1 noviembre 2010

La ruta de la miseria

Publicado en una ventana al mundo, vicisitudes a 8:38 PM por wenperla

Vivo en la calle Ferlandina esquina con Joaquín Costa, en el Raval. Es un barrio con mucho encanto: sin ostentación de ningún tipo; lleno de museos, bibliotecas y librerías; rebosa fiesta, colores y sabores. Sin embargo, todo aquel que conoce Barcelona sabe que el Raval también es un barrio de prostitutas, de drogas, de mendigos, de rateros que hacen del robo una honorable profesión. Es un barrio de inmigrantes: así, en cursivas, con ese tonito despectivo que utilizan aquí a modo de eufemismo para referirse a todo extranjero proveniente del tercer mundo. Hace dos semanas, camino al gimnasio a eso de las diez de la noche, fui víctima de un “atraco”: un chico me arrebató mi ipod desde una bicicleta cuya velocidad me hizo pensar en un alma que lleva el diablo. He de confesar, también, que nunca me he caracterizado por ser una persona de reacción rápida: a mí las reacciones me llegan trimestralmente, como los recibos del gas. No corrí, no grité, no lloré. Me quedé ahí: congelada, meditabunda, sumida en las más profundas cavilaciones.

Pero ése no es el tema de este post. Esta mañana salí de casa rumbo a alguna cafetería donde pudiera trabajar en la tesis. Al pasar por el MACBA, el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, tuve que bordear la colonia de vagabundos —en su mayoría extranjeros— que se han asentado en el lugar. Ahí pernoctan, ahí socializan, ahí transcurre su monótona existencia. A mí no me dan miedo. Me hablan, pero nunca me tocan. Y créanme si les digo que en el Raval eso ya es ganancia.

Ni bien cruzar la plaza del MACBA me topé con un chico triste de ropas raídas que me tendió la mano con ojos desesperados: no sé qué quería. No sé si quería preguntarme algo, si sólo quería tocarme, si quería dinero, si me pedía indicaciones para llegar al metro Cataluña, a la Rambla del Raval, a la Plaza Universidad, de vuelta a su casa, de vuelta a su mundo, de vuelta a su país. No sé si sólo buscaba un hombro para llorar, un alguien sin nombre para desahogarse, para dejar constancia de lo dificilísimo que debe ser vivir en un país como inmigrante, como apestado, como aquel a quien nadie quiere, a quien todos tienen miedo: como yo, que nomás de verlo acercárseme me vi inconscientemente acelerando el paso para que no me alcanzara nunca, para no volver a verlo jamás. He pagado cara mi ingenuidad en ocasiones anteriores: me han intimidado, me han sonrojado hasta el infinito, me han inducido al llanto que deriva del bochorno mal avenido. Pero hoy —como tantas otras veces— fui ruin, fui miserable: ¿Por qué huir de este muchachito sin darle siquiera la oportunidad de decirme algo? ¿Por qué apretar el paso si no me he visto aún amenazada? ¿Será que estoy cayendo en la repugnante espiral de la intransigencia y el racismo? Qué horror.

Ni bien llegar a las Ramblas y doblar a la izquierda me topé con aquel pobre hombre en muñones, sin brazos y sin piernas, que espera siempre en las Ramblas al lado de un triste vasito de unicel. ¿Qué espera? ¿A quién? ¿Tendrá a dónde ir? ¿Y cómo irá, si no puede moverse? Él no dice nada, ni te mira, ni la cabeza levanta: está demasiado cansado de la vida, demasiado hasta la madre de todo y de todos como para hablar, como para mirar, como para apelar a la generosidad de la gente. El pobre hombrecillo a medias se ha convertido en parte del escenario: una atracción más al lado de la cual la torpe multitud de turistas quiere una foto. Ya no se sabe por qué razón caen las escasas monedas de bajísima denominación en el fondo de aquel vasito de unicel: si por lástima, por generosidad, o como retribución por sus servicios al dejarse fotografiar. La escena es triste, es patética, es digna de que retumbe en sus centros la Tierra y se sacudan las fibras del alma de cualquiera. Pero no pasa, no: esta sociedad automatizada ni siquiera se da cuenta de que el hombre tiene la vida jodida, de que está ahí y a nadie le importa, de que hemos perdido la capacidad de conmovernos, de que somos egoístas, mecánicos e insensibles. La imagen de aquel pobre hombre perturba, inquieta: por eso lo evitamos, por eso miramos hacia otro lado, por eso buscamos con urgencia otro punto de fuga en el horizonte. Diez metros más allá ya se nos habrá olvidado.

No acababa de pasar al hombre en muñones cuando tropecé con una mujer que estaba de rodillas sobre el asfalto. Era una gitana, una rumana: una mujer como yo, pero cuya imagen ha sido satanizada por los medios, razón por la cual ha aprendido a vivir perennemente azotada por la indiferencia y el rechazo de una sociedad que no es la suya, que no la quiere y a la que tampoco quiere pertenecer. Una mujer que no tiene adónde ir, que paga las facturas de la xenofobia y los prejuicios. Valga remitirnos a las heroicas deportaciones que Sarkozy, sin preguntar a nadie y faltando a las normas de la comunidad europea, ejecutó hace apenas unos meses. De rodillas y sin rostro, la gitana estiraba la mano. No cayó en su palma ninguna moneda durante los segundos que permaneció dentro de mi espectro visual. Yo le ofrecí un “lo siento” al rozarla involuntariamente. Los otros ni cuenta se dieron de que la pisaron, de que la lastimaron, de que invadieron su espacio vital. Lo más triste es que probablemente ni siquiera ella se haya percatado de que —otra vez— la pisaron, la lastimaron, le hicieron daño.

Ya para entonces caminaba a paso no tan firme y con un nudo en la garganta. Es éste el espectáculo diario que observo camino al trabajo, pero por alguna razón hoy fui más receptiva. Hoy me sentí más miserable. Pensaba entonces en la necesidad de plasmar todo esto en palabras, de pedir perdón por ignorarlos a todos, por apretar el paso cuando el chico me tendió la mano, por no detenerme ante el hombrecillo de los muñones y la rumana en el piso, pero al cruzar la Ronda Universidad la visión de un anciano que rebuscaba en los enormes botes de basura irrumpió en mis desordenados pensamientos. Extraía del bote amarillo un plátano a medio comer, y del bote verde una Coca Cola a medio terminar. Me detuve involuntariamente y me le quedé viendo para que me mirara: para que me doliera, para concienciarme, para que se diera cuenta de que lo veía, para ver la miseria de cerca, para dejar de huir, para decirle con los ojos que quería ayudarlo aunque no supiera cómo. Pero no sirvió de nada: el hombre era ciego. Era ciego y no pudo verme. Era ciego y partió satisfecho con aquel botín entre las manos. Era ciego y no me vio que lo veía, que lo sentía. No pudo ver que a veces, si nos detenemos a mirarlo, a nosotros también nos duele su dolor.

De vuelta a casa me he topado con otro mendigo en silla de ruedas. Pero éste tenía su gracia: junto al puesto de castañas para guarecerse del frío, el elegante anciano posaba con saco y corbata, y tendía un botecillo donde tampoco escuché que cayera ninguna moneda. Al llegar a mi portal, una pareja me ha cedido el paso: un anciano lleva de la cintura a una negra de proporciones descomunales. Está embarazada, y sigue trabajando.

28 octubre 2010

Tenemos que hacer algo

Publicado en una ventana al mundo a 7:41 AM por wenperla

Hoy me desperté una hora antes para leer un correo que no llegó. Lo que a mí me tiene en vilo, queda claro, a mis interlocutores los tiene muy tranquilos.

Entonces procedí a leer el periódico: estaba lista para encontrarme un seguimiento completísimo e incluso exagerdo sobre la muerte de Néstor Kirchner. Todo aquel morbo se vio opacado al encontrarme con la nota de la nueva masacre perpetrada a manos del narco en un túnel de lavado en Nayarit. Cuando creemos que la violencia ha llegado a su punto más álgido, que ya no puede haber más, la crueldad arrecia, la guerra vuelve a despuntar.

