02.04.10

La tierra de Shakespeare

Publicado en Uncategorized a 11:16 PM por wenperla

01.24.10

De la piel y las palabras

Publicado en Uncategorized a 12:46 AM por wenperla

Siempre he tenido muchas ganas de escribir esta entrada, pero me había faltado valor. También me falta tiempo, me falta siempre: está escasísimo. Pero el tiempo es lo de menos cuando uno tiene ganas de hacer algo. Así que, recapitulando, me faltaba valor.

¿A qué le temo? No lo sé. ¿A dejar mi intimidad al descubierto? Quizás. Creo que sí. ¿A romper con la línea del blog? Debiera decir que sí, que las letras que aquí se escriben están totalmente fuera de lugar en este espacio, pero poco me importa. ¿Le temo acaso a un vocabulario estridente que hiera susceptibilidades? No. Tampoco es eso. Qué fácil es reconocernos abiertos y ateos, pero qué difícil es dar el primer paso.

No pretendo hacer aquí un recuento de mis vicisitudes sexuales (que no son ni muchas, ni interesantes). No pretendo explicar tampoco por qué estoy convencida de que la masturbación es sana y necesaria. Lo que he venido a hacer aquí es a escribir una apología, a rendir un tributo merecido, a colocar los reflectores donde tienen que estar.

Veamos.

***

Te pones cómoda.

Te miras al espejo, te gustas.

Cierras la puerta.

Pones música.

Apagas la luz.

Te tiendes bocarriba en la cama.

Respiras hondo y profundo.

Te piensas.

Te desprendes de ti y te ves desde arriba.

Te gustas. 

Te tocas.

Una a una, te desprendes de tus prendas. No hay ritual. Sólo procuras la desnudez.

Tu desnudez.

Tu aceptación.

Y te das cuenta sólo entonces de que, aunque no cubras los requisitos impuestos por la moda, eres hermosa. Te reprochas haberte reprochado tantas cosas. Y no sabes cómo, no puedes entender cómo, pero te gustas. Te gustas muchísimo. No es narcisismo, nada tiene que ver con eso. Te deseas.

Cierras los ojos. Recorres, con la mano derecha, tu cuerpo desnudo. Tu mano izquierda, mientras tanto, coquetea con tus labios entreabiertos, se posa sobre tus párpados. 

Tu mente está en blanco. Sigues flotando sobre ti misma, analizándote, recorriéndote palmo a palmo. A esa misma velocidad tu mano va posándose sobre los más osados intersticios. Te descubres, de pronto, húmeda y excitada. Te gusta.

Te sientes feliz.

Pasas la mano por el pecho y te encuentras con tus senos. Te detienes en el pezón. Humedeces tus dedos en tu boca y trazas sobre tus pezones líneas imaginarias que contribuyen a la erección, que dan paso a la representación más sutil y más contundente del placer femenino: unos senos firmes, un pezón que responde ante tus propios estímulos.

Y te sorprende ver que aunque vives con tu cuerpo desde hace tantísimo tiempo, llega un punto en el que te desprendes y entablas con él un diálogo bilateral de fuerzas descomunales.

Y la música sigue. Y enloqueces progresivamente. Los ojos están cerrados y tu antebrazo izquierdo se ha colocado, sin que hayas tenido nada que ver en ello, sobre tus ojos. Con los ojos cerrados lo ves todo. Y entonces cobra vida la oscuridad entera.

A la vez que procuras los resquicios más húmedos de tu cuerpo, van apareciendo las fantasías más descabelladas a la luz de la luna. Es una sombra entonces la que se coloca sobre tu cuerpo, besándote, acariciándote, recorriendo contigo (al estilo Lovecraft) las montañas de la locura. Puedes pedirle lo que quieras, y se lo pides en voz alta, y lo gritas en un susurro.

“Ahí…”

“Ahí…”

“Más…”

“Más…”

Y te escuchas, y rompes de golpe el umbral entre la imaginación y la realidad, y se incendia tu cuerpo. Y el fuego recorre tu alma.

Las imágenes se suceden sin sentido, una tras otra y en perfecta anacronía. Ya no es él. Son ellos, es ella, es Ella, eres tú fuera de ti, eres tú dentro de ti, es Él dentro de ti mientras Ella te lee un cuento en voz alta. El sudor recorre tu frente y tus piernas extendidas esperan, ansiosas, el frenético recorrido de la ola de placer.

Y se repite. Y se repite. 

Y cuando explotas:

Te perdonas.

Te reconcilias.

Te aceptas.

Te reconoces.

Y luego, esta mente mía tan retorcida, sólo atina a reconocer letras. Palabras. Novelas. Poesía. Aforismos.

Recito entonces de memoria  fragmentos de una novela que no me he atrevido a escribir. Doy al clavo con el epígrafe de mi primer libro. Descubro las palabras inscritas en mi epitafio.

Pienso en Cortázar.

Y la analogía es bellísima.

El clímax me remite, irremediablemente, a mis libros, a las letras. A los que he leído y a los muchísimos que quiero leer. Al libro que nunca he escrito y que tanto miedo me da comenzar.

***

Por todas estas cosas es que, desde hace tiempo, quería escribir esta apología, rendirle tributo al onanismo.

01.17.10

Cotidianidad interrumpida

Publicado en Uncategorized a 4:00 PM por wenperla

Despierto a las 11 sin despertador. Está bien para ser domingo. Está bien para ser yo. Despierto sola, como las últimas ciento y tantas noches. Como todos los días, tiendo la cama: para nada soy tan perfeccionista como para tender mi cama. Como siempre, queda perfecta. Prendo la compu, reviso mi blog, reviso mi mail. Una lectora nueva, qué bien. No me dan ganas de bañarme. ¿A quién le dan ganas de bañarse en domingo? De todas formas, me baño: esa obsesión mía con la higiene personal.

Hay que comer. Coloco en la sartén las dos hamburguesas vegetarianas de calabaza y pasas que compré ayer en El Corte Inglés. Estoy de buen humor porque al fin encontré trigo. También lo compré en El Corte Inglés. No como carne, ¿ya lo sabían? No me gustan ni la carne de res ni el pollo, así que vivo de pavo, de frutas, de trigo, de pan, de atún, de hierbas “listas para comerse”, en fin. No sé cocinar. Tampoco me interesa aprender. El trigo sólo se hierve. Las hamburguesas vegetarianas sólo se calientan. El atún sólo se vierte sobre un plato. Las manzanas sólo se muerden. Las naranjas sólo se pelan. La leche sólo se ingiere. El cereal sólo se sirve y se baña con leche. Las nueces y las pasas sólo se llevan, de dos en dos, a la boca. Extraño las verduras y las tortillas de maíz. Aquí hay verduras, pero hay que cocerlas, y no me apetece.

