo con “Gran Sertón: veredas” del brasileño Joao Guimaraes Rosa.

  5. Christopher Perla said,

    Muy buen libro. Me gustó.

  6. wenperla said,

    ¡Hola a todos! ¡Gracias por sus comentarios!

    Eduardo: vaya que tienes razón. Pusiste en las palabras correctas lo que yo quería decir y, me temo, no logré. Ahora, para que lo sepas, buscaré la forma de hacerme de un ejemplar del Gran Sertón para constatar tus palabras. A ver si en Bilbao me hallo una copia.

    Christopher: ja, ja, ja, ja.

    ¡Beso pa’ todos!

  7. sí. Rayuela es un deleite en todos los sentidos. es de mis libros favoritos no sólo por la calidad del texto, sino por el proceso al que me llevó su lectura. esa experiencia de ‘dejarme ir’ y reaccionar horas después, inmensamente feliz, inmensamente intrigado, inmensamente tocado por la atmosfera de parís y buenos aires.

    confieso que sólo lo leí por medio del tablero, suficiente para saber que de Rayuela no sé nada, y sin embargo, ya viví en sus páginas.

    saludos desde tu méxico.


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