Por vez primera desde aquel domingo, cuando me topé con la nota de la catástrofe en Haití, las lágrimas han nublado mis ojos sin siquiera terminar la nota. La nota está exenta de todo sentimentalismo, de toda emotividad, de toda intención. Es una nota plana, como todas, como cualquier otra. Pero ya me estoy cansando de ver a mi país sufrir de este modo. Ya me estoy cansando de tanta pinche guerra, de tanta maldita violencia, de tanto hijo de puta en todos lados, de tantas muertes inocentes, de tanto maldito miedo que incubamos al cruzar el umbral de la puerta. Ya me cansé de que no nos pongamos de acuerdo, de que no hagamos nada concreto para frenar esta guerra absurda, de que los reputísimos políticos tengan un pueblo en vilo a cambio de una cuota de permanencia, de poder, de que se mantengan en su posición desafiante frente a una fuerza con la que CLARAMENTE NO PUEDEN. Estoy hasta la madre de tanto líder sin escrúpulo (en todos los bandos) de tanta ignorancia mal combatida, de tanto muerto. Estoy profundamente triste por constatar que mi país se ha convertido en un ajedrez donde las piezas van cayendo y el tablero se va manchando de sangre.

Los franceses paralizan el país cada semana so pretexto de un par de reformas que retardan la edad de jubilación, que incrementan los impuestos, que reducen los días de vacaciones. Más de tres veces me he quedado varada en territorio francés porque a causa de la huelga es imposible volar. En España convocan al paro también muy a menudo: de tanto se quejan aquí que ya no recuerdo ni las causas. Grecia también vive paralizada por la huelga, amenazada por la movilización de una ciudadanía siempre inconforme. Aquí, como político, es imposible proponer: todo te cuestionan, todo te objetan. Aquí en Europa quizás exageran (en Francia es simplemente demasiado). Pero nosotros no hacemos NADA. ¡NADA! ¿Qué estamos haciendo para manifestar nuestra incomodidad? Los mexicanos no nos quejamos, sólo nos lamentamos. Y cómo no va a ser así si lo único que reina en nuestro país desde hace algunos años es la apatía, la incredulidad, la desesperanza, el desasosiego.

Habrá 135 muertos. CIENTO TREINTA Y CINCO. Y van a acabar pronto: no dejan pasar un solo día en blanco. Mueren jóvenes, niños, madres y padres inocentes. Voy a abrir El País todas las mañanas como todos los días, y voy a encontrarme diariamente, a razón de diez o quince muertos por día, notas que atestigüen que el narco va cobrándose una a una las 135 toneladas de mariguana decomisada por las autoridades hace un par de días. Ciento treinta y cinco muertos. Eso es diez veces trece punto cinco. Esto quiere decir que ciento treinta y cinco familias se van a quedar rotas, desesperadas, llenas de rabia, de ira, de tristeza. De ODIO. Ciento treinta y cinco familias van a llorar a sus muertos para siempre, y la prensa pronto va a olvidarse de todo, de las familias y de sus muertos. Y los demás, mientras no nos veamos directamente afectados por tanta masacre (suficiente violencia tenemos ya en el DF como para no hacernos de la vista gorda con el narco), también vamos a olvidarnos de todo.

Yo qué voy a saber de política. Yo qué voy a saber de seguridad nacional. Yo sólo soy una mexicana más, desesperada como todos, harta de ver cómo se retuerce mi país de tantísimo dolor. México se está desangrando, se muere poco a poco, a punto está de aparecer el último estertor. México se está cayendo a pedazos. Tenemos que hacer algo. TENEMOS QUE LEGALIZAR LAS DROGAS.

11 abril 2010

Cracovia dice adiós

Publicado en una ventana al mundo, vicisitudes a 10:53 PM por wenperla

Las calles de la ciudad se cubren de lluvia, de banderas rojiblancas coronadas por listones negros.

 

10 abril 2010

Polonia llora otra vez

Publicado en una ventana al mundo, vicisitudes a 5:22 PM por wenperla

La idea de Europa para nosotros, los latinoamericanos, está inextricablemente ligada a la idea de progreso, de “primer mundo”, de prosperidad, de seguridad, de futuro. Europa es otra modalidad de la Tierra Prometida.

¿Qué puede haber de este otro lado del mundo sino la Torre Eiffel, el Big Ben, el Coliseo y el Parque del Retiro?

Europa también es heterogénea. Es cierto que su parte occidental no sólo corresponde a la idea que de Europa nos hemos hecho, sino que supera todas nuestras expectativas: Inglaterra, Francia, Alemania, Holanda, Bélgica, España… todos estos nombres de países cuyo nivel de vida es extraordinario. Todos se quejan, todo el tiempo se quejan, comparándose, por ejemplo, con los países escandinavos. Que si la seguridad social, que si les pagan por estudiar, que si el tranvía llega tarde… Y yo los observo, pasiva, con el rabillo del ojo, regodéandome en la oportunidad de constatar que el ser humano nunca está satisfecho. El ser humano siempre quiere más. Pero sí, es verdad, en aquel lado de Europa se cristaliza lo que asalta nuestra mente cada vez que nos remitimos al Viejo Continente.

Pero no toda Europa es Europa. Primero habría que definir qué entendemos por Europa: Europa como el continente europeo, o bien Europa cobijada bajo el manto de la Unión Europea, esa comunidad política a la que han tenido que asirse estos países para sobreponerse luego de ver cómo en sus propios campos de batalla la guerra iba poco a poco despojándolos de lo que a través de los años habían logrado erigir. Y sí, eso es Europa, el continente todopoderoso que antaño se repartiera el mundo haciéndolo suyo a costa de lo que fuera, saqueando todo lo que hallara a su paso, cristianizando a los indios, obligándolos a tragarse su basura y, paradójicamente, llevando con esto a aquellas tierras la promesa de la modernidad, de una raza mestiza, de guiñarle un ojo a las facilidades de la tecnología. Europa es, sin duda, el continente más sanguinario de todos: es en estas tierras donde más sangre se ha derramado jamás. El continente más pequeño y el continente más poderoso. El continente que todo lo tiene y el que de todo se queja. El continente por el que tantos extranjeros lo dejan todo, lo arriesgan todo. El continente que a veces sigue sacudiéndose hasta las entrañas, como hoy, ante los virajes inesperados del destino.

Muchas naciones, europeas y no, siguen hoy día coqueteando descaradamente con dicho organismo supranacional: todas quieren entrar al partido: Turquía, Ucrania, Armenia, Croacia… todos estos candidatos hacen gala de sus mejores destrezas amatorias para recibir el “sí” tan deseado. Polonia es, desde hace varios años, miembro de la Unión Europea. Y sí, se nota: todos los días, cuando abro la ventana, cuando paseo a pie o en tranvía, cuando tomo uno de sus (lentísimos) trenes, me doy cuenta de que Polonia se despereza, de que Polonia tiene ganas de crecer, de que poco a poco se perfila como el país que logrará encumbrarse, que logrará sobreponerse al dolorosísimo pasado que lleva a cuestas. Y hoy, luego de la inesperada muerte de su presidente, Lech Kaczynski, la incertidumbre vuelve a tocar la puerta de este país del que ya me siento parte.

He recorrido las calles de este país con una atención extraordinaria, especialmente tratándose de mí, que por lo general no sé nunca ni de dónde vengo ni hacia dónde voy. Adoro la energía de Cracovia, su gente, sus claroscuros, sus edificios grises, mutilados, testigos mudos de tanta catástrofe.

Hace un par de días fui a Auschwitz. No quería ir. No sabía si quería ir. El dilema moral. (Y no, no sé si tengo moral, pero un dilema sí que tenía.) ¿A qué diablos voy a Auschwitz? ¿Es por morbo? ¿Sí? De ser así, me doy un poco de pena. Me reprendo anticipadamente. Me decepciono un poco de mí misma. Y lo peor es que lo sé: el morbo es inevitable, es casi inherente al ser humano. ¿Y por qué no habría de ir? ¿Tengo miedo? ¿No te gusta llorar? ¿No quieres regalarte un viaje todo pagado al País de las Pesadillas? Sé valiente. Enfréntalo. Analízalo. Y fui.