Listo: las hamburguesas están en su punto, el trigo también. Coloco las hamburguesas en un plato extendido con unas gotitas de limón. El trigo, luego de escurrirlo, lo coloco sobre una cama de lechugas y canónigos. Me encantan los canónigos, no sé si hay en México. Y si los hay, no sé cómo se llaman. Me gusta mi vida en Bilbao. No sé qué tal vaya a estar Cracovia. Con que me vaya la mitad de bien de lo que me ha ido aquí me doy por bien servida.

No veo la tele, ¿ya lo sabían? No me gusta. Me siento a la mesa para comer: raro en mí. Por lo general como de pie, donde sea, qué más da. Pues no. Hoy decido sentarme en la mesa y llevarme la compu. Me preparo un té verde y listo. Le doy el primer bocado a la hamburguesa: ¡qué buena es! Si no fueran un artículo de lujo (¡4 euros el paquete!) las comería diario. En fin.

www.elpais.es

No soy buena lectora de noticias. ¿Se los había dicho? No es ningún orgullo, me avergüenza un poco. Mea culpa. Pero a veces, como ahora, los leo todo el día. Me gusta El País. Me encantan las plumas de sus corresponsales, de sus columnistas.

Abro el artículo de Pablo Ordaz enviado desde Haití: Haití ya no existe.

Doy un sorbo al té, me trago el bocado de un solo golpe.

Y heme ahí, comiendo lo que tanto me gusta, a la par que leo las noticias sobre Haití. Me sabe mal la comida, se me rozan los ojos con un par de lágrimas que no se animan a asomarse, pero sé que estuvieron mirando por el cerrojo de la puerta.

Puerto Príncipe se ha convertido, en palabras de Pablo Ordaz, en un infierno que ha perdido la calma. Una vez más, una morgue al aire libre, donde nadie sabe a ciencia cierta cuántas personas han muerto. Los sobrevivientes vagan sin rumbo por las ruinas de lo que algún día fuera la capital de un país olvidado, la capital de Haití.

Piensen en la película más aterradora que hayan visto en su vida. Estoy segura de que nada puede compararse con lo que viven los haitianos. Cadáveres por todas partes, niños llorando, gente mutilada, muerta de hambre, implorando ya sin fuerzas que termine, de una buena vez por todas, este suplicio. ¿Cómo? ¿O qué? ¿Nos ahorramos el pensar que la muerte es cien mil veces mejor que lo que Haití padece hoy en día? Sin duda, preferirían que hubiesen rodado todas las cabezas de golpe en vez de verse condenados a transitar por el infierno de la podredumbre y la desesperación.

El viernes fui al banco. Me quedaban 23 euros en la cuenta. Deposité 15 para la Cruz Roja, para la causa de Haití. ¿Y eso basta? ¿Eso sirve de algo? No lo sé, no lo sé, carajo, no lo sé. Pero me siento mejor.

Y entonces abro los ojos. Abro los ojos y ruedan las lágrimas. Las tragedias, el dolor, por lo general se conjugaban en pasado. El temblor del 85 en México no es para mi generación sino un recuerdo lejano que se inscribe en las páginas de nuestra historia sin que nosotros podamos entenderlo. La Segunda Guerra Mundial sigue permeando la literatura contemporánea, pero no es ya sino el telón de fondo de las historias que nunca dejarán de escribirse. Los genocidios, las reputísimas guerras, los atentados suicidas, los malditos bombardeos… todo eso se conjuga en pasado o bien, se conjuga lejos de nosotros. ¿Iraq? ¿Afganistán? ¿Palestina? ¿Nos importan de verdad? ¿Nos afectan en serio?

No.

No.

No.

Vivimos nuestra vida. Mal hacemos en pensar que conocemos la miseria y el dolor. Mal hacemos en pensar que lo hemos visto todo cuando en realidad basta con echarle un vistazo a Haití, a la Franja de Gaza, a Iraq… para darnos cuenta de lo muchísimo que ignoramos.

Qué lejos estamos nosotros de saber lo que es el miedo. El miedo a caminar por el infierno de Puerto Príncipe donde sobreviven los haitianos: muertos de hambre, atrapados sin murallas, sobresaltándose a la mínima provocación, retorciéndose, arrancándose la piel a girones, preguntándose (si es que aún tienen fuerzas para preguntarse algo) si se toparán pronto con el cadáver mutilado de su esposa, de su padre, de su bebé.

También es cierto que la vida a veces nos sorprende con puñaladas bajas, bajísimas, que nos dejan estupefactos, deshechos de dolor, demostrándonos que la realidad siempre supera la ficción.

Lo que acaba de ocurrir en Haití es una tragedia sin parangón en la historia que a mí me ha tocado vivir. Y, como a tantos otros, me duele muchísimo. Y sin embargo, heme aquí, tan tranquila: haciendo mi vida, escribiendo mi tesis, leyendo mis libros. 

También es cierto que no podemos enfrascarnos en estas cavilaciones. También es cierto que no podemos atrincherarnos en el miedo que paraliza y que no permite avanzar.

Pero lo siento profundamente. Lo siento. No pretendo aportarles nada con este post. Ni siquiera sé si tiene sentido. Tampoco insinúo que deban identificarse conmigo o que deban empatizar con lo que aquí escribo. Pero esto, escribir, es lo único que sé hacer para darle un poco de sosiego al corazón.

Tengo frío.

01.15.10

Hábitos nocturnos

Publicado en Uncategorized a 11:04 PM por wenperla

El día traza, segundo a segundo, la trayectoria que hemos de recorrer. De tan sencillo, pareciera cuestión de intuición.

Cuando el sol asoma por la ventana, aparentemente, es momento de despertar. De llenarte de aire los pulmones y salir a la calle, a “conquistar” el mundo, a completar las tareas previamente iniciadas. Así, lo indicado es aprovechar la luz del sol que nunca dura lo suficiente.

A la luz del día todo se torna cálido, cercano, asequible. A la luz del día caminamos por las calles con relativa tranquilidad. A la luz del día es posible distinguir colores, leer advertencias, encontrar puertas abiertas. La luz del día se perfila como el mejor telón de fondo para concretar lo que los sueños nos prometen.

Bah.

