23 abril 2008

El lector

Posted in para incultos cultivables a 11:49 AM por wenperla


el-lector

No cabe duda de que la realidad supera la ficción. Siempre. Y no es que vaya yo a hablar de la realidad, no. Voy a hablar de ficción. Lo que pasa es que acabo de enterarme de que la ficción esta que tan fascinada me tiene es, nada más y nada menos, una novela autobiográfica.

Cuando la Feria del Libro del Palacio de Minería, me regalé Anagrama. Una quincena entera en Anagrama (que bueno, mi quincena, como deben saber, no mucho es). Y he devorado ya dos de mis adquisiciones, y ambas han resultado exquisitas. Hay un abismo entre ellas, eso sí, pero eso se verá sobre la marcha.

Si les gusta leer y, además, se inclinan por esos libros a los que La Crítica ha tenido a bien denominar “clásicos”, más de uno debe ya haber leído el LIBRAZAZAZAZAZO de Bernhard Schlink: El lector.

Cuando compro un libro, procuro no leer las contraportadas. Hay ocasiones en las que es imposible evitarlo, por ejemplo, cuando tienes en las manos Corazón tan blanco y Mañana en la batalla piensa en mí… ¡Coño! ¿Qué se hace en esos casos? Pues bueno, las lees, aun cuando seas una calamidad y de cualquier modo acabes comprando los dos, como yo. Ni hablar.

Yo no leí la contraportada de El lector, nomás lo compré. Y no fue, tampoco, mera casualidad. Había un chico pululando por ahí:

Disculpa, ¿puedo hacerte un comentario?

Ajá…

Veo que llevas varios libros, pero te falta uno. Neta, llévate éste… no te vas a arrepentir.

Y me lo llevé. Y vaya que no me arrepentí.

Una historia de la Alemania de la segunda posguerra. Un adolescente que se obsesiona con una mujer de treinta y tantos y con la que luego sostiene una relación. Esta mujer, de temperamento fortísimo, de conductas incomprensibles, de reacciones inconfrontables, de proporciones extensas pero exquisitas, un buen día se va sin dar explicación alguna.  

Nuestro adolescente, que para entonces ya roza la adultez, aprende a no martirizarse con la incertidumbre y se incorpora, de pronto y sin más, a la etapa que le toca vivir. Nunca, nunca, NUNCA deja de pensar en ella. Pero así nos pasa, ¿no? Hay algunos que, irremediablemente, llevamos tatuado en la memoria el recuerdo de alguien, y no importa cuántos otros álguienes lleguen… ESE alguien nunca se va. Carajo.

Y bien, el tiempo pasa, y nuestro personaje estudia una carrera. Retrato de nuestro autor, opta por el derecho. Y entonces, siete años después de haberse despedido consigo mismo de aquel tórrido amor, se halla a aquella mujer en un juicio de crímenes de guerra. Y no, no es ella ni juez ni testigo, ni periodista ni guardia, es la acusada. Y, ¿por qué no decirlo? Acusada culpable de muchas cosas, mas no del crimen que ahí se le imputa.

Pensaba no contarles el final para no arruinar la historia. Pero, ¿qué pensarían si les digo que aun cuando les cuente el final no revelo lo más sorprendente de la historia? Ella es hallada culpable, él intenta intervenir indirectamente, pero fracasa. Además, hay que decirlo, tampoco muchas ganas tenía de ayudar.

Pasan los años. Él, efectivamente, se sorprende ante su indiferencia, ante su insensibilidad, pero no fuerza nada. Se casa, tiene una hija. Se separa. Ya muchos años después, cuando ella ya huele a anciana, le conceden un indulto, y es a él a quien le piden la ayude a reintegrarse a la libertad. Sólo una vez la vio antes de su liberación definitiva; y nunca más volvió a verla, al menos no con vida. Quizás porque olía a anciana. La historia termina en suicidio, pero no es el final. Ni es lo más interesante.