No pretendo en este post hacer un recuento de todo lo que vi en esa visita. Sí merece un post, mucho más que eso: no para revelar verdades insólitas, no: sólo para canalizar lo que desde aquella visita oprime mi corazón. No voy aquí a desvelar el hilo negro: voy a explicar lo que vi, lo que sentí. Pero ésa es otra historia.

Polonia ha sufrido lo indecible. Un país atacado incesantemente desde tiempos inmemoriales. Cuando la gran guerra, la guerra tan sonada, Polonia se vio atacada por ambos flancos: los dos depredadores, los rusos y los alemanes, invadieron a la par. Luego, se repartieron el país. Cuando los nazis cayeron el panorama no fue menos desolador: una libertad ficticia cuya única función fue encubrir la esclavitud: el comunismo, la nulificación del ser humano y su individualidad, la negación de la libertad que deriva del ser diferente.

Y hoy este país, el país de papá, llora otra vez. Y aquí estoy, sin poder hacer nada, sin entender un carajo de polaco, pero solidarizándome con el dolor producto de la incertidumbre. Porque nada duele más que la incertidumbre, eso dice mi corazón.

Mi vecino, desde que fue anunciada la noticia, se despide desde su ventana.

Vayan estas palabras, este texto sin pies ni cabeza, a modo de pésame sincero. Mis condolencias para este país que en tan poco tiempo tanto ha sabido darme.

17 enero 2010

Cotidianidad interrumpida

Publicado en una ventana al mundo a 4:00 PM por wenperla

Despierto a las 11 sin despertador. Está bien para ser domingo. Está bien para ser yo. Despierto sola, como las últimas ciento y tantas noches. Como todos los días, tiendo la cama: para nada soy tan perfeccionista como para tender mi cama. Como siempre, queda perfecta. Prendo la compu, reviso mi blog, reviso mi mail. Una lectora nueva, qué bien. No me dan ganas de bañarme. ¿A quién le dan ganas de bañarse en domingo? De todas formas, me baño: esa obsesión mía con la higiene personal.

Hay que comer. Coloco en la sartén las dos hamburguesas vegetarianas de calabaza y pasas que compré ayer en El Corte Inglés. Estoy de buen humor porque al fin encontré trigo. También lo compré en El Corte Inglés. No como carne, ¿ya lo sabían? No me gustan ni la carne de res ni el pollo, así que vivo de pavo, de frutas, de trigo, de pan, de atún, de hierbas “listas para comerse”, en fin. No sé cocinar. Tampoco me interesa aprender. El trigo sólo se hierve. Las hamburguesas vegetarianas sólo se calientan. El atún sólo se vierte sobre un plato. Las manzanas sólo se muerden. Las naranjas sólo se pelan. La leche sólo se ingiere. El cereal sólo se sirve y se baña con leche. Las nueces y las pasas sólo se llevan, de dos en dos, a la boca. Extraño las verduras y las tortillas de maíz. Aquí hay verduras, pero hay que cocerlas, y no me apetece.

Listo: las hamburguesas están en su punto, el trigo también. Coloco las hamburguesas en un plato extendido con unas gotitas de limón. El trigo, luego de escurrirlo, lo coloco sobre una cama de lechugas y canónigos. Me encantan los canónigos, no sé si hay en México. Y si los hay, no sé cómo se llaman. Me gusta mi vida en Bilbao. No sé qué tal vaya a estar Cracovia. Con que me vaya la mitad de bien de lo que me ha ido aquí me doy por bien servida.

No veo la tele, ¿ya lo sabían? No me gusta. Me siento a la mesa para comer: raro en mí. Por lo general como de pie, donde sea, qué más da. Pues no. Hoy decido sentarme en la mesa y llevarme la compu. Me preparo un té verde y listo. Le doy el primer bocado a la hamburguesa: ¡qué buena es! Si no fueran un artículo de lujo (¡4 euros el paquete!) las comería diario. En fin.

www.elpais.es

No soy buena lectora de noticias. ¿Se los había dicho? No es ningún orgullo, me avergüenza un poco. Mea culpa. Pero a veces, como ahora, los leo todo el día. Me gusta El País. Me encantan las plumas de sus corresponsales, de sus columnistas.

Abro el artículo de Pablo Ordaz enviado desde Haití: Haití ya no existe.

Doy un sorbo al té, me trago el bocado de un solo golpe.

Y heme ahí, comiendo lo que tanto me gusta, a la par que leo las noticias sobre Haití. Me sabe mal la comida, se me rozan los ojos con un par de lágrimas que no se animan a asomarse, pero sé que estuvieron mirando por el cerrojo de la puerta.

Puerto Príncipe se ha convertido, en palabras de Pablo Ordaz, en un infierno que ha perdido la calma. Una vez más, una morgue al aire libre, donde nadie sabe a ciencia cierta cuántas personas han muerto. Los sobrevivientes vagan sin rumbo por las ruinas de lo que algún día fuera la capital de un país olvidado, la capital de Haití.

Piensen en la película más aterradora que hayan visto en su vida. Estoy segura de que nada puede compararse con lo que viven los haitianos. Cadáveres por todas partes, niños llorando, gente mutilada, muerta de hambre, implorando ya sin fuerzas que termine, de una buena vez por todas, este suplicio. ¿Cómo? ¿O qué? ¿Nos ahorramos el pensar que la muerte es cien mil veces mejor que lo que Haití padece hoy en día? Sin duda, preferirían que hubiesen rodado todas las cabezas de golpe en vez de verse condenados a transitar por el infierno de la podredumbre y la desesperación.

El viernes fui al banco. Me quedaban 23 euros en la cuenta. Deposité 15 para la Cruz Roja, para la causa de Haití. ¿Y eso basta? ¿Eso sirve de algo? No lo sé, no lo sé, carajo, no lo sé. Pero me siento mejor.

Y entonces abro los ojos. Abro los ojos y ruedan las lágrimas. Las tragedias, el dolor, por lo general se conjugaban en pasado. El temblor del 85 en México no es para mi generación sino un recuerdo lejano que se inscribe en las páginas de nuestra historia sin que nosotros podamos entenderlo. La Segunda Guerra Mundial sigue permeando la literatura contemporánea, pero no es ya sino el telón de fondo de las historias que nunca dejarán de escribirse. Los genocidios, las reputísimas guerras, los atentados suicidas, los malditos bombardeos… todo eso se conjuga en pasado o bien, se conjuga lejos de nosotros. ¿Iraq? ¿Afganistán? ¿Palestina? ¿Nos importan de verdad? ¿Nos afectan en serio?

No.

No.

No.

Vivimos nuestra vida. Mal hacemos en pensar que conocemos la miseria y el dolor. Mal hacemos en pensar que lo hemos visto todo cuando en realidad basta con echarle un vistazo a Haití, a la Franja de Gaza, a Iraq… para darnos cuenta de lo muchísimo que ignoramos.

Qué lejos estamos nosotros de saber lo que es el miedo. El miedo a caminar por el infierno de Puerto Príncipe donde sobreviven los haitianos: muertos de hambre, atrapados sin murallas, sobresaltándose a la mínima provocación, retorciéndose, arrancándose la piel a girones, preguntándose (si es que aún tienen fuerzas para preguntarse algo) si se toparán pronto con el cadáver mutilado de su esposa, de su padre, de su bebé.

También es cierto que la vida a veces nos sorprende con puñaladas bajas, bajísimas, que nos dejan estupefactos, deshechos de dolor, demostrándonos que la realidad siempre supera la ficción.

Lo que acaba de ocurrir en Haití es una tragedia sin parangón en la historia que a mí me ha tocado vivir. Y, como a tantos otros, me duele muchísimo. Y sin embargo, heme aquí, tan tranquila: haciendo mi vida, escribiendo mi tesis, leyendo mis libros. 

También es cierto que no podemos enfrascarnos en estas cavilaciones. También es cierto que no podemos atrincherarnos en el miedo que paraliza y que no permite avanzar.