Nada odio más que madrugar. Aborrezco la alarma del despertador. Siempre pongo tres o cuatro alarmas, de las cuales a veces no escucho ninguna. Por lo general, peor aún, se infiltran en mis sueños como horrenda música de fondo que irrumpe en la comodidad de mis devaneos oníricos.

Para mí, la buena vida es despertar hasta que uno quiera y quedarse dormido de madrugada, con una buena novela entre las manos, a la luz de la lamparita del buró.

Durante el día soy una máquina. En la noche soy libre.

En la noche me inspiro. En la noche leo. En la noche escribo. En la noche me tiro bocarriba y miro al techo, fantaseo. Es en la noche cuando lo busco al lado mío, cuando me hace falta, cuando me alegro de estar sola. Es en la noche cuando me invaden las ganas de buscarme, de explorarme, de hacerme llegar.  Es en la noche cuando sueño despierta, cuando me miro de frente sin necesidad del espejo, cuando lloro, cuando río. Es en la noche cuando me siento llena de energía, sedienta de emociones.

Es en la noche cuando cobra vida lo siniestro, lo macabro, lo innombrable. Es en la noche cuando asaltan las pesadillas, dejándonos desnudos, esquizofrénicos, paralizados. Es en la noche cuando somos vulnerables, cuando pueden clavarnos una estaca en lo más hondo del corazón. Es en la noche cuando nos envuelven nuestros miedos entre las mantas, cuando nos cubrimos con los recuerdos que duelen, con los vacíos que jamás podremos llenar.

Y a pesar de todo es entonces, cuando la vida descansa cobijada bajo el manto de la luna, que le hallo sentido a mi vida y comprendo que vale la pena despertar al día siguiente.

Yo no vivo mis días. Yo… yo vivo mis noches.

01.14.10

Luto por Haití

Publicado en Uncategorized a 11:22 AM por wenperla

Desde aquel capítulo siniestro, he cambiado. Bastante, creo yo. Me parece que fue entonces cuando comprendí que a medida que leemos los periódicos, que viajamos, que nos acercamos a la catástrofe, sufrimos menos por las tristezas personales. Estamos obligados a ello. Aunque siguen rodando las lágrimas ante el desolador espectáculo de la tragedia, nos volvemos cínicos. Ya nada nos parece suficiente. Los dolores propios, increíble pero cierto, comienzan a opacarse ante los recuerdos colectivos que permanecen al rojo vivo en la memoria. Y hoy, al despertar, lo he corroborado.

Un Puerto Príncipe devastado (cito aquí a Maruja Torres, quien atinadamente declara que el adjetivo “devastado” está devaluado). El país más pobre de América Latina ha sido una vez más azotado con las fuerzas impías de la naturaleza. En cada esquina, apilados, yacen los cadáveres de quienes no reunieron las fuerzas suficientes para liberarse de entre los escombros.

“Una morgue al aire libre”, eso he escuchado. Con base en las palabras de un chicho haitiano desesperado, un encabezado de El País reza “No hay comida, no hay teléfono, no hay agua, no hay nada”. Un país ha perdido de golpe sus escuelas, sus hoteles, sus sedes gubernamentales, su catedral. Una catedral que se ha derrumbado ante los ojos de los fieles a quienes su dios no ha querido escuchar. Un país olvidado que hoy, una vez más, se sume en la más tremebunda de las oscuridades.

La gente deambula pidiendo ayuda. Esquivando cadáveres a su paso, los sobrevivientes de la tragedia deambulan sin rumbo fijo. “Tienen miedo de entrar en sus casas”. Están aterrorizados. La serenidad sólo logran conciliarla aquellos que ya lo han perdido todo y que siguen perdidos en sus propias cavilaciones. Los demás, los que sólo perdieron su casa, los que sólo perdieron uno de sus hijos, los que sólo perdieron una pierna o un brazo, suplican al mundo por un poco de ayuda. “Agua”, “pan”, “medicina”. No piden más.

La propia ONU ha recibido un revés sin precedentes. Es ésta la peor tragedia desde el atentado contra su sede en Bagdad: hasta este momento, 11 de la mañana en España, 16 muertos y 56 heridos.

No hay cifras certeras todavía. Algunos hablan de miles de decesos. Otros hablan de cientos de miles. Estamos, queridos lectores, ante un asalto inusitado. Ante un golpe bajo que ha dejado al descubierto, una vez más, la vulnerabilidad de los países que, desde las tinieblas, se ven obligados a reconstruir su historia una y otra vez.

No nos queda más que vivir. La muerte está siempre acechando. La muerte está al doblar cualquiera de las esquinas de la ruta que trazamos sobre el pavimento. Los desastres naturales siempre están ahí para recordarnos que no somos nada, que somos vulnerables, que la vida sigue su curso. No importa de qué estemos hechos. No importa que los suizos inviertan millones de francos en darle mantenimiento a sus refugios atómicos en caso de una guerra nuclear. Ante espectáculos como éste, queda en el aire la sensación de que en cualquier momento la Desgracia posa su mirada sobre nosotros y nada ni nadie podrá entonces detenerla. Vivamos entonces, dejemos de llorar por nimiedades, antes de que nos toque.

Yo sé que desde aquí mis palabras no sirven de nada. Escribo porque es la única forma que conozco para decir que lamento profundamente lo que ha ocurrido en Haití. Cínica y dura como lo soy (o como lo quiero ser), no he podido contener las lágrimas. Ante las imágenes y las palabras, se me ha estrujado hasta el infinito el corazón.

01.11.10

Literature from the “Axis of Evil”

Publicado en Uncategorized a 12:37 AM por wenperla

Cuando pensamos en la presidencia de George W. Bush, lo único que nos viene a la mente es la palabra “atrocidades”. La que yo más recuerdo es la renombrada “guerra contra el terrorismo” que a todas luces podemos traducir como genocidio. Impelido por quién sabe qué fuerzas (satánicas, sin duda), Bush se dio a la tarea de “liberar” al Medio Oriente de sus regímenes opresores. Desmanteló dictaduras, sumió regiones enteras en la más profunda de las oscuridades, capturó villanos sin cabeza y resquebrajó el orden mundial.

El ataque a las Torres Gemelas de aquel lejano 2001 dejó al descubierto nuestra vulnerabilidad y, sobre todo, nuestra ignorancia. Ignorancia de los atacantes, obliterando las vidas que destruyeron so pretexto de debilitar un país por medio de uno de sus símbolos, e ignorancia de los atacados, quienes se entregaron con todo a la tarea de vengar esas muertes desplegando un ejército que esparciera un suplicio agonizante y eterno.