Este libro nos remite a muchísimas cosas. Partiendo de una historia impecablemente estructurada y narrada, nos adentramos en nuestros propios demonios. El sexo y la obsesión, las partidas inexplicables y los adioses nunca dichos. La coraza de insensibilidad que portamos de forma inconsciente y la forma en la que nos sorprendemos a nosotros mismos cuando, a cierta edad, no nos conmueve ya aquello que nos arrebataba lágrimas en cuestión de segundos. El suicidio y la culpa. Y, sobre todo, la lectura como combustible para el motor de la existencia.

Si no es así, díganme entonces, ¿por qué habría de llamarse El lector?

11 comentarios »

  1. Marqués de Carabas said,

    El amor no desaparece ni se agota, somos nosotros los que cambiamos de piel, de capitulo o de mascara. El amor adolescente permanece siempre con nosotros, con los que éramos en ese momento, aunque no lo seamos más.

    Es una alegría leer tus recomendaciones Wen, y se acumulan los libros pendientes.

    Gracias por la alegría Wen. Me hiciste la mañana al leerte de nuevo.

  2. Oscar said,

    gracias por la sugerencia, vere si me lo topo por ahi, segun esta semana iban a hacer una quesque feria del libro aqui en el trabajo… a ver que hay…

  3. Wen…….. YA ERA HORA!!!!! Demonios mujer, ya no tenía nada que leer! JAJAJA.
    Oye, esa historia de que nunca deja de pensar en ella me suena, definitivamente entra a la fila del que sigue a leer…
    Es bueno tenerte de regreso, no has perdido nada de chispa, en tu post se nota cuanto te gustó el libro..
    Un abrazo
    Manuel

  4. wenperla said,

    Chicos,
    No no no no. Éste no es un libro que deba agregarse “al final de la lista”. Éste es un libro PARA MANDAR AL DIABLO LA LISTA y comenzarlo YA!!!
    Jajaja, soy muy muy fan, es un hecho!

  5. Oscar said,

    jaja en serio? asi como para dejar los que estoy leyendo, que bueno no son literatura.
    mm habré de buscarlo, lo malo que por mi casa solo hay gandhi y pendulo :S y sangrons…

  6. Teté said,

    Hola!! oye, wow!! o el libro realmente es muy bueno o lo escribiste increible que ya me dieron ganas de leerlo, es q eso del amor que nunca se va!!! xq diablos pasa eso??? como hacer para no pensar?

  7. Disoluta said,

    ummm la trama me recordo un poco a Resurrección de Tolstoi, ya se que nada que ver, pero me lo recordo.

  8. […] novela de Schlink conserva, indiscutiblemente, el estilo de El lector, esa hermosa obra maestra de la literatura breve. El tema, desde mi punto de vista, es que se […]

  9. Mariano said,

    Este libro es hermoso. A mi me lo regalo una chica que conocí en un viaje, fuimos a una librería y me dijo:

    – Oye, la neta es que tienes que leer este libro.

    Yo le respondí:

    – ¿Qué es la “neta”?.

    Como fue un regalo, no leí la contratapa. No lo necesitaba. Confiaba en la chica que me lo había regalado, confiaba en que ese libro me iba a atrapar.

    Y así fue. Terminó el viaje y me subí al avión. Y comencé a leer. Y pusieron una película y seguí leyendo. Y me trajeron la comida y seguía leyendo. Y se hizo de noche, se apagaron todas las luces menos la que iluminaba mi asiento dado que seguía leyendo.

    Y lo terminé como a las tres de la mañana. Y ahí, en el medio de la nubes, en el medio de la noche, con toda la gente durmiendo, en un avión donde no conocía a nadie no me sentí solo.

    No me sentí solo porque una persona había escrito una historia que me conmovió.

    Y otra persona me había regalado ese libro sabiendo que me iba a conmover.

  10. […] luego… ¿Schlink?!?!?!?!?! Después de arrodillarme, tenía […]

  11. […] mí El lector me cambió la vida. En esas páginas aprendí que por la literatura no sólo se vive sino que […]


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