Pero lo siento profundamente. Lo siento. No pretendo aportarles nada con este post. Ni siquiera sé si tiene sentido. Tampoco insinúo que deban identificarse conmigo o que deban empatizar con lo que aquí escribo. Pero esto, escribir, es lo único que sé hacer para darle un poco de sosiego al corazón.

Tengo frío.

14 enero 2010

Luto por Haití

Publicado en una ventana al mundo a 11:22 AM por wenperla

Desde aquel capítulo siniestro, he cambiado. Bastante, creo yo. Me parece que fue entonces cuando comprendí que a medida que leemos los periódicos, que viajamos, que nos acercamos a la catástrofe, sufrimos menos por las tristezas personales. Estamos obligados a ello. Aunque siguen rodando las lágrimas ante el desolador espectáculo de la tragedia, nos volvemos cínicos. Ya nada nos parece suficiente. Los dolores propios, increíble pero cierto, comienzan a opacarse ante los recuerdos colectivos que permanecen al rojo vivo en la memoria. Y hoy, al despertar, lo he corroborado.

Un Puerto Príncipe devastado (cito aquí a Maruja Torres, quien atinadamente declara que el adjetivo “devastado” está devaluado). El país más pobre de América Latina ha sido una vez más azotado con las fuerzas impías de la naturaleza. En cada esquina, apilados, yacen los cadáveres de quienes no reunieron las fuerzas suficientes para liberarse de entre los escombros.

“Una morgue al aire libre”, eso he escuchado. Con base en las palabras de un chicho haitiano desesperado, un encabezado de El País reza “No hay comida, no hay teléfono, no hay agua, no hay nada”. Un país ha perdido de golpe sus escuelas, sus hoteles, sus sedes gubernamentales, su catedral. Una catedral que se ha derrumbado ante los ojos de los fieles a quienes su dios no ha querido escuchar. Un país olvidado que hoy, una vez más, se sume en la más tremebunda de las oscuridades.

La gente deambula pidiendo ayuda. Esquivando cadáveres a su paso, los sobrevivientes de la tragedia deambulan sin rumbo fijo. “Tienen miedo de entrar en sus casas”. Están aterrorizados. La serenidad sólo logran conciliarla aquellos que ya lo han perdido todo y que siguen perdidos en sus propias cavilaciones. Los demás, los que sólo perdieron su casa, los que sólo perdieron uno de sus hijos, los que sólo perdieron una pierna o un brazo, suplican al mundo por un poco de ayuda. “Agua”, “pan”, “medicina”. No piden más.

La propia ONU ha recibido un revés sin precedentes. Es ésta la peor tragedia desde el atentado contra su sede en Bagdad: hasta este momento, 11 de la mañana en España, 16 muertos y 56 heridos.

No hay cifras certeras todavía. Algunos hablan de miles de decesos. Otros hablan de cientos de miles. Estamos, queridos lectores, ante un asalto inusitado. Ante un golpe bajo que ha dejado al descubierto, una vez más, la vulnerabilidad de los países que, desde las tinieblas, se ven obligados a reconstruir su historia una y otra vez.

No nos queda más que vivir. La muerte está siempre acechando. La muerte está al doblar cualquiera de las esquinas de la ruta que trazamos sobre el pavimento. Los desastres naturales siempre están ahí para recordarnos que no somos nada, que somos vulnerables, que la vida sigue su curso. No importa de qué estemos hechos. No importa que los suizos inviertan millones de francos en darle mantenimiento a sus refugios atómicos en caso de una guerra nuclear. Ante espectáculos como éste, queda en el aire la sensación de que en cualquier momento la Desgracia posa su mirada sobre nosotros y nada ni nadie podrá entonces detenerla. Vivamos entonces, dejemos de llorar por nimiedades, antes de que nos toque.

Yo sé que desde aquí mis palabras no sirven de nada. Escribo porque es la única forma que conozco para decir que lamento profundamente lo que ha ocurrido en Haití. Cínica y dura como lo soy (o como lo quiero ser), no he podido contener las lágrimas. Ante las imágenes y las palabras, se me ha estrujado hasta el infinito el corazón.

25 noviembre 2009

“El islam le da sentido a mi vida”

Publicado en una ventana al mundo, vicisitudes a 11:03 PM por wenperla

Abdullah es mi compañero en el máster. Es de Yemen, tiene 26 años, es casado y tiene dos hijos. Ah, claro: es musulmán.

***

— Abdullah, ¿cómo conociste a tu esposa?

— La conocí el día que fui a pedir su mano.

— ¿Y entonces? ¿Cómo la elegiste?

— Mi madre la eligió para mí.

— ¡¿Cómo?! ¿Tú no la viste antes?

— No, pero no era necesario. Mi madre me platicó cómo era y me pareció buena mujer.

— ¿Y todos se casan así?

— Todos.

— ¿Y si te gusta alguien que ves por la calle?

— No ves a nadie. Todas se cubren, de los pies a la cabeza.

— ¡¿Todas?! Se cubren… ¿¡todo!?

— Todo.

— ¿Y qué pasa si no te gusta la mujer que ha escogido tu madre? ¿Si no te gusta una vez que la ves sin el velo?

— Eso no pasa. Te tiene que gustar. Va a ser tu esposa, la madre de tus hijos.

— ¿Y no hay un periodo como de “noviazgo”, donde antes de casarse se conocen, se besan?

— Ni siquiera la puedes tocar.

— ¿Ni un besito?

— Nada de nada.

— ¿Y luego? Ya me los imagino en la noche de bodas… ¡como tigres enjaulados!

— Oh sí, por supuesto.

***

— Oye… ¿esto quiere decir que tú no sabes lo que es “enamorarse”? O sea… bueno… ¿sabes?, cuando conoces a alguien, sientes algo y…

— Sé lo que quieres decir. Bueno… no, los musulmanes no nos enamoramos. Pero no hace falta: amas a tu esposa. La amas muchísimo. 

***

— Pero… bueno… la mujer en el islam es un poco…

— Los medios de comunicación hacen con el islam lo mismo que hacen con los países en vías de desarrollo y con los inmigrantes: sólo hablan de lo malo. Lo cambian todo, lo tergiversan, lo impregnan de sensacionalismo, y la gente se lo cree.

— ¿Por ejemplo?

— La gente cree que las mujeres musulmanas son maltratadas y sobajadas. ¡Qué mentira más grande! Las mujeres son lo más importante para nosotros. Nuestra prioridad, lo dicta el Corán, son las mujeres. A veces las mujeres occidentales me dan un poco de lástima.

— ¿Lástima?

— Sí, un poco. ¿Sabes por qué? Creen que lo pueden todo porque visten como quieren y hacen lo que quieren, porque son independientes. ¿Esto les da igualdad frente a los hombres? Quizás, pero he visto a muchísimas mujeres aquí llorar por un hombre. Aquí los hombres son infieles, son machos, mucho más de lo que podemos serlo nosotros. Aquí muchas mujeres crían solas a sus hijos, son madres solteras. Eso es tristísimo. Aquí las mujeres se matan de hambre para gustar a los hombres, se maquillan, se gastan todo su dinero en ropa. ¿Para qué? Para que algún hombre las escoja y no se queden solas. Eso es horrible. En mi país, un hombre ama y respeta a una mujer hasta el final. La infidelidad no existe. Nosotros nos casamos vírgenes, igual que las mujeres. Sería injusto si sólo fueran ellas quienes tuvieran que serlo, ¿no crees? Para nosotros no existe el “te estás poniendo gorda” o “ya no te vistes como antes”. No. Uno ama incondicionalmente, así lo dicta el Corán, a quien ha esposado para toda la vida.

—Pero… puedes tener muchas esposas, ¿no?

— Ja, todo mundo lo pregunta. Eso reflejan las películas. En teoría, sí. Puedes tener más de una esposa siempre y cuando las mantengas a todas y, más importante aún, si tienes una buena razón.

— ¿Una “buena razón”?