¿Cómo luchar contra el terrorismo si no podemos siquiera ganarle la batalla a la ignorancia? Ella, quien siempre se perfila como el más sanguinario de los enemigos, dejando a su paso devastación y oscuridad. “Ignorancia” es un eufemismo de guerra. Y guerra es sinónimo de fracaso.

El 29 de enero de 2002, George Bush habló por vez primera del “Axis of evil”. Con esta expresión condenó a aquellos gobiernos que promovían el terrorismo y la proliferación de armas de destrucción masiva. Bajo esta sombrilla se cobijaron entonces países de las más variopintas naturalezas, haciéndolas parecer un todo homogéneo sin prestar atención ni a las particularidades de cada nación ni a la individualidad de sus habitantes. Cuando se acuñara el término, tres naciones fueron abiertamente señaladas: Irán, Iraq y Corea del Norte. Otros varios países han tenido apariciones intermitentes. A saber: Siria, Libia, Sudán y Cuba.

Los periódicos nos ofrecen día a día recuentos de las historias que hemos venido escuchando desde hace ya varios años. Sabemos de las prohibiciones del islam y del comunismo en Cuba. Sabemos que los iraquíes siguen muriendo y que en el nombre de un dios polifacético siguen inmolándose los más ortodoxos. Sabemos que de izquierda a derecha el capitalismo se expande y sabemos de aquellas lejanas regiones de Oriente donde se ha levantado una cortina de hierro que no sólo impide el paso sino que ataca en contrasentido. Sabemos de la dinámica de este mundo que a través de los diarios se nos antoja cruda, a veces intolerable, cruel y absurda.

Sólo la literatura puede ofrecernos otro diálogo. Sólo por medio de la ficción es que podemos acercarnos a la realidad de aquellos a quienes otro sol calienta y de cuya cotidianidad sólo sabemos lo que nos ofrecen los periódicos.
Words Without Borders llega de nueva cuenta para sorprendernos. Publicado en 2006, Literature from the “Axis of Evil” es uno de los esfuerzos más bellos y mejor cristalizados que he tenido jamás entre mis manos.

Estados Unidos siempre se ha jactado de ser el non plus ultra en materia de libertad de expresión. Allá, presume la banda, de todo puede hablarse y la esfera pública permea todos los rincones de la vida ciudadana. Pues la realidad es que allá en Estados Unidos, icono de la modernidad y del progreso, un editor encuentra muchísimas trabas para publicar escritores iraquíes o norcoreanos. Hasta hace muy poco, la OFAC (Office of Foreign Assets Control) debía autorizar la publicación de los textos de escritores provenientes del “eje del mal”. Sin permiso, chin chin.

He aquí una cita de la (afortunadísima) nota del editor:

Literature, at its best, should allow us to see the individual rather than the general; to participate in some intimate way in other lives rather than melding them into shapeless abstractions. How many Americans —even the most bookish— have ever read the work of a contemporary writer living in Iran, Iraq or North Korea? Newspapers give us accounts of tyrannical and corrupt leaders, and brave dissidents under trial —the heroes and villains of the story— yet rarely do we have any contact with the more subtle hopes and ambitions of unique individuals, the oddballs and misfits as well as the “ordinary citizens”.

Esta antología es una pieza bellísima que, a caballo entre la prosa y la poesía, disipa la niebla y nos ayuda a dar un paso más hacia el entendimiento y la tolerancia. Estos textos toman uno de dos caminos: aquel que se ciñe a las políticas gubernamentales y obliga al escritor a desenvolverse dentro de los márgenes establecidos por el régimen (y donde entre líneas puede leerse otra historia), o bien aquel que desde el exilio se da a la tarea de hacer un recuento de los recuerdos, de los miedos, de la nostalgia. Estos textos, todos, son hermosos por lo que representan. Son ellos quienes nos permiten dialogar con la historia, con el mundo entero, con una realidad que de otro modo seguiría resultándonos lejana, ajena.

Nada más triste que mirar con indiferencia cómo se agrieta el mundo ante nosotros. El diálogo es lo único que, de ser posible, podrá salvarnos. El intercambio literario es el más sano de todos. La literatura, lo sabemos, puede cambiar el curso de la historia con más fuerza de la que cualquiera se atreve a imaginar.

Para cerrar, esta estrofa de Baghdad My Beloved de Salah Al-Hamdani:

Baghdad, my beloved,

you did not stand shivering in the doorway of the ruined days,

a whole civilization geared to killing

has robbed you of your innocence.

Baghdad, you who never submitted to Saddam, the brute

you have no reason to groan

at the simple revelation of that iron fist

those who busy themselves about your agonizing body,

those “liberators”, become his henchmen.

… Wow.

12.17.09

Más allá del horizonte

Publicado en Uncategorized a 4:51 PM por wenperla

Creo que me vale una introducción antes de abordar de lleno la cuestión. He pensado escribir una tesis sobre la publicación de autores no europeos en España (y lo que se publica en España, lo sabemos, se replica en Latinoamérica). Todavía no sé qué enfoque darle. A ver: todavía no sé ni de dónde vengo ni hacia dónde voy, así que dejemos de lado tanta duda existencial.

En clase, la profesora (quien a la vez es mi tutora de tesis, quien a la vez es un avión) nos ha pedido que asistamos a una conferencia este viernes, donde una autora africana viene a platicarnos sobre su experiencia de publicar en Europa. Para ser exactos, en Alemania. ¿Su nombre? Amma Darko.

La obra de esta autora es poco conocida en el medio castellano. Sólo una de sus novelas, Más allá del horizonte, ha sido vertida al idioma de Cervantes. Y es esa novela la que tengo entre mis manos y sobre la que pretendo comentar.

Desconozco las razones que llevaron a nuestra escritora a dejar su Ghana natal para instalarse, tampoco sé por cuánto tiempo, en la Alemania “prometida” (ya veremos por qué las comillas). La novela está escrita en primera persona, lo que invita al lector (al menos a mí) a leer, más que una historia ficticia, una anécdota de viva voz. Es gravísimo aventurarnos a aseverar tal cosa. A mí siempre me ha costado muchísimo trabajo identificar el umbral donde acaba la experiencia propia del autor y comienza el mundo imaginario de aquel (o aquella) en cuyas espaldas recae el rol protagónico de la historia.

Ni siquiera he comenzado a contarles un poco de la trama y ya me lleno de rabia y de impotencia. A la par que escribo esto, siento cómo un agente extraño, un filtro acuoso, se instala entre mis ojos y el mundo que me rodea. Me doy cuenta de lo limitada que está mi visión del mundo por haber nacido del lado occidental del mundo, por tener la piel blanca y los ojos azules. No me quejo, tampoco me regodeo en ello. Lo único que digo es que la vida también depende del color de ojos con que se mire.

Mara (qué bello nombre) es muy joven. No sé si en algún momento nos dice cuántos años tiene, pero uno siente que es joven. Su corta edad no es justificación para su ingenuidad, para su credulidad, para su incapacidad de rebelión. Quizás lo sea, más bien, el mundo en el que ha vivido. La educación que recibió de sus padres y la forma en la que la gente se desenvuelve en esa aldea africana con tan pocos habitantes.

La obligan a casarse siendo muy joven. A cambio de una cuantiosa dote (tela, joyas, vacas y cabras) su padre la entrega a su verdugo, a su dios, a un Satanás que responde al nombre de Akobi. Akobi es poco menos que una rata de alcantarilla. Pero no sorprende: a decir por las descripciones provistas por nuestra protagonista, todos los hombres de aquella aldea son ratas de alcantarilla. Luego entonces, Akobi debe ser de las más podrida de todas.

Entrar en detalles sobre la intimidad de la joven pareja no nos llevaría aquí a ningún lado. A Mara, Akobi la pisotea sin el menor escrúpulo, despiadadamente, atrozmente. Ella ni siquiera resiste porque, para ella (¡Dios mío!), no hay nada que resistir. “A un hombre hay que procurarlo y hay que gustarle”, es todo lo que ella sabe sobre el amor. Los golpes, la sangre, los abortos, la indiferencia, la crueldad… éstas son las cartas que desfilan en esta lotería. Como (y se me hace un nudo en la garganta) en muchas otras.

Ella nunca se revela. Vive presa del pánico, del terror. ¿A qué le tiene pánico? No creo que a los golpes. Tampoco creo que al abandono. Así de fácil: el miedo es para ella la condición natural de la existencia. Así como nosotros nos levantamos de buenas o de malas, ella despierta (si es que logra conciliar, en el metro cuadrado de cemento que le ha sido asignado, algunas horas de sueño) con miedo. Y a medida que avanza uno por las líneas que describen la trayectoria de su vida, las náuseas y la impotencia van apoderándose del lector. (Hay en este punto algo sorprendente: dos hijos que se mantienen en un plano meramente marginal. Dos hijos de los que no sabemos ni el nombre, ni el sexo: sólo el color.)

Europa se erige en el horizonte como la tierra prometida. El lugar donde la gente es rica, donde hay coches lujosos, donde uno no trabaja tanto, donde “hasta los negros son blancos”. Akobi persuade a su familia de vender absolutamente todo de modo que pueda pagar un pasaporte, un boleto de avión y un “acompañante” de esos que hacen “más grata” la entrada en un país todopoderoso donde no eres bienvenido pero a cuyas autoridades aún es posible driblar.

Desde Alemania, Akobi se las ingenia para trasladar a Mara a Alemania. Ésta, ingenua, tonta, se ilusiona con la idea. Cree que es por “amor” (aun cuando no sabe a ciencia cierta qué es eso). Las vicisitudes del viaje, aunque someramente descritas, son suficiente para darnos una idea de aquellos tejes y manejes. Un par de meses después de haber llegado (y de haberse topado con que “su esposo” tiene una esposa alemana “tan fea que su única alternativa era casarse con un inmigrante negro”), Mara se expresa de este modo:

He aprendido a dominar el maquillaje, así que nunca voy sin una capa de barra de labios roja. Y además me han penetrado los miembros rígidos de muchos hombres, con quienes he cabalgado en viajes de lujuria y placer por las puertas traseras del cielo, para luego devolverles a la Tierra exhaustos [...] Me he entregado a mi oficio, convirtiéndome en una prostituta hasta la médula. No hay vuelta atrás. Soy puta hasta tal punto que ya no sé lo que es vivir de modo diferente.

La historia, a decir verdad, tiene una deficiencia muy grave. ¿A qué me refiero? A la forma en la que evoluciona nuestra protagonista. La Mara de esta historia nunca fue a la escuela. Su ingenuindad la justificamos (un poco a la fuerza) enmarcada en su contexto, en su historia de vida. Hay conceptos muy básicos que desconoce por completo. No sabe, por ejemplo, qué es una computadora o qué es un semáforo. ¿Cómo es posible que esta Mara pueda comunicarse con la “esposa” de su “marido” en inglés (independientemente de cuán precario pueda ser)? ¿Cómo es posible??? Me pareció inadmisible.

A veces parece que la historia se desarrolla a marchas forzadas. De una línea a otra nuestra protagonista pasa del primer embarazo al segundo alumbramiento. Así también pasó de ser la “hermana” ilegal del que en realidad es su esposo para convertirse en la ”esposa” de un alemán homosexual que a cambio de una cuantiosa suma ha accedido a ”casarse” con ella.

¿Y qué hay detrás de todo esto? Mierda. Duele muchísimo acercarse a la realidad de los inmigrantes. ¿Cómo es posible que haya quien tenga que concebir la vida de este modo? Pocas cosas pueden ser tan tristes, tan duras, como la no-pertenencia. Como la alienación permanente. Aquellos africanos que viajan a Europa en busca del paraíso no sólo son discriminados por los blancos. Se discriminan entre ellos. Se someten al modus operandi de los blancos y se resignan. Esto no dista mucho de lo que pasa con los latinos en Estados Unidos. Ésta es la dolorosísima realidad de aquel que se ve forzado a dejar su país para buscar una mejor calidad de vida.

El racismo y la xenofobia son veneno. Veneno que nos mata lentamente. Y parece que se va a acabar el mundo, como dijo Nostradamus, y nunca entenderemos que todos somos iguales y que mientras sigamos categorizándonos en planos dicotómicos, nunca tocarán a nuestra puerta ni la paz ni el entendimiento.

12.03.09

El sueño de un hombre ridículo

Publicado en Uncategorized a 1:49 AM por wenperla

Es que el título me encantó: “El sueño de un hombre ridículo”. Se antoja muchísimo. (Aunque, en realidad, el cuento de Dostoievski que quería leer era “El idiota”, pero nunca lo encontré.)

Y es que lo ridículo siempre es bienvenido, aunque juguemos a que no nos gusta, a que lo despreciamos, a que hacemos todo cuanto en nuestras manos está para alejarnos de ello. Si no existiera la idea de lo ridículo tampoco existiría la aburrida noción de lo “prudente”, de lo “adecuado”. Y aunque la banda se empeña en ceñirse a esto último, la verdad es que si de algo nos reímos en esta vida es de lo ridículo, de lo improvisado, de la espontaneidad. Válgame esta apología al ridículo como introducción a este humilde post.