— Sí. Por ejemplo, la infertilidad. Si tu esposa no puede darte hijos ella misma te ayudará a encontrar una segunda esposa. Pero sin dejarla a ella, sería injusto. Aunque de cualquier modo casi todo mundo tiene una sola esposa. ¡Tener más es demasiado caro!

***

(Abdullah desaparece de repente, a lo largo del día. Va a rezar en dirección a La Meca.)

— ¿Rezas todos los días?

— ¡Claro! ¡Cinco veces al día!

— ¿Cuánto te tardas?

— De 2 a 5 minutos.

— Ah, ¡es rápido!

— Sí… ¡además es súper sano!

— ¿”Sano”?

— Claro. Mira. Hay que ponerte en varias posturas mientras rezas. Haciéndolas 5 veces al día te ejercitas y nunca padeces dolores de espalda ni de articulaciones.

— Sí que te gusta, ¿eh?

— Wen: yo no podría vivir sin el islam. Le da sentido a mi vida. La llena. Ser musulmán tiene muchísimas implicaciones. No sólo se trata de ir a la iglesia como lo hacen los católicos, no. Qué chiste, ¿no? Vas a la iglesia y se acabó. No. Acá todo tiene que ver con el islam. Y te llena de paz. Y te llena de amor.

— ¿Qué piensas del judaísmo, del cristianismo?

— Los respeto. Creo también en Jesús y en Moisés. Aparecen en el Corán.

— ¿Qué más dice el Corán?

— ¡Muchas cosas! Por ejemplo: la madre es lo más importante para nosotros. Para nosotros es inconcebible lo que hacen aquí, ¡aquí a los padres los mandan a un asilo o los dejan solos una vez que los hijos hacen su vida! Nosotros cuidamos a nuestros padres hasta el último día, con muchísimo amor, con devoción, ¡cómo vamos a dejarlos si sólo nos han dado amor!

— No conozco ningún católico que se exprese con tanto entusiasmo sobre su religión, ¿sabes?

— Voy a comprarte un Coran en español y te lo voy a regalar, ¿va?

— ¡Órale!

— Pero lo lees y me dices qué te parece, ¿ok?

— ¡Por supuesto! ¿Yo me puedo convertir al islam?

— De hecho… ¡deberías!

***

Abdullah es de las personas más bellas que he conocido en mi vida. Es súper respetuoso y abierto. Es un ser humano cálido y sincero. Sabe reír, sabe escuchar: sabe darse al mundo.

El entendimiento entre los seres humanos debiera comenzar en los medios de comunicación, donde la historia real pierde terreno ante la aparente necesidad de limitarse a satisfacer el morbo del televidente o del lector.

15 junio 2009

Del sexo y otros demonios

Publicado en para incultos cultivables, una ventana al mundo a 11:53 PM por wenperla

Qué vanguardia ni qué ocho cuartos. No. Vivimos en un mundo lleno de tabúes, de discursos eufemísticos, de represión social. Ajá: hemos ganado muchísimo terreno pero aún nos falta muchísimo por andar. Aunque en apariencia este post gire en torno al sexo, ya veremos que el trasfondo del tema es MUCHO más complejo e interesante de lo que parece.

Antes no se hablaba de sexo. No. Ése siempre fue un tema que no se tocaba abiertamente en las casas de nuestros padres. Antes, las familias eran numerosas y, por decirlo de algún modo, se conducían sobre las pautas con las que iba proveyéndolas la sociedad en la que se desenvolvían, rara vez cuestionando u oponiéndose a lo ya establecido.

Las cosas han cambiado. Han cambiado muchísimo. Hoy el sexo es, aparentemente, el pan nuestro de cada día. Hoy todos estamos socialmente forzados a que nos guste el sexo, cuéstenos lo que nos cueste. Nos tiene que gustar y lo debemos practicar. ¿Cuántas veces no le achacan a la falta de sexo el mal humor de alguien? Ja, como si todo fuera tan sencillo como echarse a alguien y ya. Como si la vida no fuera un caleidoscopio de alternativas que debemos saber equilibrar para ser felices.

¿Cuántas chavitas no devienen inseguras porque siguen siendo vírgenes a los 18, a los 19, a los 20? ¿Cuántas?!?! ¡Muchísimas! Yo misma fui una de ellas. (No, ¡la edad no se las pienso revelar! ¿Y ustedes qué dijeron? ¿”¡Ora sí viene lo bueno!”? ¡Pues no!!!) ¿Cuántos chavitos no están en las mismas? ¿Cuántos no se ven obligados a mentir para seguir encajando en su círculo de cuates de la prepa o la universidad? Así entonces, por las vidas desaforadas de los jóvenes de hoy, corren pasiones desenfrenadas, obviamente imaginarias, que ponen al descubierto una de las debilidades más grandes del ser humano: la inclinación por la mentira frente a la exclusión.

Si se nos ocurriera pensar que este aterrador escenario se desdibuja al cruzar el umbral de la adultez, nos daríamos cuenta de lo equivocados que estamos. Muy equivocados. A medida que envejecemos, que van pasando los años, va cobrando más bríos el fantasma de la soledad, que nos orilla (o, al menos, así parece) a mentir con más enjundia, a fingir demencia, a pretender que todas las piezas del rompecabezas están en orden. A callar cuando lo que queremos es salir corriendo y mandar todo al diablo. A tener sexo cuando no se quiere, cuando no gusta, cuando duele, cuando empobrece, cuando vacía.

 

sexo sin dolor

Todas estas ideas me brincaron mientras leía Sexo sin dolor, escrito por Mónica Braun y Alma Aldana (amanuense y terapeuta, respectivamente), que comparte con los lectores qué son el vaginismo (contracción involuntaria de los músculos de la vagina) y la dispareunia (dolor durante la penetración), dos de las disfunciones sexuales más acalladas en este país. (¡Enhorabuena por este libro sin parangón en las publicaciones mexicanas!)

Mientras leía los testimonios encubiertos de las pacientes con vaginismo  y dispareunia, me di cuenta de la carga tan pesada y asfixiante de las mujeres de hoy. Mujeres que sufren al ser penetradas como si estuvieran siendo mutiladas, tolerando por el miedo a ser “distintas”, por no saber adónde acudir para pedir ayuda, por no contar con los medios ni la información necesaria para salir adelante. Mujeres que, gracias a uno de esos virajes afortunados del destino, pudieron ir a terapia y, finalmente, sanar.

Una cosa lleva a la otra. Luego de leer el libro, me di a la tarea de investigar. México es el primer consumidor de Viagra en América Latina. En México, 35% de las mujeres no llega al orgasmo durante sus encuentros sexuales y más de la mitad de los hombres padece algún grado de disfunción eréctil o eyaculación precoz. Yo creo, por lo poco que he podido hablar con algunos expertos, que las cifras se quedan cortas. Visiten esta nota del Milenio. Ah, esta otra también.

¿Cuántas de las personas que conocemos pueden hablar con apertura sobre su anorgasmia o su disfunción eréctil? Ninguna. ¿Por qué? Porque la televisión y la pornografía nos hacen mucho daño. Debemos gozarlo y querer más. Depredar y regodearnos en nuestra sexualidad. El problema es que más de la mitad de la población en México ni la disfruta ni la ejerce, y tampoco cuenta con las herramientas necesarias (información, dinero, voluntad, sensatez) para superar sus disfunciones.

¿Cómo es posible que la industria editorial mexicana tenga un vacío de este tamaño? ¿Cómo es posible que en un México donde una terapia sexual cuesta $900 a la semana no haya habido algún editor que pudiese dimensionar no sólo la fuerza sino la importancia de dotar al público de libros que lo ayuden a esclarecer su sexualidad? No se necesitan más de dos dedos de frente para imaginar lo dolorosas que son estas disfunciones, no sólo en el plano fisiológico sino (sobre todo) en el plano psicológico. Los orgasmos, además, no llegan con campanas y luces de Bengala desde la primera vez. Ajá. We wish!