Nuestro personaje es un Bartleby cualquiera. Bueno, quizás éste tiene un poco más encanto que aquél. Su antipatía y su indiferencia son justificadas: la verdad es que, francamente, a la vida no le encuentra mucho sentido. Nada lo hace feliz. El fin último de su vida es la muerte, rebautizada como la única alternativa para sobrellevar este duro transitar por un mundo que no satisface sus requerimientos. 

¿Y cuál es, entonces, el paso a seguir? El suicidio, evidentemente. Ha decidido que terminará con su vida por la vía más segura y sin ninguna escala: un par de plomazos.  Y mientras se encamina hacia su casa con los objetivos bien claros, una pequeña lo aborda en la calle suplicante, pidiéndole ayuda. Y nuestro amigo se la quita de encima como los demás alejaríamos un mosquito: con un manotazo. Repudiar a un niño: la peor de las vilezas, la ruindad más contundente.

Llega a su casa y se prepara. Pistola en mano, es presa de sus propias cavilaciones. Antes de que pueda acometer su tarea es sorprendido por Morfeo, quien lo toma entre sus brazos sin poder oponer resistencia alguna.

Y quien nos cuenta esta historia en primera persona es este mismo hombre, pero al despertar. Éste quien en sus sueños logró perpetrar el suicidio. Inmóvil y ciego, conservó la conciencia y el tacto. Sumido en esta inmovilidad, es consciente de su autopsia, de su entierro, de su propia descomposición. La muerte ha resultado ser mucho menos interesante de lo que pensó: en realidad, le parece bastante incómodo estar muerto en esas condiciones.

Y entonces es rescatado de ultratumba por una mano desconocida, oscura, innombrable. Es hasta entonces cuando el miedo corroe sus venas y le paraliza todos los rincones de su cuerpo inerte. De repente, la luz. El Paraíso. No un paraíso cualquiera, no. El Paraíso de Adán y Eva, el Paraíso sin la previa consumación del pecado original. El Paraíso perpetuado hasta el infinito, donde no tiene cabida ni la más remota de las perversiones. El túnel de la muerte ha conducido a este inconforme pasajero ahí donde nada se sabe y donde, por lo tanto, todo es amor.

Y nuestro personaje aprende a amar. Y, en efecto, recobra las ganas de vivir. Así que abre los ojos, despierta del sueño,  y se da cuenta de que está vivo. Si todos los suicidas tuvieran esta oportunidad de replantearse su muerte, la tasa de suicidios descendería drásticamente. Sin duda.

Y si la historia se detuviera aquí no tendría ningún chiste haberla contado. Dostoievski no es de los que quedan satisfechos con el lugar común.

Nuestro soñador ridículo confiesa entonces que, antes de reincorporarse a la vida, pervirtió a las criaturas que con tanto amor lo acogieron en el Paraíso. Les enseñó a mentir, a envidiar, a discriminar. Diseminó entre ellos la lujuria, los celos, la inseguridad, la gula, la ambición y la traición. Lo que este Adán y esta Eva se evitaron sin morder la manzana, este soñador ridículo vino a escupírselos de frente, sin ningún escrúpulo, con toda naturalidad.

Y he ahí la razón de que este texto nos remita a la maravillosa Historia del mundo en diez capítulos y medio de Julian Barnes. Y he ahí que nuestro suicida devenga en ridículo, al convertirse en un predicador cualquiera de la fe: el típico prometedor de felicidades monótonas e inasequibles.

Pero qué buen texto, cómo no.

11.28.09

¿Cuándo fracasa el ser humano?

Publicado en Uncategorized a 4:44 PM por wenperla

Cuando no es feliz, ¿no?

Cuando declara la guerra.

Cuando miente.

Cuando no sabe amar.

11.25.09

“El islam le da sentido a mi vida”

Publicado en Uncategorized a 11:03 PM por wenperla

Abdullah es mi compañero en el máster. Es de Yemen, tiene 26 años, es casado y tiene dos hijos. Ah, claro: es musulmán.

***

— Abdullah, ¿cómo conociste a tu esposa?

— La conocí el día que fui a pedir su mano.

— ¿Y entonces? ¿Cómo la elegiste?

— Mi madre la eligió para mí.

— ¡¿Cómo?! ¿Tú no la viste antes?

— No, pero no era necesario. Mi madre me platicó cómo era y me pareció buena mujer.

— ¿Y todos se casan así?

— Todos.

— ¿Y si te gusta alguien que ves por la calle?

— No ves a nadie. Todas se cubren, de los pies a la cabeza.

— ¡¿Todas?! Se cubren… ¿¡todo!?

— Todo.

— ¿Y qué pasa si no te gusta la mujer que ha escogido tu madre? ¿Si no te gusta una vez que la ves sin el velo?

— Eso no pasa. Te tiene que gustar. Va a ser tu esposa, la madre de tus hijos.

— ¿Y no hay un periodo como de “noviazgo”, donde antes de casarse se conocen, se besan?

— Ni siquiera la puedes tocar.

— ¿Ni un besito?

— Nada de nada.

— ¿Y luego? Ya me los imagino en la noche de bodas… ¡como tigres enjaulados!

— Oh sí, por supuesto.

***

— Oye… ¿esto quiere decir que tú no sabes lo que es “enamorarse”? O sea… bueno… ¿sabes?, cuando conoces a alguien, sientes algo y…

— Sé lo que quieres decir. Bueno… no, los musulmanes no nos enamoramos. Pero no hace falta: amas a tu esposa. La amas muchísimo. 

***

— Pero… bueno… la mujer en el islam es un poco…

— Los medios de comunicación hacen con el islam lo mismo que hacen con los países en vías de desarrollo y con los inmigrantes: sólo hablan de lo malo. Lo cambian todo, lo tergiversan, lo impregnan de sensacionalismo, y la gente se lo cree.

— ¿Por ejemplo?

— La gente cree que las mujeres musulmanas son maltratadas y sobajadas. ¡Qué mentira más grande! Las mujeres son lo más importante para nosotros. Nuestra prioridad, lo dicta el Corán, son las mujeres. A veces las mujeres occidentales me dan un poco de lástima.

— ¿Lástima?

— Sí, un poco. ¿Sabes por qué? Creen que lo pueden todo porque visten como quieren y hacen lo que quieren, porque son independientes. ¿Esto les da igualdad frente a los hombres? Quizás, pero he visto a muchísimas mujeres aquí llorar por un hombre. Aquí los hombres son infieles, son machos, mucho más de lo que podemos serlo nosotros. Aquí muchas mujeres crían solas a sus hijos, son madres solteras. Eso es tristísimo. Aquí las mujeres se matan de hambre para gustar a los hombres, se maquillan, se gastan todo su dinero en ropa. ¿Para qué? Para que algún hombre las escoja y no se queden solas. Eso es horrible. En mi país, un hombre ama y respeta a una mujer hasta el final. La infidelidad no existe. Nosotros nos casamos vírgenes, igual que las mujeres. Sería injusto si sólo fueran ellas quienes tuvieran que serlo, ¿no crees? Para nosotros no existe el “te estás poniendo gorda” o “ya no te vistes como antes”. No. Uno ama incondicionalmente, así lo dicta el Corán, a quien ha esposado para toda la vida.

—Pero… puedes tener muchas esposas, ¿no?

— Ja, todo mundo lo pregunta. Eso reflejan las películas. En teoría, sí. Puedes tener más de una esposa siempre y cuando las mantengas a todas y, más importante aún, si tienes una buena razón.

— ¿Una “buena razón”?

— Sí. Por ejemplo, la infertilidad. Si tu esposa no puede darte hijos ella misma te ayudará a encontrar una segunda esposa. Pero sin dejarla a ella, sería injusto. Aunque de cualquier modo casi todo mundo tiene una sola esposa. ¡Tener más es demasiado caro!

***

(Abdullah desaparece de repente, a lo largo del día. Va a rezar en dirección a La Meca.)

— ¿Rezas todos los días?

— ¡Claro! ¡Cinco veces al día!

— ¿Cuánto te tardas?

— De 2 a 5 minutos.

— Ah, ¡es rápido!

— Sí… ¡además es súper sano!

— ¿”Sano”?

— Claro. Mira. Hay que ponerte en varias posturas mientras rezas. Haciéndolas 5 veces al día te ejercitas y nunca padeces dolores de espalda ni de articulaciones.

— Sí que te gusta, ¿eh?

— Wen: yo no podría vivir sin el islam. Le da sentido a mi vida. La llena. Ser musulmán tiene muchísimas implicaciones. No sólo se trata de ir a la iglesia como lo hacen los católicos, no. Qué chiste, ¿no? Vas a la iglesia y se acabó. No. Acá todo tiene que ver con el islam. Y te llena de paz. Y te llena de amor.

— ¿Qué piensas del judaísmo, del cristianismo?

— Los respeto. Creo también en Jesús y en Moisés. Aparecen en el Corán.

— ¿Qué más dice el Corán?

— ¡Muchas cosas! Por ejemplo: la madre es lo más importante para nosotros. Para nosotros es inconcebible lo que hacen aquí, ¡aquí a los padres los mandan a un asilo o los dejan solos una vez que los hijos hacen su vida! Nosotros cuidamos a nuestros padres hasta el último día, con muchísimo amor, con devoción, ¡cómo vamos a dejarlos si sólo nos han dado amor!

— No conozco ningún católico que se exprese con tanto entusiasmo sobre su religión, ¿sabes?

— Voy a comprarte un Coran en español y te lo voy a regalar, ¿va?

— ¡Órale!

— Pero lo lees y me dices qué te parece, ¿ok?

— ¡Por supuesto! ¿Yo me puedo convertir al islam?

— De hecho… ¡deberías!

***

Abdullah es de las personas más bellas que he conocido en mi vida. Es súper respetuoso y abierto. Es un ser humano cálido y sincero. Sabe reír, sabe escuchar: sabe darse al mundo.

El entendimiento entre los seres humanos debiera comenzar en los medios de comunicación, donde la historia real pierde terreno ante la aparente necesidad de limitarse a satisfacer el morbo del televidente o del lector.

11.17.09

Glosario de alto rango pa’ profesos del bilingüismo

Publicado en Uncategorized a 9:51 AM por wenperla

Con dos de estas que se avienten frente a la banda circunspecta, bajita la mano y con toda naturalidad, se ganarán el respeto y la admiración generales.

(El grado de estupefacción de la audiencia está directamente relacionado con la cantidad de asteriscos.)

***fulcrum: fulcro (punto de apoyo de la palanca)

***(to) buttress: respaldar, apoyar

***conundrum: acertijo, adivinanza

*cobweb: telaraña

**jostle: empujar

***crux: quid (razón esencial o punto más importante de una cosa)

*proxy: representante, apoderado

***(to) abut: colindar

**(to) intersperse: intercalar

***adroitly: ágilmente

*appraise: valorar

***elide: elidir (frustrar o debilitar una cosa)

*insulation: aislamiento

*(to) outlay: desembolsar

*leverage: influencia

*(to) embed: arraigarse

No desaprovechen esta oportunidad: ¡apréndanse tres y dejen a la banda boquiabierta!

11.15.09

Palabras sin fronteras

Publicado en Uncategorized a 6:13 PM por wenperla

words without borders

Siempre he tenido la impresión de que, en general, los norteamericanos y los ingleses no se esfuerzan por aprender otras lenguas dada la primacía del inglés en el mundo. No los culpo: no importa dónde estés, la realidad es que basta con masticar el inglés para salir adelante de cualquier aprieto trasnacional.

Hoy día, 50% de los textos que se traducen alrededor del mundo provienen del inglés, mientras que sólo 3% de la producción literaria se traduce al inglés. Yo también me pregunto: si los anglófonos son lectores tan voraces, ¿por qué son tan cerrados? En Francia y en España, por ejemplo, más de 30% de lo que la banda lee proviene de voces extranjeras cuidadosamente traducidas al francés y al español.

Y en ésas andaba cuando me topé con algo maravilloso. Y vengo aquí a contárselos porque las cosas que valen la pena, si no se comparten, no sirven de nada: Words Without Borders. Nos hallamos ante una manifestación extraordinaria de amor al arte en la más amplia de las acepciones. He aquí una precaria traducción de lo que WWB es:

[Conscientes de la escasez de piezas literarias traducidas al inglés,] Words Without Borders (WWB) abre las puertas al intercambio internacional a través de la traducción, la publicación y la promoción de los mejores textos del mundo. WWB publica, por un lado, prosa y poesía selectas en la web y, por otro, antologías impresas; asimismo, organiza eventos especiales que conectan a los autores extranjeros con el público en general y los medios de comunicación, desarrolla materiales para los profesores de preparatoria de modo que puedan utilizar literatura extranjera en las clases y, finalmente, construye un centro bibliográfico online sin parangón para la escritura mundial contemporánea.