Yo no soy machista ni (¡mucho menos!) feminista. No soy ni judía ni católica. Eso sí: no tengo pájaros en la cabeza. Si nuestra sexualidad no es plena, es INCONCEBIBLE pensar que nuestra vida en conjunto pueda serlo. Las disfunciones sexuales son, para la mayoría de los mexicanos, tan comunes como el tráfico o la contaminación. Algo debemos hacer para escribir al respecto. Para orientar a la banda. Si mejoramos el cociente sexual de nuestro país, la tasa de felicidad batirá récord. Y, entonces sí, vamos a ver a quién le preocupan el PIB y las (MALDITAS) campañas electorales.

3 junio 2009

Congoja

Publicado en una ventana al mundo a 5:43 AM por wenperla

tristeza

He querido escribir desde ayer en la mañana sobre Las brujas de Salem. Lo terminé el sábado y me encantó. Me sedujo, me envolvió, me asustó. Creo que el teatro es una de las tradiciones literarias más ricas y que más urge rescatar. Me vi, de pronto, releyendo El gesticulador de Usigli o al mismísimo William Shakespeare. En fin.
Llego a mi compu, abro mi mail y lo primero que me encuentro es la noticia del avión de Air France que desapareció con 228 pasajeros de las más variopintas nacionalidades. Se me estrujó el pecho. Se me hizo chiquitito el corazón. Leí todas las versiones publicadas al respecto y me sentí ridícula viniendo a postear sobre Las brujas de Salem, una obra “de miedo”, cuando verdaderamente aterrador e impactante era lo que acababa de pasar en el Atlántico.
Hoy, luego de un largo día de negociaciones, decido venir y postear a como dé lugar. Apenas abro mi mail me entero de que fueron hallados los restos del avión y de que no hay una sola esperanza de que haya algún superviviente. Es decir, me llegó a mi correo el certificado, irrevocable, de que la muerte ha firmado y ha puesto punto final a las 228 vidas que volaban la madrugada del lunes de Río de Janeiro a París.
Estoy profundamente conmovida ante lo que ocurrió. El solo hecho de pensar en la forma en la que se ramifica esta tragedia me estremece hasta lo más hondo. No puedo escribir ni de libros ni de literatura. Hoy, al parecer, también tendremos que cederle el protagonismo a la inminencia de la realidad.

No hay nadie a quien culpar, no. Es sólo otro indicador de que hay que disfrutar esta vida tanto como nos sea posible. Nadie sabe cuándo nos la arrancan de las manos.

16 abril 2009

Ley de Fomento para la Lectura y el Libro para dummies

Publicado en para incultos cultivables, una ventana al mundo a 1:49 AM por wenperla

libro1

La Ley de Fomento para la Lectura y el Libro está por todas partes y nadie sabe a ciencia cierta de qué va. Leí un artículo publicado en El Financiero (muy mal escrito pero bien informador) donde, en resumidas cuentas, nadie en realidad comprende qué es eso de la Ley del precio único. Bien.

1. La Ley del precio único se desprende de la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro. En realidad, así se le llama al artículo 22 de dicha ley, que decreta lo siguiente:

Artículo 22. Toda persona física o moral que edite o importe libros estará obligada a fijar un precio de venta al público para los libros que edite o importe. El editor o importador fijará libremente el precio de venta al público, que regirá como precio único.

Luego entonces, podemos deducir que la “Ley del precio único” no existe como tal. Lo que nosotros entendemos como “Ley del precio único” es, simple y llanamente, el artículo 22 de la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro.

2. Esto quiere decir, en pocas palabras, que cada título debe costar lo mismo en todas partes, y el precio lo fija el editor. Es decir que ya no van a tener que ir a El Sótano de Miguel Ángel para encontrar un libro más barato: ya pueden ir a la librería de la esquina por el mismo título y les va a costar los mismos pesos con los mismos centavos. (Ojo: este criterio sólo aplica para las novedades. Luego de dieciocho meses de publicados los títulos, quedan éstos exentos de dicha regulación.)

3. ¿Y como para qué va a servir esto? Bueno. Es sencillo. La tirada es favorecer a las pequeñas librerías, de modo que al ofertar los mismos títulos al mismo precio que las grandes tengan las mismas oportunidades de atraer clientes. La pretensión no es sólo que se fortalezcan las pequeñas librerías, sino que se abran nuevas librerías independientes.

4. ¿Ya funciona? Pues ya entró en vigor, pero no hay regulación. ¿Que qué quiero decir? Que ya se aprobó, pero no hay sanciones para aquellos que la incumplan. Hoy en día, me parece, sigue habiendo diferencia de precios entre los libros ofertados en Gandhi, el FCE y El Sótano.

5. ¿Y sirve de algo? No en realidad. A simple vista pareciera ser una propuesta extraordinaria y de indudable empuje para el pequeño librero, pero el problema tiene un trasfondo mucho más complicado que ése: las editoriales son muy duras con las librerías pequeñas. No hay facilidades de pago y no les dan créditos. Las condiciones que les imponen son ridículas y esto, evidentemente, inhibe el desarrollo de las librerías independientes en nuestro país. Esto sin mencionar que el fomento para la lectura NO PUEDE COMENZAR EN LAS LIBRERÍAS: EL FOMENTO PARA LA LECTURA COMIENZA EN CASA, EN LA ESCUELA, EN LAS SUBVENCIONES GUBERNAMENTALES QUE FAVOREZCAN LA CULTURA EN EL PAÍS. Éste es el verdadero problema: que queremos tapar el sol con un dedo. Lo que este país necesita no son librerías sino lectores.

**********

Está de más decirles que éstas son mis impresiones. Ha habido infinidad de debates al respecto y hay muchas posturas encontradas. Yo no sé si esto de veras tenga un impacto positivo en la industria del libro o no. Tampoco sé si lleguen a imponerse sanciones reales para quienes la incumplen. Yo sólo vine a contarles lo poco que yo entiendo para sacudirnos el polvo.

14 febrero 2009

Camping de arte joven

Publicado en una ventana al mundo a 3:51 AM por wenperla

lenguas1

 

CAMPING es un proyecto que convoca a escuelas de arte, artistas independientes, proyectos y/o empresas culturales, corredores de arte y diversos tipos de públicos nacionales e internacionales en un espacio común que busca promover, gestionar y difundir el arte contemporáneo.

Este evento es bonito por donde se le mire. El Centro Histórico. Un mercado de arte. Un tianguis. Un claustro empedrado. Artistas jóvenes cuyo entusiasmo inextinguible permanece intacto a pesar de las dificultades que conlleva, desgraciadamente, dedicarse al arte en un mundo como en el que nos tocó vivir.

La vida de un artista es algo que los no-artistas difícilmente podríamos imaginarnos. Los artistas de verdad son incansables. Son aferrados. Son apasionados. Son firmes. En el mundo de los estereotipos los artistas son volátiles, ¿no? Y les digo yo, que he tenido la oportunidad de instalarme en ese mundo paralelo (como espectador, claro está), que nadie es más constante que un artista en su afán de vivir la vida que quiere vivir.

Cáiganle al Camping. Está increíble pa’l domingo. Hay que apoyar esto desde muchas plataformas. No basta el ciberespacio. Hay que involucrarnos. Hay que participar. Hay que abrirnos paso. Hay, sobre todo, mucho que aprender.

Allá nos vemos.

29 enero 2009

Leer en los tiempos del cólera

Publicado en una ventana al mundo a 4:58 AM por wenperla

chaos1

Frente a la coyuntura internacional, no sé qué siento al darme cuenta de que mi vida se desarrolla sin más, pa’ mí todo sigue igual (e incluso mejor) que antes y, mientras tanto, la economía se desploma. Y no sólo no hago nada, sino que difícilmente comprendo qué es lo que está pasando. Ahora que hago memoria, me parece recordar que nunca entendí siquiera la diferencia entre ofertademanda. Caray.

Tengo la impresión de que, como quiera que sea, la economía es cíclica. Como todo, ¿qué no? La vida es cíclica. Las multinacionales hacen recortes millonarios. Las pequeñas y medianas empresas quiebran una tras otra. El panorama es cada vez más devastador. No hay esperanzas de que esto mejore, al menos no por ahora. Los ánimos roídos, la estabilidad quebrantada. Esto es hoy.

¿Y los libros? ¿Qué va a ser de esta industria? ¿Por qué aquí no ha habido recorte? (¿Será, acaso, que no hay de dónde recortar?) ¿Por qué las librerías no han cerrado? ¿Por qué los domingos están El Sótano y Gandhi de Miguel Ángel a tope, como siempre, como si nada pasara?

Son varios los factores que deben considerarse no para responder estas preguntas (créanme que, en caso de que tengan respuesta, ésa sí que no la tengo yo), sino para comprender un poco mejor lo que está pasando.

La industria editorial es lenta. Como por antonomasia. Todo es lento. Para todo, en este changarro, hay que ser paciente. No podemos saber qué tan bien va un libro hasta que vienen las devoluciones, y eso… queridos… toma tiempo. A veces me estreso al pensar que la industria no está oficialmente en crisis porque, como es lenta, no nos han alcanzado los azotes de la contracción económica. Vamos a destiempo.

Y, por otra parte, hay quienes piensan lo contrario. Que los libros seguirán vendiéndose. Que para nosotros, los que vivimos de esto, no hay crisis. Que la industria editorial traza sus propias brechas, que no se apegan a las de ningún otro sector.

Raúl Myr, editor de Styria, declaró lo siguiente para la revista Qué Leer: “El lector apasionado no dejará nunca de leer. Lo que está en crisis no es el libro, sino las condiciones que facilitan la lectura: la tranquilidad, el sosiego, el silencio, el tiempo”.

He aquí lo que queríamos escuchar, que “el lector apasionado nunca deja de leer”. ¿Será cierto? La revelación de esta declaración, no obstante, está contenida después del punto: “Lo que está en crisis no es el libro, sino las condiciones que facilitan la lectura: la tranquilidad, el sosiego, el tiempo”. Qué cierto.

Y una vez más, todo esto nos lleva a concluir que la lectura es un lujo. Un lujo excepcional, más inasequible que cualquier otro. Para disfrutar de cualquier otro lujo, llámesele como se le llame, sólo se necesita de dinero. Ah, y tiempo, si de veras se piensa sacarle provecho.

Leer es como estar enamorado. No sólo es el tiempo sino la calidad del tiempo. Es concentración. Es paz. Es, sin lugar a dudas, amor. En tiempos turbios, dicen por ahí, se potencian las ganas de amar. (Que siempre están ahí, eso que ni qué.)

Encontrar un libro que nos haga vibrar es una tarea tan difícil como encontrar el amor de verdad. (Quepa mencionar, claro está, que hay quien no encuentra nunca ni el libro vibrador ni el alma gemela. Qué lástima. Seguro por las mismas razones: desesperación, presión, aceptación, desidia, indiferencia, en fin. Triste.) Terminar un libro que se comienza requiere la misma dedicación que se necesita para alimentar una relación. Fuerza de voluntad. Tarea difícil.

Nunca leí El amor en los tiempos del cólera, pero el título le cae a este post como anillo al dedo. Quizás, eso sí, debo hacerle un cambio sutil: Leer en los tiempos del cólera. Pa’l caso es lo mismo. Ante un panorama como el que hoy tenemos, con pinceladas de crisis, guerra e inestabilidad… ¿se puede seguir leyendo? ¿Podemos conciliar, quizás dentro de nosotros mismos (y les juro que no he sucumbido a la autoayuda), la paz que necesitamos para leer?

Yo creo que sí. Porque si en tiempos turbios podemos amar, también podemos leer.

5 noviembre 2008

Hoy no importa la literatura

Publicado en una ventana al mundo a 2:49 AM por wenperla

incertidumbre

Los libros pueden ser nuestro refugio, nuestra catarsis, nuestro escape, nuestra luz más íntima… pero en una noche como ésta, ¿a quién le interesa qué pasa con La invención de Morel de Adolfo Bioy Casares?

Por un lado sólo para evidenciar, una vez más y por si aún cabía alguna duda, que en esta ola trepidante de violencia el país se nos resquebraja sin que podamos hacer nada por evitarlo—, a un par de cuadras del trabajo tiene lugar un acontecimiento encarnizado y deplorable. Impactante.

Por el otro, como para contrarrestar el amarguísimo sabor de boca, los demócratas se posicionan en la Casa Blanca, dándoles a los pesimistas cachetada con guante blanco: “¿Ya ven que todavía podemos enderezar el rumbo?”

Hoy que la anarquía invade nuestro entorno inmediato haciendo gala de una desfachatez inusitada come en nuestra mesa, amanece a nuestro costado—... ¿a quién le importa la literatura? A nadie, ¿verdad? Mejor hoy no digamos nada. Vivamos nuestra conmoción a nuestro ritmo. Ya mañana, o pasado, tendremos ánimos pa’ retomar el tema.

Hoy a Puras Letras le ganan la batalla los blogs de coyuntura. Los blogs que no hablan de ficciones sino de realidades. Y, para variar, salgo perdiendo: la realidad SIEMPRE supera la ficción.

Ergo: la vida es literatura… una espiral interminable de hechos que se superponen unos a otros escribiendo la historia con pies de barro y manos invisibles.

Salud.

27 abril 2008

Cultura en Facebook

Publicado en una ventana al mundo, vicisitudes a 7:53 PM por wenperla

No sé qué sea más adictivo, si el blog o Facebook. Lo que es un hecho es que, definitivamente, ambos son impedimentos grandísimos para que mi vida transcurra de forma tradicional. A pesar de haber descuidado este blog por varios meses desde que comencé a trabajar mis 8 horas diarias, he sido adicta a él por mucho tiempo (por razones obvias). En lo tocante al Fb, tengo bloqueadas prácticamente todas las aplicaciones; supongo que lo que me ha convertido en fan es la sensación esa de que tarde o temprano a través de Fb recibiré la noticia que cambiará mi vida y me convertirá, de forma automática, en la protagonista de un cuento de hadas, jajaja.

El Fb tiene sus cosas malas, como todo. La peor, sin lugar a dudas, es que ya no puede uno salir a tomarse unas copas y bailar a gusto porque hay 7000 escuincles fresas por todo el lugar tomándose fotos una y otra y otra y otra vez. Como si lo más importante hoy en día fuera salir para llegar a casa, a las 5am, a subir esas fotos. ¿Qué importa si me divertí o no? No, de lo que se trata ahora es de “que todo Facebook se entere de que voy al Bull, al Clásico, al Rívoli, etcétera, etcétera, etcétera”. Wácala. La culpa la tengo yo por meterme en esos lugares. Pero bueno, se acabó, no más fresas ni flashazos por doquier los fines de semana. Así tenga que bailar en la avenida, no pienso padecer el síndrome Facebook nunca jamás.

Bueno, todo esto nada tiene que ver con este blog, pero de algún modo tenía que comenzar. Me pregunté  varias veces si debía o no hacer este post, y creo que la ponderación final dio como resultado un “por supuesto, postéalo”. Descubrí en Fb hace un par de semanas algo que se llama Visual Bookshelf. Está increíble. Se ve más o menos así:

 visual-bookshelf

Como podrán darse cuenta, aquí podemos poner qué libros hemos leído, qué libros queremos leer y qué estamos leyendo en este momento, entre otras cosas. Por supuesto, podemos escribir lo que queramos respecto a cada uno de los libros que agreguemos, en cualquiera de las categorías. Hay incluso foros de discusión, que yo no he estrenado y que todavía no sé ni usar.

Podemos ver qué están leyendo nuestros amigos y sus respectivas recomendaciones. Si somos ociosos y queremos perder el tiempo jugando en la computadora, por qué no entretenernos con los tests de esta aplicación, en vez de estar comparándote con tus cuates (“¿Soy más sexy que Adriana? ¡Vota por mí!”, jajaja) o marcando en un mapita cuántas ciudades hemos visitado (¡por el amor de Dios!!!). Yo no muy ociosa soy porque me explotan en la oficina, y el tiempo libre que tengo lo sigo empleando para el blog, pero en cuanto tenga tiempo haré uno de esos tests para tronar como palomita en microondas, jajaja.