Lo que Words Without Borders pretende es increíble: erradicar la percepción de la literatura internacional como un fenómeno de élite y estático y concienciar al público en general de la función de la literatura extranjera como lo que es: una ventana de infinitas posibilidades a través de la cual se puede conocer el mundo. ¡Literatura para incultos cultivables!

Navegar por el sitio es una experiencia increíble. Si bien el diseño de la página es bastante precario, los contenidos valen oro. Los editores recopilan textos de todo el mundo y hacen una labor de selección muy ardua de modo que los textos que se traduzcan sean de la más elevada calidad literaria. Encontramos en sus archivos textos provenientes de las más variopintas naturalezas, tanto en lo que a nacionalidades como en lo que a temáticas respecta. Imagínense leer un cuento turco sobre la locura o una novela sueca sobre los sueños. La brujería en Polonia descrita por la pluma de un inmigrante o el amor en los ojos del Islam . En fin: aquí por temas, autores y talento no paramos.

El sitio es una chulada y desde aquí, simbólicamente, le doy gracias a aquellos que hacen posible que los incultos podamos acercarnos a textos que de otro modo hubieran quedado totalmente fuera de nuestro alcance. Habrá que hacerlo en México también, cómo no. A ver cómo, cuándo y con qué ojos (divino tuerto).

Mientras tanto, amantes de las letras, aprovechen este sitio y todo su fantástico contenido. Es, sin duda, de los mejores hallazgos de mi vida.

11.13.09

“¡El horror! ¡El horror!”

Publicado en Uncategorized a 7:15 PM por wenperla

 el corazón de las tinieblas

La idea, cómo no, es extraordinaria. La narración, en primera persona, de aquel que en los albores del siglo XX se introduce en el corazón del Congo para rescatar al magnate del marfil de su muerte. Una muerte inducida, a saber.

Una “obra maestra” según la crítica. El texto que encumbró a Conrad como “uno de los máximos exponentes de la literatura de todos los tiempos”. “La mejor de sus obras”, dicen.

Un título espectacular. Elementos circundantes: la locura, la depravación, la conquista, la hechicería, la barbarie. Conceptos clave para convertir cualquier historia en un manantial de infinitas posibilidades narrativas, en una aventura alucinante, en una gran novela sin parangón. En El corazón de las tinieblas.

¿Y bien?

Un texto lento. Si acaso bien escrito, pero más aburrido que el informe presidencial.

Muchos querrán lincharme, queridos lectores, pero para mí este texto se resume en las palabras de su propio personaje: “¡[Un] horror! ¡[Un] horror!”

11.02.09

Amores en fuga

Publicado en Uncategorized a 7:24 AM por wenperla

amores en fuga

A mí El lector me cambió la vida. En esas páginas aprendí que por la literatura no sólo se vive sino que también se muere. De su autor me encantaron su sencillez y su conocimiento profundo de los escenarios a los que alude. No podía parar de leerlo, necesitaba saber qué iba a pasar, qué vendría después. Como tantos otros libros, el final me sorprendió con un par de lágrimas cuesta abajo en mis mejillas.

Ya sabrán a estas alturas que no tengo remedio y que ni bien tuve frente mío otro de sus libros lo tuve que comprar. Bastaron dos trayectos en tren para devorar este nuevo volumen que, de nueva cuenta, me ha conmovido profundamente. Aquí, por el contrario, Schlink no me ha sorprendido con vueltas de tuerca inesperadas. No. En esta ocasión el autor se valió de siete relatos para desmitificar el amor, para desenmascararlo, para ponerlo en su lugar.

Siete historias de amor a menudo protagonizadas por más de tres. Incontables perfiles sicológicos extraordinariamente bien expuestos de entre los cuales con más de uno podemos identificarnos. Relaciones nuevas; relaciones en la incubadora y en terapia intensiva; relaciones desgastadas, podridas, viciadas. Relaciones imposibles y relaciones inexistentes. Culpa, negación, sumisión, costumbre, hartazgo, lujuria, descaro, onanismo. Historias plagadas de realidad donde la constante es siempre nuestra incapacidad para abrazar nuestra soledad y librarnos de la omnisciente quimera del amor.

La idea del amor nos trastorna. En esa obsesión nuestra por encontrar el amor siempre acabamos perdiéndonos a nosotros mismos. 

Las relaciones descritas por Schlink son totalmente distintas entre sí y a la vez iguales a todas las que conozco en mi vida. Yo creo en el cinismo de las amantes que un buen día deciden tomarse un café y averiguar con quién es mejor aquél en la cama. Creo en el arrepentimiento profundo de quien nunca se dio tiempo para atender las cosas verdaderamente importantes y que sólo se percata de ello al final de la cuesta de la vida. Creo también en la inseguridad del que sabe que no lo dio todo y que es incapaz de ver en la dirección correcta para recobrar la confianza en sí mismo. Creo en las distancias gracias a las cuales los puentes pueden construirse y también soy consciente de que sin buenos cimientos cualquier puente se viene abajo. Creo en la farsa, en la resignación, en la tristeza. Creo en la supeditación del alma a la voluntad del sexo. Creo en la fuerza de las palabras y en las heridas que nunca cicatrizan.

Descreo de las idealizaciones, de las expectativas, de los parámetros. Descreo de los roles, de las premisas, de los planes. Creo en la espontaneidad, en el hastío, en un corazón hecho pedazos. Creo que la única forma de mantener viva una relación es destronando al amor y colocando en su lugar la libertad, la honestidad y la congruencia.

Creo, quizás, que la idea de la garantía es la que se lleva todo entre las patas. Creo que cuando queremos asirnos al compromiso y a la exclusividad perdemos de vista los verdaderos motores de la vida: la pasión y la libertad. Ya no creo en los acuerdos. (Y Schlink tampoco.)

10.29.09

Yo también me voy de shopping

Publicado en Uncategorized a 4:11 AM por wenperla

Pululaba por la Gran Vía y se me ocurrió comprar un diccionario de inglés avanzado. “El inglés que sé no me alcanza ni para el epígrafe”. Ingresé en la Fnac, bello almacén de libros, discos e informática…

Y luego… no sé ni cómo… ahora tengo dos libros nuevos:

DSCN0860

Y es que… ¿cómo diablos me resisto con esta portada? ¿Con esta historia? ¿Con esta fajilla?

DSCN0861

Y luego… ¿Schlink?!?!?!?!?! Después de arrodillarme, tenía que comprarlo.

***

No tengo remedio. (Ni dinero, ni diccionario.)

Página siguiente