Es importante tener en mente que habrá muchos para quienes esta aplicación sea, como muchas otras cosas, un medio para farolear y mostrarle al mundo lo “Cultísimos” que son (ándenle… digamos que mientras los fresas se toman fotos pa’l Facebook, los nerds consultarán sus cuadernos de literatura desde la preprimaria para poner en el Bookshelf toditititititos los libros que han tenido en sus manos desde que tienen 3 años), pero hasta eso es divertido, ¿no?

Me da mucho gusto, de verdad, que redes virtuales como el Fb contemplen entre sus aplicaciones algunas relativas a la lectura, que tengan de respaldo a un gigante como lo es Amazon (pos sí, ¿qué pensaban que no había intereses de por medio?), y que haya cada día más gente afiliada. A mí la verdad me ha encantado, y aunque sigo prefiriendo el blog, este rollo del Bookshelf me parece extraordinario.

La pregunta es… ¿es suplantable el blog por una aplicación así? Mejor dicho, ¿Puras Letras es catafixiable por el Bookshelf de Facebook? Podríamos pensar que  de nada sirve ya el blog si podemos simplemente integrarnos a esta dinámica perfectamente armada por genios de la informática, donde podemos hacer exactamente lo mismo que en el blog (subir libros, comentarles, recibir comentarios e interactuar con los usuarios).

Serán peras o manzanas, quién sabe, de todos modos no dejen de visitar éste su blog para incultos cultivables, y de cualquier manera agreguen esta aplicación a su Facebook. Abran su Facebook si es que no tienen. Ah, y de una vez agréguenme al Facebook, que entre blogueros y lectores mientras más fluya la comunicación mejor.

18 diciembre 2007

Publicidad no pagada

Publicado en una ventana al mundo a 2:59 AM por wenperla

Ahora que está en boga aquello de que “en México no se lee”, hay que reconocer la labor de aquellos que genuinamente hacen un esfuerzo para sostener el pilar de la cultura en nuestro país. Por eso hoy quiero hablarles de una revista que me apasiona, de la que soy súper fan, y que espero más de uno aquí haya ya leído con anterioridad.  Ah, eso sí: no sólo fomentan la cultura, sino que al no tomarse nada tan en serio y hacerlo todo con tanta pasión, nos regalan una revista exquisita, una revista para incultos cultivables: Algarabía.

No tengo nada que ver con ellos (pero en eso estoy).

No me pagan un centavo por esto (debiera mejor avisarles cuándo me pagan por algo, ¿no?, jajaja).

No ha habido una sola revista que logre cautivarme como ésta. Ellos ni lo saben, pero si Puras Letras fuera una revista y el genio de la lámpara me hiciera el paro, Puras Letras se convertiría en Algarabía.

Últimamente me he percatado de que cada vez más gente la lee. De veras, vale muchísimo la pena. Es una revista súper digerible, sin aires de grandeza, sin poses, sin pretensiones, lúdica, sin posturas políticas ni de ningún tipo, para todo tipo de público, hecha por gente como nosotros.

Si nunca la han leído, cómprenla. Si son lectores más o menos asiduos de este blog se fascinarán con la revista. Se aprende un montón. Y se nota que, de veras, los articulistas aprenden tanto como nosotros mientran redactan el texto.

Ah, por cierto, tienen el mejor corrector del mundo. De veras. No sé quién sea ese Alberto Alazraki, pero me quito el sombrero desde aquí: es la primera vez en toda mi vida que leo algo sin una sola errata; de veras, ni una.

Me puse en contacto con ellos para ver qué se necesita para colaborar.  Me dijeron que uno manda sus textos y éstos son a su vez sometidos al consejo editorial (bah, nadie se libra de estos protocolos) donde finalmente se decide qué se publica y qué no. Por aquí pasa gente con mucho talento, ¿por qué no se animan? (Ah, y no, yo no he mandado nada… aún…)

¿Alguien la conoce??? ¿No les parece fenomenal??? Yo nunca he visto en México otra revista que tenga una propuesta tan interesante y divertida como ésta. Cuesta menos de cincuenta pesos, y les juro que vale cada uno de los pesos que invertimos en comprarla.

No sé si la revista tenga detractores. Si los hay y andan por aquí también alcen su voz para ser escuchados.

El proselitismo vale mucho la pena cuando se hace con convicción. Ojalá algún día lo que yo escriba esté a la altura de las cosas que se publican ahí. Léanla, les va a encantar. Ah, claro, y me cuentan.

11 diciembre 2007

Remate de libros

Publicado en una ventana al mundo a 10:52 PM por wenperla

 

Hay un lector aquí que siempre me tiene al tanto del acontecer editorial en nuestro país: Raúl Ramírez. Le agradezco muchísimo que siempre que se halla algo interesante me lo haga llegar vía mail; con éste, según recuerdo, ya van dos posts que escribo con información que él me proporciona (ah sí, el de donar libros para Tabasco).

Bueno, ahora me acaba de mandar otra nota. Vayan corriendo.

Como él mismo lo pone a modo de epígrafe, este tipo de remates ayudan a paliar un poco la difícil situación de la industria editorial en nuestro país.

Que acudamos a este remate no es, ni por asomo, una obra de altruismo. Todo lo contrario. ¡No quiero ni imaginarme las maravillas que vamos a encontrar ahí!!! Yo iré, mañana o pasado, segurito.

Les aviso, también, que me mudé de casa. Ya estoy re-lejos. No me he entendido muy bien con Télmex (mi profesor en Versal aconsejaba que acentuáramos los acrónimos con base en las reglas de acentuación), así que no tengo internet  por ahora (y esto se prolongará varias semanas según tengo entendido); le robaré a mi hermano su compu con tanta frecuencia como me sea posible y me lanzaré al Starbucks para escribirles.

Hay que hacer una acotación personal que me preocupa. Internet ya es, para mí, un bien primario, algo de lo que no puedo prescindir. ¿A todos nos pasa???

Me voy porque me corren =:::(

¡¡¡Yo soy noctámbula y de aquí me sacan a las 10 de la noche!!! ¿No cooperan, queridos incultos, para una palm de ésas que se conectan hasta en la basura???

19 noviembre 2007

No se hagan patos

Publicado en una ventana al mundo a 1:48 AM por wenperla

Uno de ustedes me hizo llegar esta nota por correo. Vamos por la vida muy pendientes del alimento del cuerpo, y dejamos relegado el alimento del alma.

Si pensamos en los damnificados, lo primero que se nos viene a la mente son sus necesidades básicas: la casa, el alimento y el vestido; hemos perdido de vista esa otra esfera, la educación (y yo me pregunto, ¿y qué ésta no es básica también?).

No nos cuesta nada. Vamos por la vida quejándonos de todo, pero nunca tenemos ni el tiempo ni la voluntad para ayudar por medio de acciones concretas a quienes más lo necesitan.

Donen un libro, o muchos. No se hagan patos. 

 
Donemos un libro por Tabasco
redacción EL UNIVERSAL
El Universal
Ciudad de México
Sábado 17 de noviembre de 2007
http://www.eluniversal.com.mx/notas/461867.html 
Inicia en nuestro estado hermano la reconstrucción. La gente vuelve a casa, los niños a la escuela y pocas cosas se rescatan. Te invitamos a donar libros nuevos o usados para reabastecer escuelas y bibliotecas de la zona afectada por inundaciones.EL UNIVERSAL juntará todos los libros y los enviará a aquel estado. Serán entregados a la biblioteca estatal y a autoridades educativas el próximo 15 de diciembre.

Nuestro centro de acopio se encuentra en Bucareli 8, Centro, colonia Juárez, casi esquina con Reforma, a dos cuadras del metro Hidalgo. Estará abierto de 9 de la mañana a 8 de la noche de lunes a viernes y de 9 AM A 4 PM SÁBADO Y DOMINGO.

¿Tienes dudas? Marca el 57091313 ext. 4512 o escríbenos a martha@eluniversal.com.mx

¡¡¡PARTICIPA!!!

Convocan: EL UNIVERSAL. Fundación Ealy Ortiz A.C.

*Les debo a Norman Mailer. En estos días. Esto era prioritario. Besos.

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